Ya en la calle el nº 1034

Un plan de paisaje urbano

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FRANCISCO SANDOVAL
En los últimos años se ha reforzado el interés colectivo por mantener un mínimo de calidad en nuestros espacios públicos, en acondicionar los edificios más representativos y en renovar aquello de la ciudad que parecía obsoleto. Pasados los años en los que las urbes crecían a ritmo imparable y sin orden bien establecido, nos hemos parado a reflexionar más detenidamente a dónde van nuestras ciudades y a analizar qué modelo de desarrollo queremos para que éstas sean más cómodas, más habitables y más agradables. En definitiva, para sean las ciudades del siglo XXI.


FRANCISCO SANDOVAL
En los últimos años se ha reforzado el interés colectivo por mantener un mínimo de calidad en nuestros espacios públicos, en acondicionar los edificios más representativos y en renovar aquello de la ciudad que parecía obsoleto. Pasados los años en los que las urbes crecían a ritmo imparable y sin orden bien establecido, nos hemos parado a reflexionar más detenidamente a dónde van nuestras ciudades y a analizar qué modelo de desarrollo queremos para que éstas sean más cómodas, más habitables y más agradables. En definitiva, para sean las ciudades del siglo XXI.
El término modernidad acuña hoy día en una de sus acepciones la puesta en valor del patrimonio. De esta forma, se han ido desarrollando planes de reforma de los cascos antiguos de Murcia, Cartagena, Lorca… y recientemente también el PERIP de Caravaca. Sin embargo, se sitúan ahora a la Paisajes urbanosvanguardia proyectos aún más ambiciosos, aquellos que pretenden acondicionar no solo el corazón y origen de reconocido valor de la urbe, sino todo el entorno que le es propio. Al fin y al cabo, la vida de sus habitantes no se circunscribe a unos límites urbanos, abarca periferias y espacios vinculados.
Hoy más que nunca contemplamos el paisaje, lo observamos y hacemos partícipes de él a muchas más personas a través de las redes sociales. Una buena imagen, un entorno cuidado y visualmente atractivo, es hoy primordial para catalogar de una forma u otra un lugar. Pero se trata también de dar soluciones a los problemas más variados que presenta el entorno: necesidad de infraestructuras, marginación de espacios, etc. Por ello es una labor conjunta de arquitectos, ingenieros, geógrafos y técnicos medioambientales el llevar a cabo un plan integral que recoja los preceptos de todas las actuaciones posibles en el territorio más inmediato a la vida urbana. Se trata de un “catálogo de soluciones” que evite que cada problema que presente la ciudad se aborde por individual y sin relación con el colectivo, que cada solución no sea un parche y huya de los pastiches. El objetivo es conseguir una ciudad más coherente y más cómoda.
De esta forma, en Lorca surgió una interesante iniciativa hace unos meses con la elaboración del Plan de Calidad del Paisaje Urbano. Siguiendo antecedentes como el homónimo plan de Madrid e incorporando nuevas líneas de actuación, ha surtido un elaborado trabajo que trata por vez primera el paisaje en todas sus vertientes, incorporando la idea de que la configuración del territorio es parte intrínseca de la vida del ciudadano. Tal y como sus autores lo definen, “el estudio del paisaje urbano es en definitiva el estudio de la ciudad en sí”. De esta forma, una rambla, por ejemplo, no se entiende solo como un límite urbano que se pueda acondicionar, ¿y si fuese un eje vertebrador de dos puntos, una solución viable a los condicionantes geográficos o un mirador vinculado al paisaje?
Anticuadas han quedado las actuaciones elaboradas solo tras la puerta de un despacho. Hoy en día se deben tener en cuenta todas las voces de aquellos que conforman la ciudad. El diseño de nuevos emplazamientos y, en general, cualquier actuación sobre el espacio público conlleva un análisis y reflexión surgidos a través de encuestas a la población, de que cada ciudadano aporte su granito de arena. Y así, los proyectos nacen de concursos en los que se da cabida a la pluralidad de ideas, dejando atrás los antiguos procedimientos de gran rigidez, aquellos que elaboraba el arquitecto del Reino o el técnico del Régimen.
Todos estos preceptos son los que recoge un Plan de Paisaje Urbano, en definitiva un compendio de opiniones, de ideas, de actuaciones por abordar en un entorno que aúna a una población con una identidad común, una población que al alzar la mirada al perfil de la ciudad consiga reconocer en él una imagen bella, cuidada, armoniosa.

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