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El sureste

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

LOS 400 GOLPES

David López Sandoval/www.lautopsia.wordpress.com

Hay algo peor que haber nacido en España: ser del sureste. Si eres del sureste, ya sabes que estás condenado a que te miren con desconfianza, pero no porque piensen que les vas a hacer algo malo, sino porque sospechen que eres un espejismo. Murcia y Almería (y parte de Albacete también) componen esa dudosa terra incognita que separa Sierra Nevada de la playa del Postiguet. En el sureste no hay parajes que singularicen su geografía ni monumentos que identifiquen sus ciudades; el Mar Menor, como todo el mundo sabe, no existe, y la Alcazaba de Almería o la Catedral de Murcia no son ni la Alhambra ni la Catedral de León. Lo único identificable del sureste es que sus aborígenes abren exageradamente las vocales y votan a partidos de derechas. En resumen, si el sureste es un no-lugar que nadie es capaz de situar en el mapa, tú, suresteño, no eres prácticamente nada.

El sureste
Ilustración del semanario El Be Negre. 17-01-1933

Sin embargo, en contra de lo que piensa la mayoría, los del sureste han sido gente importante para España, tanto que, sin ellos, la historia habría transcurrido de otra forma. Lorquinas son las que friegan los suelos de las mansiones catalanas que lucirán el esplendor del Modernismo. Murcianas las que cambian los pañales a los primogénitos con ocho apellidos vascos que sacarán al país del atraso económico. Cartageneros son los trabajadores que horadan Barcelona para que sus ciudadanos disfruten del metro. Almerienses los que hacen que la industria florezca en Hospitalet o San Feliu. El sureste ha nutrido el despegue económico, y sus emigrantes las sombras de las fortunas forjadas a su costa.

El sureste es el segundo plano de la foto de la historia, el figurante que ha dado veracidad a la película. Puede parecer que no tiene nada que lo caracterice, pero es precisamente ese estar en el cuarto de servicio, en la cola del economato o en las cocinas de la mesocracia su hecho diferencial más genuino. Los pueblos no se distinguen por su lengua, ni por su religión, ni por sus bailes regionales. El auténtico hecho diferencial es la pobreza. Esto es algo que siempre hemos sabido y que ahora el nacionalismo, siempre tan burgués y tan clasista, intenta que olvidemos.

Por ello, aquí no hay más nación que la del sureste. La única con legitimidad para pedir un referéndum de autodeterminación y largarse de un país que sigue ignorando que existe.

 

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