Ya en la calle el nº 1039

«Entre la línea narrativa de Chejov y la de Poe, Francisco Martínez ha escogido claramente la segunda»

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

PASCUAL GARCÍA

Sorprenden, sin duda, muy agradablemente estos cuentos que Francisco Martínez ha ido salpicando de reflexiones, apuntes y otros textos y a los que les ha añadido un colofón a modo de álbum fotográfico, que titula, “Veinte imágenes y mil palabras”.

Sorprenden por su calidad, en primera instancia, por su espléndida factura literaria, que se adscribe a un estilo sobrio, correcto y apenas ostensible, como si la literatura en este tomo no fuera lo esencial, sino ese terrible proyectil que almacenan todas y cada una de las historias y que nos estalla casi siempre en la última página y en el último párrafo.
Entre la línea narrativa de Chejov y la de Poe, los dos grandes cuentistas del siglo XIX, de los que procede toda la narrativa breve posterior, , , la que resuelve toda su munición en esa finta final de las últimas palabras hasta las que hemos llegado en buena parte embebidos en una trama que preconizaba un término diferente y que, de pronto, nos deja como huérfanos, anonadados y, muchas veces, con una media sonrisa de estupor.
Eso solo lo consigue un buen narrador, el que se ocupa de meternos el miedo en el cuerpo, de sembrar las dudas y el desasosiego y de no permitir que nos distraigamos en minucias durante todo el relato, porque solo él nos conducirá por el camino correcto, aunque nosotros nos empeñemos en tomar un atajo. Reconozco que de todas las narraciones, la que da nombre al libro es, desde luego, mi preferida: “Era la hora azul, ese momento indeterminado y cambiante en el que la luz del día no es completa y la oscuridad tampoco es absoluta, esa hora en la que el cielo va cambiando su color del azul intenso al negro, una hora mágica, un instante eterno y fugaz.”
El mundo de la fotografía, el espacio ambiguo entre la realidad y la ficción, el constante juego cervantino de la apariencia y de la realidad otorgan a estos cuentos una calidad incuestionable y, lo que todavía es mejor, proporcionan al lector unas horas de ficción de las que saldrá, no me cabe la menor duda, con los ojos todavía llenos de literatura, de ilusión y de asombro.
Tras la publicación en 2013 del libro “Relatos ínfimos”, que en su día celebré como una estupenda primeara colección de cuentos, esta última obra confirma con claridad la trayectoria de un escritor que se halla en plena madurez y con ganas de continuar en la brecha.
Ojalá persista en el empeño y volvamos a tener la ocasión de leer otro libro suyo. ¡Enhorabuena!
EDITORIAL: PASIONPORLOSLIBROS

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