Ya en la calle el nº 1044

El taller de escritura creativa de Caravaca publica, y agota existencias, de “Una vida y otros relatos”

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

En el taller de escritura de Caravaca se reúnen una vez a la semana, los jueves, en la biblioteca municipal. “Llevamos funcionando varios años, más que ningún taller está durando, pero ha ido cambiando alguna persona”, comenta entre risas la coordinadora del grupo Antonia Martínez Guirao. Nos cuenta que la mayoría de las mujeres que han participado en el libro, “Una vida y otros relatos”, llevan asistiendo al taller unos seis u ocho años, aunque algunas tan solo dos o tres.

Suelen comenzar las sesiones con algunas notas de gramática o vocabulario. El grupo achaca a Antonia su costumbre de buscar palabras raras para luego ponerlas en común y utilizarlas en la escritura. Comparten lo que escriben y entre ellas lo valoran y lo puntúan.

Antonia asegura que para algunas la progresión de la calidad de su escritura ha sido notable. “Se nota que la gente va progresando”, apunta. Por ejemplo, Antonia López y Loli Nevado, ambas alumnas del taller, han obtenido el primer y segundo premio respectivamente del III Concurso de Microrrelato de Bullas en honor a las personas mayores.

El único requisito para participar en el taller es que no sean más de diez los alumnos, para que haya tiempo suficiente para comentar los textos. “Normalmente siempre hay alguien que espera y otros se ponen enfermos, o las madres, o los maridos, y no pueden venir”, afirma. Llama la atención que todas las asistentes sean mujeres, aunque otros años ha participado también algún hombre. Pero ha sido la excepción.

La idea de realizar un libro surgió de casualidad, como una forma de contar entre todas una historia: cada alumna un capítulo hasta formar un relato colectivo: “Una vida”. El lector tendrá que averiguar qué capítulo corresponde a cada participante. A este cuento le acompañan otros más cortos, estos sí firmados por sus autoras.

“El libro fue un día que dije: “ahora vamos a ver si podemos hacer un libro”. Algunas empezaron que no, pero enseguida comenzamos a repartir faenas, y les gustó”, recuerda Antonia. “​​Son muy buena gente y se dejan llevar por mí, que soy una vieja protestona”, bromea Antonia.

Para todas, la presentación supuso una gran experiencia, para la que contaron con la participación del flautista Marcial Picó que amenizó la noche con su música, y cada una leyó un minuto solo de su capítulo para que no se extendiera el acto. Para redondear el día, agotaron todos los ejemplares que salieron a la venta.

Una recaudación destinada íntegra a la Fundación Española para la Lucha contra la Leucemia.

Para el año próximo barajan escribir otro libro de cuentos en común, aunque no tienen claro que lo vayan a publicar. “Es que cuesta mucho dinero y éste nos lo regaló el Ayuntamiento”.

Antonia agradeció en público la implicación del responsable de la biblioteca, Juan Antonio Martínez Piqueras.

Sefi Martínez, una de las escritoras, ha realizado también las ilustraciones del libro, idea surgió en el propio taller.

Josefa, escritora del primer capítulo, rememora: “cuando entré al taller estaba pasando un mal momento y fue mi resurgir, tengo mucho que agradecerle a las compañeras y a Antonia”. Amparo Cholvi lleva en el taller desde que se encontraba en El Cejo, es una de las pioneras: “éramos compañeras y ahora somos amigas”.

Carmen Ruiz, que comenzó ayudando a Antonia a organizar los grupos, afirma que cada vez lee y escribe más; y como todas las entrevistadas reitera la importancia de la cita de los jueves, “hay una convivencia, todas nos llevamos muy bien, con mucho respeto y escucha”, comenta sonriente.

Una de las componentes comenta con alegría el día de la presentación del libro “lo que más me llamó la atención fue mi profe Antonia, que estaba muy contenta, porque después de los avatares que aquí llevamos, de verla tan contenta, cuando llegué a mi casa, creía que me habían dado el Premio Nobel”, confiesa, y despierta las risas del resto.

Una asistente quiere dejar constancia del trabajo de Antonia, “Fue la que más se preocupó, la que más batalló, porque nosotras solo escribimos que es lo que nos gusta”.

“Fue una época en la que no tenía trabajo, vine a la biblioteca y Piqueras me lo comentó, entré un día muerta de vergüenza y de miedo y aquí sigo”, comenta una participante. Mientras que otra insiste: “lo más satisfactorio es la parte humana, la piña que hemos hecho, lo bien que nos llevamos. Porque, aunque tengo que cuidar a mi madre con 100 años, me escapo siempre que puedo”, explica emocionada otra alumna.

La reunión de cada jueves se ha convertido para ellas en un oasis de la rutina donde comparten textos y la afición por la escritura. Como concluye entre risas otra componente: “deberíamos escribir otro libro que se llame “El club de los jueves “”.

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