Ya en la calle el nº 1034

«El cementerio es un lugar amigable»

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ANTONIO F. JIMÉNEZ
En un día de sol el cementerio resulta menos romántico pero más apacible; en un día de sol se puede pasear zigzagueando por las callejas durante horas, «como unas más del pueblo». En cambio, bajo un día de lluvia, o de viento, o de nieve es más complicado dar el paseo. Pero no es así para todos; al menos no para José Luis García Caballero (Bullas, 1974).
A él le gusta venir siempre, bajo cualquier circu«El cementerio es un lugar amigable»ás encantador con un tiempo nuboso, ceniciento. «Me acuerdo de un día cuando nevó en marzo y me vine para acá y se notaba que yo era el primero en pisar la nieve en un ambiente silencioso y frío», rememora.
García Caballero acaba de publicar Bullas. Leyenda y misterio II del que hablamos mientras subimos y bajamos por las cuestas del cementerio parroquial de Bullas, donde más tranquilo se encuentra el autor porque «es un lugar que por su fisionomía, por su paz y por ser el reposo de los bulleros, es amigable».
En el verano de 2011, cuando José Luis remataba el libro de los apodos de Bullas, descubrió unos temas relacionados con otros cementerios de la villa en los que aparecieron unos cráneos atravesados con clavos de sien a sien. Esto no se sabe si era por algún ritual antiguo o para asegurarse de que el muerto no reviviera en la tumba. No sé si por cementerio por el que paseamos existirá alguna de esas leyendas que describen magulladuras en el techo de los ataúdes de aquellos que se despertaban una vez enterrados. «Eso son cosas muy macabras ―opina el autor―. A mí no me gusta lo truculento porque todos tenemos familiares».
En aquel verano de 2011―y es exactamente en esa fecha porque García Caballero afirma que tiene memoria fotográfica: «me sé hasta los números de las casas de Bullas» ― el autor pensó que si seguía investigando un poco más podría salirle una segunda parte de Bullas. Leyenda y misterio (2006). «Aquel fue un libro que me encantó hacer porque supuso una toma de contacto con temas que han estado ahí pero que nunca se habían puesto por escrito, como los mitos del Castellar, las formas de predecir el tiempo, etc.». En esta segunda obra hay hallazgos arqueológicos, amuletos mágicos, casas encantadas, gente que predice la muerte a su alrededor…
El pasado 30 de octubre de 2015, nueve años después de publicarse la primera parte, José Luis G. C. presentó la segunda en la Casa de la Cultura de Bullas, su pueblo, al que le ha entregado toda su dedicación, toda su escritura. «Pero que conste que yo no soy escritor. Me limito a divulgar cosas de Bullas que me interesan a mí y que creo que pueden interesar a la gente. Soy un enamorado de mi pueblo, de su cultura. Ni con aceite hirviendo me iría de aquí. Me siento bien con mi gente, con sus fiestas, con su realidad», expresa.
Ya está trajinando nuevas posibilidades de libros. «Tengo previsto hacer la segunda parte de los apodos de Bullas: los jóvenes, los que se me quedaron en el tintero y los de La Copa». En cuanto a la tercera parte de Bullas. Leyenda y misterio, José Luis G.C. reconoce que se podría hacer un solo libro únicamente de casas encantadas, o de las personas que poseen la «gracia macabra» de predecir la muerte ajena. «Pero si tu casa está encantada, o ves a los muertos, tú no quieres que se sepa. Así que sería imposible», comenta. A la pregunta de si no pasa miedo cuando escribe sobre estas historias paranormales, el autor bullero responde: «En absoluto. De hecho, uno de los momentos más inspiradores para escribir es viendo Cuarto Milenio».

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