Francisco Fernández García(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Pedro Barrera, matador de toros que alcanzó notable fama y prestigio en la década de los cuarenta del pasado siglo. Una buena ocasión para recordar la trayectoria profesional de este ilustre caravaqueño y reconocer su verdadera dimensión como torero, pues durante su carrera estuvo siempre en los primeros puestos del escalafón taurino, llegando a estar considerado como «la tercera muleta de la torería». Cuando le preguntaban sobre esto, contestaba que la primera era Domingo Ortega.

Pepe Bienvenida da la alternativa a Pedro Barrera en la Plaza de Valencia

Pepe Bienvenida da la alternativa a Pedro Barrera en la Plaza de Valencia

Pedro Barrera Elbal nació en Caravaca, en la calle Torrentera, el 24 de junio de 1912. Su primer contacto con el mundo de los toros tuvo lugar en 1926, cuando su padre lo llevó a ver la corrida de inauguración de la Plaza de Toros de su ciudad natal; el espectáculo no le llamó mucho la atención, aunque aprendió una cosa que la larga iba a resultar fundamental en su forma de torear. «lo único que aprendí aquella tarde fue que para ser torero había que arrimarse». Las ganas de ser torero le llegaron algún tiempo más tarde, en la vecina población de Moratalla, a donde fue andando con sus amigos a correr las vacas en los tradicionales encierros, formando tal revuelo con los lances que propinó a la res que al día siguiente no se hablaba de otra cosa en Caravaca. A partir de estos momentos se dedicó a ir a todas las fiestas y ferias donde había encierros y también a acompañar a su amigo el novillero aficionado Negro de Levante en los festejos que toreaba en poblaciones cercanas. Fue precisamente en uno de ellos cuando decidió intentar dedicarse profesionalmente a los toros: «en una de ellas, también con una vaca buena moza, me permitió que intentara lancearla. Abrirme de capa, arrancarse la res y lanzarme por el aire fue todo uno. Pero en lugar de caer en la cara, caí por el rabo. Tuve la sensación de que el bicho aquel no podía hacerme nada, y volví a él. Entonces, lo toreé con suerte, me aplaudió el público y me fui creciendo a cada lance. Me pareció que siempre me iban a respetar los toros, y decidí seguir con ellos». Su manera de torear no pasó inadvertida entre sus vecinos, llamando la atención del financiero y gran aficionado taurino Pedro Antonio Moreno, que decidió apoyarlo econonómicamente convirtiéndose en su primer apoderado, facilitándole el aprendizaje de la técnica elemental en capeas de pueblo, lo que le permitirá comenzar a actuar profesionalmente: «maté una vaca de unos ciento cincuenta kilos en una capea de un pueblo. Me dieron las dos orejas y el rabo. Yo era aún casi un chiquillo, y tuve durante una temporada que luchar con la oposición de mi familia. Hubo buenos amigos que creyeron en mi porvenir como torero, y entre ellos, mi padrino taurino, al que guardaré eterno reconocimiento. Y, poco a poco, fui realizando mi ascensión profesional». Cuentan que en esta época se lanzó al ruedo como espontáneo en un novillo que su paisano y amigo Julián Medina lidiaba en la Plaza de Caravaca.

La primera vez que vemos a Pedro Barrera anunciado en un cartel es como sobresaliente en la novillada que con motivo de las Fiestas de la Cruz se celebró el 4 de mayo de 1932 en Caravaca y ya como novillero en el festejo que tuvo lugar, también en la plaza de su ciudad natal, el 21 de agosto de ese año, compartiendo paseíllo con el Niño del Barrio. Se lidiaron reses de López Chicheri de Nerpio, y Pedro Barrera estuvo, según la prensa de la época, «bien y superior». Este año intervino en otros 5 festejos, algunos de ellos constituyendo la parte seria del espectáculo de Llapisera, Los Calderones, alcanzando su mayor éxito en la novillada de feria de Caravaca donde salió «a hombros de sus admiradores», tras cortar las orejas a los novillos de Ruiz Dayestén.

En 1933 participó en 15 festejos (12 novilladas, 1 festival y 2 actuaciones en espectáculos cómico-musicales), la mayoría en plazas de la región, aunque también actuó en poblaciones de Almería y Jaén. Poco a poco su nombre comenzó a ser conocido gracias a su valor y torería, contándose por éxitos todas sus actuaciones. La temporada de 1934 pretende ser la su confirmación, comenzándola en la Plaza de Cartagena el 4 de marzo compartiendo cartel con el local Ramón Montes lidiando ganado de Letona «muy bueno y bravo». Tras dos meses de parón, vuelve a vestirse de luces el 13 de mayo en la Plaza de Toros de Orán, donde obtuvo un gran éxito, cortando las orejas y el rabo y saliendo en hombros. Esta temporada sumará 23 festejos, destacando los triunfos obtenidos en Caravaca, donde participó en los dos festejos organizados por la empresa AS durante el verano explotando la cordial rivalidad existente entre los novilleros locales Julián Medina y Pedro Barrera, Albacete donde también actuó dos tardes cortando en ambas orejas y rabos, Cehegín, Blanca, Mula, etc.

El 5 de agosto toreó en Zaragoza, obteniendo tal triunfo que fue contratado para actuar otras dos tardes mas una tercera en la vecina población de Zuera. Poco a poco fue extendiendo su radio de actuación, haciendo el paseíllo en diversos cosos de poblaciones de Cuenca, Albacete y Alicante. En Ciudad Real se presentó el 30 de septiembre compartiendo cartel con Agustín Díaz Michelín, dejando nota de su clase. «estuvo bien con la capa y superior con la muleta. Mató colosalmente y cortó  orejas y dio la vuelta al ruedo». A pesar de haberlo intentado durante toda la temporada no consiguió presentarse en el coso de La Condomina de la capital murciana, donde existía una cierta oposición al novillero caravaqueño.

1935 lo comenzó marchándose a Argentina a torear 9 novilladas «a la manera portuguesa» que de manera excepcional iban a celebrarse en Mar del Plata, participando en estos festejos Rayito II, Alé, Cásico y Torerito de Málaga. Embarcó en Cádiz el 19 de enero y regresó el 14 de abril, teniendo lugar la primera de las novilladas el 10 de febrero, inaugurándose ese día una nueva Plaza de Toros con capacidad para 8.000 personas, y la última el 25 de marzo. A su regreso toreó en Linares, Puente Génave, La Roda y Caravaca; el 16 de junio se presentó con gran éxito en Granada y el 23, por fin, logra hacerlo en Murcia, siendo este también su primer festejo con picadores. Aunque tuvo una aceptable actuación «recibió constantes ovaciones. Estuvo admirable en su segundo y dio la vuelta al ruedo», no consiguió el éxito que buscaba y que sus compañeros esa tarde (Niño del Barrio y Rafaelillo) si lograron, por lo que permaneció largo tiempo apartado de los carteles murcianos. Esta temporada toreó también en Zaragoza, Granada, Aguilas, donde inauguró su Plaza de Toros, Burgo de Osma, Villarobledo, Guadix, etc. hasta un total de 18 festejos, sin contar el periplo argentino. En Caravaca se presentó con picadores el 6 de octubre en un festejo mixto compartiendo cartel con los matadores de toros Niño de la Palma y Cagancho. Esta fue su última corrida esa temporada, para la siguiente se fijó el objetivo de presentarse en Madrid, para ello cambió de apoderando, pasando a serlo Maera de Tarancón. Tras prepararse seriamente en tentaderos salmantinos comenzó la temporada de 1936 en Caravaca, anunciándose asimismo su debut en Barcelona, pero este finalmente no llegó a concretarse. Lo que si fue por buen camino fueron las negociaciones para presentarse en Madrid, consiguiendo primero dos contratos para actuar en la Plaza de Tetuán de las Victorias, donde obtuvo sendos éxitos cortando las orejas de sus enemigos, y finalmente presentarse en la Plaza de Las Ventas el 12 de julio con reses de Esteban González  formando terna con José Neila y Torerito de Triana, en una corrida que ha pasado a la historia por ser la última que se celebró en la capital de España antes del estallido de la Guerra Civil.

La guerra obstaculizó la emergente trayectoria del diestro caravaqueño, ya que el número de espectáculos taurinos disminuyó extraordinariamente en la zona republicana, donde él se hallaba. A pesar de ello consiguió intervenir en algunos festejos benéficos en Caravaca, Albacete, donde fue cogido, Murcia y Cehegín.

Tras dos años de parón, el último festejo en que participó fue una corrida a beneficio del Socorro Rojo Internacional celebrada en Murcia el 13 de junio de 1937, y tras ser liberado del campo de prisioneros donde había sido internado por haber servido en las filas del ejército republicano, Pedro Barrera regresa a Caravaca dispuesto a retomar su carrera taurina; consciente de la dificultad del reto teniendo casi que empezar de nuevo.

El primer festejo en el que participó fue en Cartagena el 4 de junio de 1939, a pesar de la flojedad del ganado dejó bien patente que todavía tenía las cualidades que le habían hecho abrirse camino en el pasado: «tiene condiciones para triunfar, lo demostró con la muleta en el último de la tarde que hizo unas faenas de pases de todas las marcas, que le daba sensación de un torero bien, con el capote toreó con soltura, hizo la demostración de que era un torero enterado y de no perder el sitio que tiene, esta misma temporada será una figura en la novillería». Su buen hacer esta tarde hizo que fuera contratado para torear en Orihuela el día 18 una novillada a beneficio de la suscripción nacional para el ejército español en la que obtuvo un triunfo total con orejas, rabo y salida en hombros siendo paseado por las calles de la ciudad. Es ahora (y no en 1936 como decía por error en la 1ª parte) cuando consciente de la necesidad de otro apoderado con mayor experiencia en el mundo empresarial, de común acuerdo con don Pedro Antonio Moreno, encargaron esta labor a Manuel Rubio Maera de Tarancón. Esta temporada consigue torear 14 novilladas, presentándose en Barcelona, en la Plaza de las Arenas, el 6 de agosto; en la Maestranza de Sevilla el 15 de agosto y actuando con éxito dos tardes en la Monumental de Las Ventas. También son dignas de mención sus actuaciones en Alicante, Albacete y Caravaca: «Al quinto de la tarde le hizo una faena memorable. Mató de un pinchazo y estocada y cortó las orejas y el rabo», terminando la temporada en Valencia el 29 de octubre.

La temporada de 1940 fue la de su consagración en las principales plazas de España, especialmente en la de Madrid, donde cuajó tres buenas actuaciones: «Armó el 30 de junio tal escandalera en Madrid, con corte de apéndice auricular y todo, que la plaza se puso boca abajo. Volvió el 7 de julio, siendo cogido, aunque sin más lesiones que un puntazo y ligera conmoción cerebral, en su primer enemigo. Le repiten el 25 de julio, le embistió a modo un novillo, y volvió a cortar no ya una oreja, sino las dos, cosa excepcional en Madrid». Este año intervino en 29 novilladas, ocupando el segundo puesto en el escalafón de novilleros; hizo una magnífica temporada triunfando la mayoría de las tardes, aunque la concluyó de manera un tanto accidentada ya que sufrió el 7 de octubre en Caravaca un puntazo de 4 ctms. y un esguince en el pie, y el 12 de octubre en Córdoba una grave cornada de 20 ctms. en la ingle izquierda, por lo que tuvo que dar por concluida la temporada dejando varios compromisos firmados.

Su gran objetivo para 1942 es tomar la alternativa; comenzó la temporada toreando tres novilladas en Barcelona, la última un mano a mano con Martín Vázquez en el que cortó una oreja. El 23 de marzo se presentó en Bilbao, obteniendo un gran triunfo con orejas, rabo y vuelta al ruedo, el 6 de abril toreó por primera vez en Portugal, concretamente en la Plaza de Lisboa, y el 12 de julio en Pamplona; esta temporada, hasta la alternativa, participó en 23 novilladas.

Tomó la alternativa el 25 de julio de 1941 en Valencia con toros de D. José María Galache siendo su padrino Pepe Bienvenida y Manolete el testigo. El toro de su doctorado se llamaba Diano y era cárdeno oscuro, Barrera «derrochó el valor e hizo galas de ese coraje tan peculiar en este muchacho y que tantas simpatías le suman. Pinchó varias veces para una estocada final, que le valió muchos aplausos». El 9 de octubre de ese mismo año confirmó la alternativa en Madrid con Marcial Lalanda de padrino y Pepe Bienvenida y Manolete los testigos al ser una corrida de ocho toros. El de la confirmación era también cárdeno, aunque su nombre era Risueño y pertenecía al hierro de D. Antonio Pérez Tabernero. El torero caraqueño tuvo una tarde afortunada, «fue ovacionado y dio la vuelta al ruedo en el primero y en el octavo, un toro grande y bronco, estuvo bien. Como matador de toros intervino este año en 21 corridas, siendo la mas destacada la de Beneficencia celebrada en Madrid el 12 de octubre, en la que cortó una oreja y dio la vuelta al ruedo. Cuando le preguntaban por su mejor recuerdo taurino, el maestro Barrera siempre respondía que esta tarde.

1942 es el de su consagración total, haciendo el paseíllo 33 tardes. Comenzó la temporada en valencia el día de San José cortando «una oreja en una faena temeraria». Entre sus numerosos éxitos son dignos de mención los obtenidos en Alicante el 3 de mayo y el 2 de agosto, Murcia el 18 de julio, Madrid el 19 de julio, donde volvió a cortar una oreja, Málaga el 9 de agosto, Murcia el 8 de septiembre y Hellín los días 27 y 28 también de septiembre. Este año tuvo 3 graves cogidas, en febrero en un tentadero en la ganadería de Escolar, en Gijón el 15 de agosto y en Cehegín el 11 de septiembre. Se resintió de esta cogida durante su actuación en Caravaca, decidiendo finalizar la temporada.

En 1943 toreó 33 corridas y 3 festivales y aunque no mantuvo el nivel de temporadas anteriores, se mantuvo en un buen puesto y consiguió algunos éxitos importantes, destacando sus actuaciones Murcia, Barcelona, Espinho, Lisboa, Gijón y Linares. En Madrid torea el 6 de junio, volviendo a cortar una oreja. Entre las corridas de esta temporada destaca el legendario mano a mano con Manolete que tuvo lugar en la Plaza de nuestra ciudad el 6 de octubre de 1943 con toros de D. José Escobar. A lo largo de sus años como matador de toros compartió cartel en quince ocasiones con el astro cordobés.

La carrera de Pedro Barrera fue breve pero intensa, anunciando de manera inesperada su retirada el 29 de junio de 1944 tras una corrida celebrada en Castro Urdiales, cuando tan solo había toreado esa temporada 10 corridas y tenía firmadas varias mas. Posteriormente volvería a vestirse de luces en cuatro ocasiones mas, en Puertollano el 3 de mayo de 1945, el 30 de mayo de 1946 en Murcia en una corrida pro damnificados en las inundaciones, el 16 de abril de 1949 en Lorca lidiando toros de la Viuda de Molero siendo sus compañeros esa tarde Pepe y Luís Miguel Dominguín y en Espinho (Portugal) el 3 de julio de ese mismo año.

A pesar de su retirada Pedro Barrera nunca se alejó del mundo de los toros, participando en numerosos festivales benéficos, y también ayudando a jóvenes toreros e incluso como empresario ocasional. El último festival en el que intervino tuvo lugar en Calasparra el 25 de octubre de 1959, lidiando en él un novillo de los hermanos Zuazo, al que le cortó las dos orejas y el rabo.

Durante el tiempo que permaneció en activo estuvo situado en los primeros puestos del escalafón de matadores de toros, gozando de gran prestigio entre la crítica y el público gracias a su estilo y valor. De Pedro Barrera se llegó a decir que «daba las manoletinas como si las hubiera inventado él», valorándose su poderío con la muleta, llegando incluso el crítico de ABC a bautizarlo como «el torero de la emoción». Su estilo y maneras de torear impactaban extraordinariamente al público: «Sus faenas con la muleta ponían en vilo a los aficionados. Pedro emocionaba desde que iniciaba el trasteo. Hay diestros que para calentar al público necesitan dar a un toro cuarenta muletazos. Barrera solo necesitaba cuatro».

Pedro Barrera falleció en su pueblo natal el 21 de agosto de 1977 a los 65 años de edad habiéndose ganado el respeto de la afición taurina por su coraje y pundonor, dejando todo un ejemplo de torería para las nuevas generaciones.