Se apagó para siempre la voz de Georges Moustaki, pero sus canciones impedirán que podamos olvidarnos de él

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PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

No es que EL NOROESTE me haya designado como responsable de la sección de obituarios del semanario, sino, sencillamente, que el tiempo, a veces, es caprichoso y realiza sus “combinaciones” de una forma aleatoria, carente de sentido, pero real e irremediable de incontestable manera. Y es que, últimamente, nos estamos quedando sin muchas personas que, además de importantes por su fama, lo son también por su bagaje, por su aportación cultural, por su inquietud y por el poso creativo que nos dejan.

Giuseppe Mustacchi era el verdadero nombre de Georges Moustaki (03-05-1934 Alejandría-Egipto/23-05-2013 Niza-Francia), ese cantautor políglota que grabó sus canciones en varios idiomas y multiinstrumentista que llevó la poesía y la cultura a muchos lugares del mundo, también en diversas lenguas, cuyo ritmo, dulzura musical y encanto social se apagaron para siempre hace unos días.

Tocaba el acordeón, el piano y de forma emblemática la guitarra, pero, además, dominaba los registros vocales con desgarrado sentimiento, quizás, por el influjo poético y sentimental de sus profundas canciones.

 

Las clases de francés

Le conocí hace mucho tiempo con luenga y canosa barba y con ella se ha marchado a sus 79 años. Mis profesores de bachillerato se empeñaron con acierto, en el instituto, en que nos gustara este artista cuyos discos y sus canciones usaban en las clases de francés, por su pronunciación clara, rica y perfecta, para la práctica del idioma galo. Nos hicieron aprender con dedicación y por eso, quizás, nos sabemos todavía la letra de sus grabaciones como “Le Métèque”, “Ma solitude”, “Il est trop tard”, “Le facteur”, “Le temps de vivre”, “Gran Père”, “La Philosophie” y un buen número de partituras que, en su voz, lucían generosas y cómplices. Y existe una canción que conservo en los antiguos vinilos, pero que nunca lograba encontrar en sus discos, en formato CD, y que no era otra que la denominada “Marcha de Sacco y Vanzetti”, un tema musicalizado, como su nombre indica, a ritmo de marcha que llegó a convertirse en himno de preciosa concepción y magistral interpretación en la voz de Georges Moustaki.

 

Ciclo de conciertos

Pero, como cuando se tiene interés nada resulta imposible, en una de las ediciones de la SEMANA GRANDE DE CAJAMURCIA, esa relevante actividad cultural periódica que promueve e impulsa la FUNDACIÓN CAJAMURCIA, se programó un ciclo de conciertos del nativo de Alejandría que le llevaron a diversos marcos escénicos, aulas de cultura, teatros y otros recintos culturales de nuestra geografía regional, donde tuve la oportunidad de presenciar en directo su inolvidable actuación, aderezada con todas las canciones referidas, además de otras muchas. A la salida, en el mercadillo que suelen instalar los asistentes-colaboradores de estos artistas, habitualmente identificado con el término anglosajón de “merchandising”, tuve la suerte de poder encontrar y adquirir el disco anhelado, que con enorme cariño conservo para escucharlo en las más nostálgicas ocasiones, sirviéndome de bálsamo insuperable para la relajación del espíritu.

 

Admirador de la inigualable Édith Piaf

Pero ya no está entre nosotros este entusiasta de la literatura, sencillo de imagen, metódico en las composiciones y admirador de la inigualable Édith Piaf, un candidato a artista que se instaló en París en el año 1951 y no tuvo reparos en afrontar trabajos de diversa naturaleza para alcanzar, posteriormente, lo que él se había propuesto como afición indestructible y, sobre todo, como medio de vida: la música, las canciones, los discos y los recitales, que así se le llamaba entonces a lo que, hoy, se denominan conciertos. Y lo consiguió con aforos muy respetables en marcos escénicos de gran relieve mundial porque, indudablemente, era una estrella nacida y destinada para brillar con luz propia.

 

Rueda de prensa de retirada

Entre otros muchos artistas, compartió escenario con Marina Rosell, en el Palacio de la Música Catalana, de Barcelona, en el año 2007, después de haberle invitado la catalana, y aceptado él, a intervenir en su disco grabado en el año 2000, bajo el título “Y rodará el mundo”, quedando encantada por haber contado, en su trabajo, con la participación de tan rutilante estrella. Pero las colaboraciones de Georges Moustaki con otros cantautores se prodigaron, gustoso y encantado, porque, él, más que fama, buscaba los placeres de la música, sentirse útil al arte del pentagrama y deleitar al público con su trabajo. Y… ¡vaya si lo consiguió!. Con creces, con permanente garantía y con éxito indescriptible. Fue ya, en 2011, el día 13 de Octubre, exactamente, cuando convocó una rueda de prensa para comunicar a su público que las dificultades respiratorias que le aquejaban le impedían seguir ejerciendo sobre los escenarios, como protagonista, hasta el pasado día 23 de Marzo en que las esperanzas quedaron desvanecidas por completo al expirar definitivamente.

 

Ciudadano del mundo

Con él, se nos ha ido otro artista, se nos ha marchado un hombre culto, un triunfador siempre en la sombra en el que imperó el éxito pero, al mismo tiempo, la discreción sin evitar el resplandor y la gloria que merecía, la seriedad que nadie pudo discutirle, la mirada directa que en todo momento ofrecía, la indumentaria corriente, la educación constante y el afán de manifestarse ligero de equipaje para todo, menos en sus profundas e inolvidables canciones que, esas sí, nos las deja prestadas para siempre. Descanse en paz este alejandrino, francés y, desde luego, auténtico ciudadano del mundo.

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