Ya en la calle el nº 1047

Periódicos, por Pascual García

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Periódicos, por Pascual García
Periódicos, por Pascual García

Recuerdo que la primera vez que adquirí un periódico, me lo compró mi padre en el quiosco del Labiopartío, debajo de la Farola, no sé si nos encontramos por casualidad en aquel lugar un sábado de mercado o me llevó hasta allí y me pidió que eligiera un periódico cualquiera de los que había en el ventanillo para comprármelo, yo miré la muestra y me decidí por el más atractivo, por el que más drama mostraba en su primera página, El Caso, mi padre hizo una mueca de reparo, pero pagó y nos fuimos con él a mi casa, allí me engolfé libre en su lectura durante algún tiempo, por aquel entonces yo leía y releía los libros y los papeles que caían en mis manos, era un lector insaciable y voraz y, como siempre me atraía lo más oscuro del alma humana, para colmo era un adolescente con demasiada imaginación, así que aquellas historias terribles de asesinatos, violencia y violaciones me fascinaban, leí aquel ejemplar tantas veces que aún hoy recuerdo algunas historias, pero, aunque había imágenes expresas, lo que más me turbó fueron las palabras, los relatos sombríos de crímenes insólitos a los ojos de un alma pura como era la mía, estaba a punto de penetrar en la bóveda secreta de la literatura con mayúsculas, en realidad, era esto lo que yo venía buscando desde siempre, el santa sanctórum del espíritu humano, el misterio nunca revelado y que a partir de entonces busqué con verdadera ansia, como un rastreador de huellas en la selva persigue los pasos de un temible tigre, con miedo pero con pasión, con cuidado pero con muchas ganas, y así he venido haciéndolo desde entonces, inclinado casi siempre por el mal y por la oscuridad, he leído los clásicos antiguos y modernos, desde La Celestina, pasando por La Regenta y por Bécquer, he dedicado muchas horas al descubrimiento de lo nauseabundo, y a la mostración del dolor íntimo y de la insatisfacción, por eso he encontrado en los periódicos de cada día la vida tal y como es, y en aquél del principio, el primero de todos, el delirio y la fiebre de la palabra, porque la palabra poética posee su propio calor íntimo, su secreto interior y está a mano para nombrar lo que no se ve, lo que permanece oculto y debemos desvelarlo, al menos los escritores, de modo que lo que leemos en un periódico normal de la calle podemos convertirlo en un drama o en una tragedia universal, como si cada uno de los argumentos de las grandes obras escondieran una dimensión única, he mantenido con el papel impreso diario una excelente relación en los últimos cuarenta años, lo he comprado casi cada día, he escrito con gusto en sus páginas y me he sentido muy reconfortado de colaborar con diarios como La Verdad, sin contar las revistas especializadas de literatura en las que han aparecido textos míos, no hay una emoción semejante a la de abrir un periódico por la mañana y ver tu foto y tu firma junto a un artículo, sentirte responsable de esas palabras e imaginar que puedan ayudarle a alguien de algún modo.

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