Ya en la calle el nº 1047

Pepita Egea, poeta ceheginera

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Pepita Egea, poeta ceheginera
Pepita Egea, poeta ceheginera

Francisco Jesús Hidalgo García

Cronista Auxiliar de Cehegín. Archivero Municipal

Existe una literatura que casi nunca salió de las cuatro paredes de la habitación o del cajón de los recuerdos personales, hecha por mujeres. Era una literatura que escribían para sí mismas y que, en la mayoría de los casos, se ha perdido. Hoy queremos sacar a la luz la figura de una mujer olvidada, ceheginera, gran lectora, poetisa y escritora de cuento, alma sensible, que con sus bellas imágenes literarias dibujaba con la pluma su mundo en el papel a través de las letras. Hablamos de Pepita Egea.

María Josefa Egea García, nacida en Cehegín el 27 de septiembre de 1890, hija de Juan Egea y de Juana García, tuvo por nombre completo de bautismo el de María Josefa de los Santos Damiana Adolfa. Tras una niñez y adolescencia de vida soñadora, sueños que buscaba a través de los libros, siempre su gran pasión, en 1915, con veinticinco años, casó con el practicante, que poco antes había venido de Bullas a Cehegín, don Antonio Figueroa López. Su padre era escribiente y buen aficionado a la lectura de donde, presumiblemente, viene el interés de nuestra poetisa por las letras. Nació en la calle Esparteros, pero desde su infancia y hasta el momento de su matrimonio reside en una casa aledaña al Paseo de la Concepción. Tras contraer nupcias con el dicho Antonio Figueroa pasa a residir en la calle Mayor. Era hermana de Carmen Egea, conocida en los tiempos de la posguerra como “La tía de las cartas”, mujer polifacética y, en cierto sentido, adelantada a su tiempo, personaje interesante que chocaba con la realidad social del momento en aquellos años 40 y 50 del siglo XX.

El cielo y la noche

Fe es tu obra, mi Dios: que al alma pura

dulces cadenas de virtud impones,

yo admiro la grandeza de tus dones,

que esplendente se muestra más allá en la altura.

Noche obscura para el alma dolorida,

que oculta su pesar durante el día,

es una queja de mortal melancolía,

de la hez amarga que le da la vida.

Si en cambio es clara, tibia y suave

y a soñar su silencio nos convida,

grata ilusión el corazón anida,

de un dulce amor que adivina, y no sabe.

¡Qué hermoso que está el cielo con estrellas!

Limpio y diáfano lo admiro complacida;

Y en la mente se forja una forma querida

de cosas que no existen, y al pensarlas son bellas!

Pepita Egea. Cehegín, febrero de 1913

Nuestra poetisa escribe poemas y narrativa. Antes de 1915 podemos encontrar algunos poemas suyos y también cuento en periódicos locales, como Don Pío. Leer en estos tiempos de principios del siglo XX en la prensa publicaciones de tipo literario escritas por hombres es fácil, solo hay que entrar en las hemerotecas y buscar un poco, pero resulta muy complicado recuperar la producción de esas muchas mujeres, más de las que creemos, que escribían en soledad. Pepita publica en la prensa local sus poemas y escritos hasta el momento de contraer matrimonio. A partir de ese momento su faceta literaria deja de ser pública para pasar a la esfera puramente privada. No estaba bien visto, y menos en una población rural como Cehegín, que una mujer casada exhibiera públicamente sus sentimientos a través de la poesía. Siguió cultivando los versos durante toda su vida.

En sus poemas encontramos figuras relativas a la juventud, a la melancolía, al paso del tiempo, a Dios, al amor, a la luz, a la mañana, a la noche, a la naturaleza, al mundo que le tocó vivir.

Crepúsculo

LA HORA DEL CREPÚSCULO

ACRECIENTA LA NOSTALGIA

DE UN AMOR SIN ESPERANZA.

El sol que con su luz alegra el día,

desciende lentamente hacia el ocaso,

la luz se va perdiendo paso a paso,

y siento un poco de melancolía.

Todo calla, del toque de oración

es la hora sublime; y me enajena

su dulce misterio, y mi alma llena

de sentires, contempla la creación.

El tiempo impasible nos lleva detrás,

con el destino incierto de la vida,

alma que lloras, tu dolor olvida,

¡alma que lloras y tan pura estás!

Y surgen los recuerdos de añoranza,

los pensamientos vuelven a venir,

el pasado inocente me hace sonreír,

y el futuro es mi sueño de esperanza!

Pepita Egea. Cehegín, 2-5-1913

Pepita Egea, poeta ceheginera

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