Ya en la calle el nº 1034

Pasen y vean: Matícate por dentro

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ANTONIO F. JIMÉNEZ

La Compañía local inauguró el pasado domingo la Semana del Teatro previa a las Fiestas de Bullas con una obra metateatral que supuso para las actrices «un reto» sin igual en los diez años que cumplen sobre los escenarios de toda la Región.
«Falta el orinal». Las actrices de Matícate comienzan a dejarse atrapar por el nerviosismo inevitable de las horas previas a la actuación. «¿Dónde está mi peluca?» es la pregunta más reiterada. Estamos en la tarPasen y vean: Matícate por dentrode del domingo 27 de septiembre a nada de que se represente Cuatro cómicas atribuladas buscan obra (con fines serios), un texto de la autora madrileña Concha Gómez. Mientras el director Manuel de Reyes da las últimas indicaciones desde el escenario a los técnicos de luces («aquí el foco de la enamorada; aquí el de la puta; aquí la reina»), ellas―Rosa Gea, Leticia Sánchez, Elvira Álvarez, Felicidad López y Paqui Fernández― trajinan por el camerino: «¿Dónde está la cama de Luis XVI?», dice Paqui; «¿dónde están mis zapatos de la señora Doubtfire?», dice Rosa; «Chicas, no sé si la liga blanca o la roja para la puta», duda Elvira. Entra de repente el director Manuel de Reyes y pregunta por el orinal. «No me podéis hacer a mí, que no soy de Bullas, ir por las casas preguntando por un jarrillo».
Van a hacer un pequeño ensayo. Aparece Rosa Gea haciendo de una señora algo quejumbrosa por el lumbago a la que las llamadas al timbre o al teléfono no le dejan beber su tacita de café. Poco tiempo después, en la función ya con público, los gestos faciales de Rosa provocarán las primeras sonrisas de los bulleros. «A Rosa le dieron el premio a mejor actriz en un festival de Cehegín por su papel en La Herencia», cuenta Leticia Sánchez, la más joven actriz de Matícate que empezó con 14 años y ahora tiene 24.
«Matícate tiene ya una década ―en noviembre es el cumpleaños ― pero se hizo oficial en 2008 y siempre hemos trabajado con directores profesionales», explica Leticia, quien cuenta que fue Ana Cendrero, una actriz que no era de Bullas, la que vio las posibilidades poderosamente sugerentes de la palabra «matícate». Porque ellas, además, no hacen otra cosa que maticarse: echarle horas al asunto del teatro pese a sus impedimentos. «Somos un poco camicaces porque lo compaginamos con nuestra vida», dice Rosa Gea, filóloga y madre de familia. Por eso el teatro de Matícate tiene la etiqueta de amateur, pese a los años en las tablas. «Amateur no quiere decir mal teatro, sino teatro no profesional. Las de Matícate son muy buenas para lo que yo he visto por ahí», explica Manuel de Reyes.

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