Ya en la calle el nº 1047

Luces de Navidad

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

AÑOS FUGITIVOS

Pascual García ([email protected])

Durante toda mi infancia la navidad fue más bien una época de penumbra o, al menos, de luces tenues, porque coincidía con la llegada del invierno y el anochecer acudía antes, yo recuerdo aquella luz fría de los atardeceres de Moratalla y unas pocas luminarias  artificiales, en realidad, bombillas echadas sobre el pino de la Farola y algunas cintas de espumillón y poco más, pero a los muchachos nos encantaba aquel brillo elegante y misterioso y cuando paseábamos por la Calle Mayor o por la Glorieta contemplábamos embobados los adornos de la nueva temporada, años más tarde empezaron a colocar  las cortinillas con dibujos luminosos y eléctricos y todo cobró una dimensión estratosférica, como si hubiésemos entrado en el futuro tecnológico, entonces la fiesta llegaba del cielo y todos paseábamos mirando hacia arriba, orgullosos de la iluminación que habían traído los nuevos tiempos, a veces las luces se apagaban y se encendían a intervalos y a nosotros todo aquel espectáculo nos parecía mágico, tanto como lo era la navidad, alguna vez colocaron  altavoces de donde  emergían los sones entrañables de un villancico antiguo.

                       La tonalidad de las fiestas había cambiado, de la oscuridad de los primeros tiempos pasábamos a la claridad brillante de los años setenta, éramos casi adolescentes y salíamos los domingos a dar vueltas por la Glorieta, claro que hacía frío y que íbamos abrigados pero las luces de navidad ya nos acompañaban desde los primeros días, mientras que en las casas particulares reinaba la discreción porque los moratalleros han  tenido siempre un espíritu austero y no han sido muy amantes de los lujos, preferían huir de las falsas apariencias y la navidad era el tiempo de las imposturas, tal vez por esto no existían todavía algunos actos tan significativos como el encendido de las luces que  han puesto de moda ciudades como Vigo y que cada año cobran una relevancia especial al modo de las grandes urbes como Nueva York o París.

                       Este año se ha celebrado también este evento en nuestro pueblo, en concreto, ha sido el martes 5 y ya estaba en el programa de los eventos culturales, supongo que pasará a engrosar la nómina de  los actos tradicionales de estos días y yo me alegro porque ahora todo consiste en que el mundo entero nos vea más y mejor, dicen los que saben que es preciso tener una mayor visibilidad, pues eso, en salir en los papeles, en que nos echen fotos y nos consideren un pueblo diferente, y esto sin una luz adecuada es difícil conseguirlo, aunque un pueblo tan hermoso como Moratalla no parece requerir de mucha electricidad para brillar por sí mismo, la belleza posee su propio fuego interior y no siempre coincide con los brillos externos y fulgurantes, pero como yo quiero lo mejor para Moratalla, deseo que todos la vean tan guapa como es, tan misteriosa y tan mágica y para eso necesitamos que no le falten luces, ni las de los ojos ni las de la razón.

                       ¡Feliz Navidad a todos un año más!

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