Ya en la calle el nº 1039

La sombra de La Muela Topares

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

La sombra de La Muela Topares
La sombra de La Muela Topares

Hay lugares que el tiempo devora sin remedio, rincones que los años sepultan para siempre con todo lo que significaron alguna vez. Durante generaciones, La Muela fue lugar de encuentro, un magnífico sitio para recibir los generosos rayos del sol mientras se iniciaban, desde la confluencia de lo que hoy es la Avenida Primero de Mayo con la Carretera de Mula y hasta las inmediaciones del Puente Nuevo, los relajados paseos dominicales. Solo cuatro casas aisladas de huerta había en ese largo trayecto del paseo hasta el puente sobre el río Argos, y es cierto que, a lo largo de ese tramo de carretera, hoy siguen existiendo pocas casas, pero ese paseo hace años que quedó condenado, al menos en el sentido en el que los de mi generación y generaciones anteriores lo conocimos: un tráfico de automóviles incesante hace imposible un recorrido reposado y quien se aventura a caminar en ese tramo de carretera lo hace prácticamente en solitario y con el vértigo de quien cubre varios kilómetros con el propósito de dar a su cuerpo el beneficio del ejercicio y no el placer de la conversación en un paseo relajado y compartido bajo la generosidad del sol entre el abrazo de unas huertas que ya ni existen.

La sombra de La Muela Topares

Aquel espacio luminoso que disfrutábamos durante las horas solares y que conocíamos como La Muela, en las noches se convertía en la tentación de muchas parejas de jóvenes que se aventuraban hasta el lugar para buscar un rato de intimidad envueltos en la oscuridad más absoluta.

Es cierto que hoy sigue sin haber una aglomeración de casas que puedan abrumar lo que podría seguir siendo una ruta tranquila para pasear, pero hace años que demolieron el Cabezo de la Birlocha, junto a este tramo de carretera, para construir una fábrica, y que frente a las Eras de Úrsulo y junto a la vieja y aislada casa de Diego Historias levantaron un parque y un recinto ferial, y una fila de altas farolas alumbra el camino hasta casi las inmediaciones de la fábrica que ya no hace de La Muela un lugar atractivo para la intimidad de las parejas jóvenes en las noches cerradas.

En casi todos los pueblos y en casi todas las ciudades, vemos cómo se va expandiendo “el ladrillo”, y supongo que esto es inevitable, que lo que hace apenas unos pocos años era huerta es hoy un lugar irreconocible, y esos tramos del camino que invitaban a un luminoso y relajado paseo, hace tiempo que dejaron de serlo, y aquí, en este pueblo mío como en cualquier pueblo de cualquier lugar del mundo habrá siempre rincones que se tragará ese “avance” imparable del tiempo y la mano del hombre que todo lo modifica, y solo nos quedará una vieja fotografía y la memoria para recordar que en espacios muy sencillos, de los que ya solo queda una sombra, soñamos un día con ser felices con el simple ejercicio de un tranquilo paseo.

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