Ya en la calle el nº 1034

La cena de la gala

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ANTONIO F. JIMÉNEZ

Las sillas del público fueron enfundándose unas encima de otras y los camareros de La Muleta se llevaban las torres para poner mesas alargadas y que los invitados tragaran, bebieran, comentaran, hicieran negocios, contactos, criticaran sutilmente, miraran de reojo rostros ligeramente conocidos, observaran detenidamente las vestimentas, los peinados, la elegancia del gentío. Comenzaba el barullo casi como el del convite de una boda. Las de porcelana en 2017 de El Noroeste se avecinan, como recordó nuestro editor Francisco Marín en su discurso.
En la cena de la gala de los Premios del Noroeste hubo manjares finísimos y delicados donde cabe todo un pescado en forma de crema, laminado como pasta de dientes, sobre una tosta de apenas diez centímetros. Los copones de cerveza bailoteaban en las bandejas de plata, donde duraban poco al ser acogidos por manos sedientas. Desde afuera, no en el patio, sino empezando la cuesta, La Muleta se ve en la noche iluminada con esa torreta que parecía un faro en mitad del océano terrestre de La Comarca. El doctor Laborda Oñate, uno de los premiados, dijo que cuando tenga que explicar a partir de ahora de dónde es oriundo cuando se halle en los confines del mundo dirá directamente que es de La Comarca. Hubo ya un periódico dominical que dejó de ser solamente La Luz (1882-1885) para convertirse en La Luz de Caravaca (1885-1927), que se publicaba los sábados en la tarde y que no sé por qué aparece como La luz de la Comarca en el Archivo Municipal.
Da igual. La Luz de la Comarca. Qué bonito. Fue lo que yo vi al alejarme la noche del viernes cuando la torre de La Muleta me alumbraba. Luego lo hizo la cruz de Begastri desde lo alto de la Peña Rubia. Francisco Marín recordó la primera publicación que se hizo en esta zona antes de las dos que yo he nombrado: El Argos (1877), que era un semanario de literatura, ciencias, artes, noticias y anuncios. Pues 138 años después, engullen la cena ni más menos que representantes de esas secciones que fueron traspasadas a El Noroeste, que nació en otra fecha con siete. Anunciantes, empresas patrocinadoras, colaboradores, lectores. Toda la familia de la prensa, como se decía antaño, degustando el sutil jamón, mordiendo con diente fiero el elegante pepito de ternera, que de la grasilla que soltaba parecía que estuviera el pan refregado con un poquito de sobrasada; los pinchos con pollo frito, los vinos blancos y rosados. Todos los comensales pronunciando la eme con los labios cerrados. Los fumadores en el patio hablando con brazos cruzados; los protagonistas y los amigos retratándose felices en el photocall con la nueva cabecera de El Noroeste.

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