Ya en la calle el nº 1034

Jóvenes de la comarca del Noroeste, cualificados y emigrantes

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JAIME PARRA

A principios de mayo, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, polemizaron sobre el número de españoles que han emigrado durante los tres últimos años.
Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), que entiende por emigrado a quien ha sido residente habitual por un periodoJóvenes de la comarca del Noroeste, cualificados y emigrantes de al menos en un periodo de doce meses ha dejado territorio nacional, el número total sería de 525.358. Si tomamos el criterio de nacionalidad española, son 38.398 los que se han marchado fuera estos tres años (solo de 15 a 29 años); y si se amplía hasta los 35 años la cifra sube hasta 64.204.
En cualquier caso, nadie duda del problema que se plantea para un país cuyos jóvenes lo han abandonado. Así que los partidos políticos introducen en sus programas electorales medidas para su regreso. El candidato popular Pedro Antonio Sánchez se ha comprometido a facilitar el regreso de los talentos murcianos que están el extranjero y que desean volver a la Región para facilitar su inserción laboral o la puesta en marcha de su propia empresa; mientras que en boca de la número dos de la candidatura Ganar Murcia, Margarita Guerrero, ha propuesto una Oficina del Migrante para asesorar a murcianos que se marchen al extranjero y a las personas que llegan a la región. Lo cierto, sin embargo, es que a los españoles que han abandonado el país les cuesta, desde la reforma de la ley electoral de 2011, ejercer su derecho a voto. Ese año PSOE, PP y CiU introdujeron la modalidad de Voto Rogado, un procedimiento en el que los ciudadanos deben pedir a la Oficina del Censo Electoral que les envíe las papeletas, que sólo recibirán si cumplen una serie de requisitos burocráticos. «En los años anteriores a 2011 la participación en el extranjero rondaba un 20-35% y desde lJóvenes de la comarca del Noroeste, cualificados y emigrantesa reforma se ha reducido a un 5%», explica Elia Carceller, portavoz del colectivo Marea Granate. El ceheginero Antonio Luis Terrones, desde Quito (Ecuador), nos comenta Pues nada. «Solicité el voto por correo en el consulado de España en Quito, hace ya un mes y aún no me ha llegado el voto y la fecha límite se cumple ya mismito. El régimen español de PP, PSOE y Ciudadanos, no quiere que votemos, no quieren, se niegan a darnos la voz en las urnas. Así es la ejemplar «democracia» española».
En estas páginas, hemos recogido el testimonio de cuatro jóvenes de la comarca que han emigrado en busca de trabajo: Alemania, Suiza, Argentina e Inglaterra han sido los destinos escogidos. Alguno desea volver, otros no, o por lo menos no ahora.
En el semanario El Noroeste pretendemos ir recogiendo las experiencias de ciudadanos de la comarca en el extranjero en los próximos números.
El moratallero Eduardo Llorente Talavera, arquitecto técnico e ingeniero de edificación, marchó en enero a Argentina. «La grave crisis que atraviesa el país y el ver que sin experiencia laboral no encontraba ninguna empresa que quisiera darme una oportunidad fue lo que me motivó a marcharme a Argentina».
La caravaqueña Marián Fernández, gracias a programas como Erasmus, pudo realizar parte de sus estudios en el extranjero. Aunque «viajar y conocer lugares diferentes ha sido y es una de mis grandes pasiones. En España no había muchas opciones, así que meJóvenes de la comarca del Noroeste, cualificados y emigrantes animé y envié mi curriculum a varios colegios en Suiza. Cuando acabé mi formación, empecé a buscar trabajo y me informaron de que había una importante demanda de profesores en los colegios internacionales de Europa».
La tercera protagonista, Lidia Corbalán, narra su experiencia: «Me vine aquí porque terminé la carrera, hice sustituciones de verano hasta que la bolsa de verano de enfermería se paró, y encontré una oferta que estaba bastante bien y no pedían alemán. Hace dos años las condiciones eran mucho mejores para captar a la gente. Estuve viviendo en un pueblo pequeñísimo, sin nada para la gente joven, cuatro casas y residencias de ancianos, clínicas, no había ningún bar ni nada. Era la desventaja. Me quedé allí trabajando y aprendiendo un año. Entonces dimití, cogí las maletas, hice varias entrevistas en Munich y me vine aquí. Desde entonces llevo año y medio en Munich, dos y medio en el extranjero».
Eduardo, en cuanto al trabajo ve diferencias entre España y Argentina «Creo que en España existe una cultura de valorar, en muchas ocasiones, poco a la gente sin experiencia y no darles una oportunidad. Por suerte yo he encontrado otro lugar en el mundo que sí me la ha dado. Otras diferencias son el modo de vida y la forma de ser de la gente de otro país, debes adaptarte a ellas». Mientras que Marian se centra en otros aspectos: «Una de las diferencias es obviamente el clima. Los inviernos son muy fríos y nieva mucho. Otra diferencia es el carácter de la gente, que es más reservada, y no socializan tanto como lo haríamos en España. Desde el punto de vista económico, el precio de la comida o el transporte público es mucho más elevado que en España; sin embargo, el salario mínimo está adaptado a estas condiciones». Y se extiende en su día a día: «Aquí trabajo y convivo con profesores de otros países, lo que me ha permitido también conocer otras culturas diferentes. Cuando no trabajamos, salimos a tomar algo o a visitar diferentes ciudades de los alrededores. También hacemos senderismo por algunas de las muchas rutas que hay por aquí. Cuando tengo vacaciones en verano, me encanta volver a Singla a visitar a mi familia y a los amigos».
Lidia opina que en Alemania los trabajadores tienen claros más claros que en España cuáles son sus derechos y deberes. «Yo puedo decirle a mi jefa: ésta es demasiado carga para mí o no está bien planeado. Reclamas tus derechos y si lo ven factible te dan la razón. En España, la carga es enorme, si tú no lo haces otros vendrán a hacerlo en tu lugar. Aquí no se suele improvisar, todo está tan estructurado que, cuando no sale como está planeado, el estrés es muy grande porque su mentalidad no está preparada para un plan B. Nosotros diríamos: si la sala 3 está ocupada, vámonos a la 2 o la más cerca. Pero en Alemania se funciona de otra manera. Como tampoco puedes ofrecerte a ayudar una vez has terminado tus tareas, tienes que esperar a que te la pidan».Jóvenes de la comarca del Noroeste, cualificados y emigrantesLidia lleva lo que ocurre en el trabajo también a la vida cotidiana: «No es un país fácil para adaptarte, ni por la gente ni por el tiempo, pero una vez que aprendes a comportarte como ellos, sin salirte de las normas, bien, pero el problema al principio es que no las conocemos porque crecimos con ella. Aunque si todo lo haces según las reglas te va bien, en el momento en que quieras improvisar o jugar con la picardía te van a decir algo. Nunca te lo pasan por alto: te van a dar el toque de atención. Ni se te ocurra cruzar un semáforo rojo».
Considera a los ciudadanos con más derechos: «hay más ayuda para familias, las madres pueden tener hasta dos años de baja pueden llegar a tener. El trabajador está mejor pagado. Me dieron un piso en el centro de Munich, seis meses, otros pisos pueden ser indefinidos. No son grandes, como mucho de treinta metros cuadrado y un alquiler por debajo del mercado Ahora mismo vivo en uno de 60 metros cuadrados comparto con otra chica y está por encima de los 400 euros y no vivo en el centro. Un cuarto de hora centro».
A los tres les gustaría regresar, sin una necesidad especial Marián y Eduardo, más nostálgica Lidia. Para Eduardo «Yo viviré donde esté mi trabajo, pero si me hacen elegir con unas mismas condiciones de calidad de vida prefiero mi país. Es donde he nacido y tengo la mayor parte de mi familia y amistades. Siempre añoras a la gente que te quiera y aprecia». «Aunque vivir y trabajar en el extranjero me ha aportado mucho, siempre echo de menos a la familia y a los amigos. Si me ofrecieran en Caravaca o en cualquier otra ciudad española un trabajo con las mismas condiciones que tengo aquí, probablemente volvería».
Lidia: «Si encontrara el mismo trabajo que tengo sí volvería. Unos años, no sé hasta cuándo en Alemania, pero en España se vive mejor. La echo de menos, es una lucha contigo mismo siempre, no sé si el resto de españoles en el extranjero lo tendrán igual, pero con todos los españoles que hablo en Alemania ocurre: de luchar contigo mismo, vamos tirando, porque no tenemos nada que ver con ellos. Ya estoy mentalizada, me he adaptado… pero aunque ahora viene lo bueno, siempre es con gente de España. Una vez al mes en Munich se hace una fiesta española, es una fiesta importante, nos juntamos con música española, el otro día Paquito el Chocolatero, Nino Bravo. Tú estás bien, es la pregunta, todos dicen sí, pero la mayoría echamos mucho de menos volver»
Los tres siguen la actualidad de España y de la comarca y, por lo menos en el caso de Eduardo, le gustaría votar en estas elecciones: «Siempre he votado y siempre que pueda lo haré, es un derecho democrático que creo que debemos y tenemos derecho a ejercer todos los ciudadanos de nuestro país vivamos o no en él.». Lidia, en cambio, «me entero un poco de cómo va el país en general, casi prefiero no saber. Se me hace más duro, yo estoy aquí con la esperanza de volver, cuando lo ves siempre es negativo. Sigue sin haber oportunidad para los jóvenes».

De mis 3 meses que esperaba estar en esta ciudad a los más de 3 años que llevo aquí
Me llamo Juan Martínez Carmona, tengo 29 años, estudié Magisterio de Educación Física y actualmente trabajo como Profesor de inglés en una PRU (Pupil Referal Unit) con alumnos con problemas sociales, emocionales y/o de comportamiento en secundaria.
El 27 de enero de 2012 llegué a esta isla con unos ahorricos en mi bolsillo, con mucha ilusión y con la idea de buscarme la vida en la capital europea por unos pocos meses, aprender el idioma y regresar con una gran experiencia ganada y nuevas habilidades para poder encontrar curro de profesor en España. Un plan perfecto, ¿verdad?
La realidad fue muy diferente…
La aventura comenzó en «Russell Square Hostel», un hostal en el centro de Londres en el que, pagando unas 30 libras al día, nos daba la oportunidad de vivir en el centro de Londres y conocer a gente de todo el mundo mientras podíamos empezar con nuestra búsqueda de empleo. Pero con algunos pequeños inconvenientes, como compartir habitación de literas (en plan ejercito) con otras veinticuatro personas, compartir sala de estar, cocina y nuevas experiencias.
Desde el primer día empecé, junto con mi compañero de viaje, a patearme la ciudad con la mochila llena sueños y curriculums en los que ponía mi falsa experiencia como camarero, bar-tender, cocinero y mil otras profesiones a las que «aplicaba» por Internet y en mano. Pronto me di cuenta que aunque mi motivación era increíble, tenía grandes ambiciones, don de gentes y formación universitaria, faltaba lo más importante, inglés y experiencia en el campo de trabajo en el que iba a poder encajar sin tener el idioma. Finalizando el primer mes viviendo en el hostel, racionalizando comida y transporte, esperando y temiendo al mismo tiempo llamadas para concretar entrevistas de trabajo (cada vez que me llamaba un número que no conocía buscaba a alguien con más nivel de inglés que el mío para hacerse pasar por mi), tratando de conseguir trabajos muy dispares: desde limpiador de habitaciones, pasando por animador de cruceros Disney hasta vendedor en tienda de deportes, los cuales me iban rechazando básicamente porque no tenía inglés suficiente. Empecé a comprender que mi nivel de inglés del instituto quizá no era suficiente, y que mis ahorricos estaban agotándose y tenía que empezar a pensar en lo que me costaría el vuelo de vuelta a España. En ese preciso momento y después de muchas penurias el milagro surgió y tuve la oportunidad de hacer una entrevista para trabajar en un servicio de catering como camarero. Finalmente me contrataron. Por el mismo tiempo, mi amigo consiguió trabajo también y se fue a vivir fuera de Londres separándose así nuestros caminos. Yo encontré una pequeña casa al sur de Londres en la que compartía habitación y vivía con otros ocho españoles.
Pasando el tiempo como estrellas fugaces fui ahorrando algo de dinero para intentar apuntarme a una academia y mejorar mi inglés (el camino marcado a seguir), aunque era difícil con las horas que trabajaba en mi primer trabajo, así que seguí buscando trabajo en otros restaurantes hasta que encontré una cadena en la que después de pasar por 3 entrevistas me dieron la posición de asistente de camarero, para entendernos, encargado de limpiar mesas. A los 3 o 4 meses pude pagarme la academia por unos tres meses, lo que me ayudó a dar el paso a convertirme en camarero, algo que nunca había hecho y que fui aprendiendo de ver a los compañeros de trabajo e imitar y reproducir sus frases a la hora de servir. Y por supuesto echándole mucha cara. Se acabó el verano y fui trasladado al centro de Londres con la misma empresa pero en otro restaurante y al mismo tiempo me cambie de casa al centro de Londres. Empecé a convertirme en un buen camarero, a ganar mas confianza en mi inglés con los clientes y ganando buenas «tips». Después de un año y pico trabajando como camarero decidí que era hora de empezar a probar suerte «en lo mío». Comencé a reducir horas como camarero para tener tiempo de buscar algo mejor hasta que a través de algunas agencias conseguí empezar a trabajar como asistente de profesor en escuelas e institutos de educación especial Habiendo combinado restaurante y escuela por unos meses, dejé el restaurante y empecé a dedicarme solo a la educación. Primeramente con estudiantes con diferentes necesidades especiales, pasando por primaria y secundaria en diferentes «mainstream schools». Estuve como asistente de profesor y mentor hasta el verano pasado que después de rechazar una oferta permanente para seguir como mentor en un instituto en el siguiente año académico decidí que era tiempo de probar como profesor después del verano. Así que me inscribí en muchas mas agencias, pero esta vez como profesor, y después del verano y de unos meses de incertidumbre y espera empecé a trabajar como profesor suplente. El pasado febrero empecé a trabajar como profesor de ingles en un instituto contratado hasta final de curso. Nunca pensé que podría enseñar inglés a los ingleses…pero ahí estoy. De mis tres meses que esperaba estar en esta ciudad a los más de tres años que llevo aquí, ha llovido mucho, muchísimo pero podría decir que es una de las experiencias más reveladoras de mi vida. Sigo aprendiendo cada día, no hay techo solo cielo para soñar, y aquí sigo soñando y consiguiendo mis metas. Esperando para que empiece hacer mejor tiempo para empezar la temporada de piscina en casa. La cual ahora comparto con gente de todo el mundo, en la que hemos ido formando una gran familia y de la cual me nutro constantemente de diferentes culturas, idiomas y hasta recetas culinarias.

Los protagonistas

Nombre: Marian Pérez Sánchez
Edad: 29
Estudios: Filología Inglesa/Máster en TESOL (Enseñanza de Inglés como Segunda Lengua, en sus siglas en inglés).
Profesión: Profesora de inglés como segunda lengua.
Dato curioso: Cuando vine a vivir a Sankt Gallen,en Suiza, no hablaba alemán (el idioma oficial de la zona donde yo vivo). La mayoría de la gente aquí tiene conocimientos de inglés, así que me fue fácil solucionar todo el papeleo. Ahora estoy aprendiendo alemán.

Nombre: Juan Martínez Carmona
Edad: 29 años
Estudios: Magisterio de Educación Física y actualmente trabajo como Profesor de inglés en una PRU (PupilReferalUnit) con alumnos con problemas sociales, emocionales y/o de comportamiento en secundaria.

Nombre: Eduardo Talavera
Edad: 31 años.
Estudios: Arquitecto técnico e ingeniero de edificación

Nombre: Lidia Corbalán
Edad: 26 años
Profesión: Enfermera instrumentista en uno de los hospitales más grandes de Munich. Trabaja tanto en el quirófano normal como en urgencias.

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