Ya en la calle el nº 1032

Horizonte con utopía

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JOSÉ MOLINA
Decía el escritor y pensador Eduardo Galeano –fallecido en 2015– que la utopía está en el horizonte. Caminas dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. La pregunta surge… ¿Sirve la utopía para algo? Sí. La utopía sirve para caminar. Para recorrer ese camino de la vida, que nos decía Machado, como un constante avance.

JOSÉ MOLINA
Decía el escritor y pensador Eduardo Galeano –fallecido en 2015– que la utopía está en el horizonte. Caminas dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. La pregunta surge… ¿Sirve la utopía para algo? Sí. La utopía sirve para caminar. Para recorrer ese camino de la vida, que nos decía Machado, como un constante avance.
Iniciamos el año 2016 con demasiado peso en la mochila y hay que despojarse de lo que nos impide seguir con paso firme. Es una contradicción vivir a golpe de ‘clic’ y por otro lado mantener procedimientos anacrónicos, discursos tediosos, ideas petrificadas que son un auténtico peso muerto en lo jJosé Molina, presidente Consejo Transparencia Región de Murciaurídico, en lo social, en lo económico y en lo político. Nos pierde la inmediatez, cualquier impulso que desea acercarse a un nuevo horizonte, ese punto de lejanía que se mueve para que la historia avance diez pasos más, es tachado de utópico e irreal. Hoy se vende realismo por las cuatro esquinas y todo aquello que presenta obstáculos se rechaza, sin más consideración, por puro escepticismo. Está prohibido soñar.
En nuestra historia reciente, el miedo, que es la cara oculta de la utopía, está presente en todos los mensajes oficiales. Nos quieren confundir con mensajes distópicos de sociedades de futuro con paisajes gélidos y planetas gobernados por extraños dictadores, robots que dirigen una vida artificial en la que difícilmente se puede soñar. Nadie nos pone un ejemplo de lo que sería Europa con una federación de todos sus pueblos, con un sistema participativo en el que los ciudadanos, libre y directamente, elijan a su presidente, una Unión de donde ya nadie quiera irse porque la solidaridad funciona entre sus instituciones, sus regiones y ciudades, que minimiza desigualdades porque se ha conseguido transparencia en la vida económica, porque ya no hay fraude, ni líneas rojas. Y es que en la sociología, en la política, en la economía, en la vida, todo funciona mejor si se mira el horizonte que si se mira el ombligo.
Al horizonte miraron para luchar por la emancipación de la mujer, para mejorar la economía, para abolir el trabajo infantil, para proclamar la educación universal, la libertad sexual y tantas cosas que se han conseguido gracias a la utopía, no al realismo. Kumar nos explica que el género utópico ha demostrado más sobriedad que los doctores de los dogmas realistas: “La mitad de la humanidad se va a la cama con hambre por culpa de todos los jefes realistas del mundo”, replicó Kumar a sus críticos. Siempre se descalifica a los utópicos, porque se quiere impedir que sus propuestas lleguen y transformen. Sin trabas, derribando muros y opresiones para alcanzar una democracia compartida.
Hoy observamos que el pensamiento político está siendo dominado por los que, teniendo más poder, tienen menos ideas por lo que es legítimo que nos preguntemos hasta qué punto las fuerzas progresistas siguen actualmente en esta batalla de la imaginación. Desde los medios nos comunican mensajes tan cortos que no sirven para dar un paso hacia ese horizonte de esperanza y, por otro lado, a la Academia le falta músculo para abordar los grandes retos contemporáneos. Estamos faltos de conjugar ese proyecto utópico que cada ciudadano nos hemos forjado en nuestro horizonte.
Es el gran sacrificio que se está infringiendo a la población, sacrificio que no entiende de cifras redondas ni de decimales, pero que vive muy directamente los problemas de acceso a la sanidad, a la educación y a los servicios sociales. Para reconducir todo esto, la sociedad más progresista, tendrá que demostrar capacidad de unión, de identificación de los problemas y de una priorización tajante de las actuaciones a desarrollar. Es la ética de la responsabilidad, nos dice Sartori, que no elude los principios, sino que los remarca, precisamente, para evitar que sean transgredidos por la presión de los intereses económicos, defendidos por el pensamiento conservador, que tiene una finalidad demostrada históricamente: descuidar los colectivos vulnerables, la juventud sin empleo ni formación, el paro de larga duración, y preservar, como componente casi genético, los intereses de los poderosos.
El sociólogo, filósofo y ensayista Bauman hace años ya nos decía que “la sociedad donde nos gustaría vivir, se califica siempre de utopía” y desde su obra nos impulsa a seguir buscando otra sociedad, otra realidad. Porque la felicidad social no la da el consumo sino seguir soñando que es posible. Son muchos los líderes que soñaron y hoy vemos sus sueños cumplidos. En el Noroeste, es la hora de mirar su horizonte, sin temor, sino con la ilusión de ver hecho realidad un sueño colectivo.
José Molina Molina. Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia. Doctor en Economía y Sociólogo.

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