Ya en la calle el nº 1034

Gimnasia, por Pascual García

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Gimnasia, por Pascual García
Gimnasia, por Pascual García

Pascual García ([email protected]) | Quien no va hoy al gimnasio o al gim, como suelen decir los cursis, no es nadie, un cero a la izquierda que no cuenta para nada, que no puede intervenir en las conversaciones del trabajo ni en las reuniones con los amigos ni apenas posee su lugar, es un marginado, porque en la actualidad resulta inconcebible que una persona no ejercite su cuerpo al menos un par de veces por semana, porque de esta forma evitamos la sombra maléfica del sedentarismo, la acumulación de grasa y el sobrepeso, y mientras escribo esto yo mismo me estoy dando ánimos para evitar en lo posible todos esos peligros, empiezo a hacerme mayor, no practico ningún deporte, como por cierto no he hecho nunca, aunque de joven trabajé más duro y mi lugar en el sofá esta siempre ocupado, ocupado siempre por mí, desde luego, vamos cumpliendo años y nos vamos acercando peligrosamente al sofá, nos cuesta salir de él al final de la velada para irnos a dormir y cada vez nos movemos menos, nuestra cintura aumenta y, en general toda la grasa de nuestro cuerpo, así que un día salta la alarma, nos amedrentamos por cualquier detalle físico o nos descubrimos en el espejo del dormitorio demasiado gordos y en un arrebato nos apuntamos al gimnasio más cercano, porque si pagamos las cuotas, si nos rascamos el bolsillo nos obligaremos a hacer un poco de ejercicio y de paso nos quitaremos unos kilos de encima, no recuerdo a mi padre haciendo nada de eso, aunque lo veo muy a menudo en el recuerdo subiéndose a un olivo con la agilidad de un gamo y la presteza de un hombre de campo que no ha parado de triscar nunca, por desgracia ya no está conmigo pero contaba noventa y cuatro años cuando se marchó y yo nunca lo vi viejo, fumaba, bebía y comía lo que le daba la gana, apenas se preocupó de su salud hasta un poco antes del final, porque el azúcar terminó molestándole un poco. Ingenuo de mí, siempre pensé que yo heredaría su fortaleza y su aspecto saludable, pero yo ya he estado un par de veces al borde del precipicio y me he percatado de que esto va en serio, como escribía Jaime Gil de Biedma y que parte de mis genes nada tienen que ver con los de mi progenitor, por desgracia, también es verdad que, aunque él no fue nunca a un gimnasio, se hizo cientos de kilómetros por el campo, comprando y vendiendo ganado, , así que las horas de gimnasia las llevaba puestas, aunque no me las pasara a mí, que he salido a mi madre, más frágil y delicada, hoy nadie duda de que sin la gimnasia semanal no podemos estar sanos, y este es un concepto primordial en estos días, la salud, la alimentación equilibrada, el ejercicio, acaso todo lo que yo no llevo demasiado bien últimamente, porque la mujer a la que amo es una excelente cocinera y yo le doy todo el gusto que puedo y de paso me lo doy a mí mismo.

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