Ya en la calle el nº 1039

¿Fiestas de Mayo? No tan perfecto todo

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

JUAN ANTONIO SÁNCHEZ GIMÉNEZ

Se comenta manera generalizada en los ambientes festeros caravaqueños, que a pesar de la gravísima crisis económica que estamos atravesando, de que los grupos, kábilas y peñas han tenido numerosas bajas y excedencias, y de que el presupuesto se ha visto notablemente reducido han salido unas fiestas dignísimas teniendo que ajustarse y hacer encajes de bolillos en no pocos casos. Pero como lo de los brillos y darnos la palmadita en la espalda parece que ya está muy visto, voy a hacer una pequeña crítica de unos aspectos coyunturales como estructurales que creo que deben ser revisados y mejorados. Vaya por delante que esto es solo un artículo de opinión, y que no es mi cometido en el mismo ofender a ninguna persona. Creo que también que las crisis, y aunque suene de un tono optimista ingenuo, son una oportunidad para crecer y para mejorar aquello que habíamos descuidado. También son la criba para aquellos que no saben, no pueden o no quieren adaptarse, que caerán como otros tantos en los recuerdos de la fiesta, y mucho me temo que de prolongarse esto mucho más tiempo y no se hacen ciertos cambios, la fiesta acabará notablemente empobrecida. Este año, por el momento hemos perdido a la banda de Pablo (parece increíble que casi ningún medio local se haya hecho eco de la noticia en sus reportajes sobre fiestas) y a la kábila almohades. No sabemos cuántos años más durará la tormenta económica, pero por el momento no parece remitir, y quizás nada vuelva a ser como antes. Quizás haya llegado también el momento de concentrar fuerzas y desmasificar la fiesta, de quitar gastos superfluos, de acabar con las cuotas de más de mil euros y de que una persona tenga que gastarse más de 2000 euros en trajes si un joven quiere salir de moro o de cristiano, quizás tampoco valga ya la pena tener unas cuotas elevadísimas para un cubierto de 50 o 60 euros todos los días de fiesta (como si de sociedades gastronómicas donostiarras se tratara). Se trataría, a fin de cuentas de volver atrás en algunos aspectos, cuando todo era más artesanal y el reloj parecía discurrir más lento y de concentrar esfuerzos. Poner un tope de 10 grupos cristianos, 10 kábilas moras (con sus subgrupos) y reducir las peñas caballistas a 50, fusionándose entre ellas hasta alcanzar ese número. Con respecto a kábilas y grupos se lograrían colectivos más numerosos con lo que los gastos se verían reducidos por componente en cuanto a banda, refugio, etc. Creo que es también el final de llevar un traje por salida y que está más que demostrado que no por llevar más pedrería o metal es más bonito o vistoso. Otra idea interesante seria la creación de grupos de percusión por parte de grupos y kábilas, cuestión que viene al hilo del asunto de la banda de Pablo. Nuestras fiestas tienen un fuerte componente artístico y cultural, y la música lo es. Fomentar la música no es más que embellecerla y hacer un bien a la sociedad en general, sobre todo en una juventud como la nuestra que anda algo desnortada. No estoy diciendo nada disparatado ni que vaya a masificar los desfiles; de hecho en los años sesenta kábilas como los dragones rojos tenían su propia banda de tambores y cornetas; la percusión no sería otra cosa que un subgrupo, además de recuperar algo de los primeros años de la renovación, con la posibilidad también de ser contratados para salidas a otras poblaciones, aunque eso es ya otro asunto. Con las peñas caballistas la cosa no es muy distinta; sería fomentar un proceso de fusión entre peñas afines para quedarse en 50. Las mismas podrían ser más competitivas y tener menos dificultades económicas, dando más emoción si cabe a la carrera y el enjaezamiento, reduciendo los retrasos y con ellos el peligro de la concentración prolongada de gente en “estado no adecuado” en la cuesta y en la explanada, así como haciendo más cómodo el día a las familias con niños. Sobre cosas puntuales y más de forma, (y si me permiten sigo con mi crítica), como viene pasando de forma demasiado regular nadie avisa por megafonía de la batalla del 2 por la tarde en el castillo, por lo cual la gente del interior de la explanada no se entera y no participa; por otra parte los moros parece que no están por la labor de luchar masivamente, a pesar de ser muchos más que los cristianos (y esto creo que no es otra cosa que dejadez). También creo que se debería poner coto a lo hortera de desfilar con flores en el desfile del día 4 (manojos enteros, con plástico y todo, oye; para la novia, la abuela, la madre, la prima de Barcelona…), porque va parecer una año de estos la ofrenda del día 1. Para terminar también me gustaría expresar mi disconformidad al presidente de los Caballos del Vino como máximo representante de su bando, a propósito de una pancarta colocada en la Glorieta en la que se podía leer; “Sientete caravaqueño. Sé caballista. Bando de los Caballos del Vino” lema que me parece totalmente desacertado, sin sentido y hasta infantil, porque no hace falta ser caballista ni ser de nada para sentirse caravaqueño; sentirse o dejar de sentirse es una cosa totalmente subjetiva e individual (yo por ejemplo soy cristiano y me siento muy caravaqueño). Y ya para cerrar este escrito me gustaría, como creo que es de justicia, hacer un gesto de reconocimiento a aquellas personas que contra viento y marea luchan para que la historia continúe cada mayo a pesar de los sinsabores y las dificultades económicas, así como a reyes, sultanes y amazonas, que han brillado con luz propia en este difícil año como no podía ser de otra manera.

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