Ya en la calle el nº 1052

El amor y el tiempo

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

ESCRIBIR ES VIVIR

Mercedes Bautista Martínez (www.almadesuperheroe.blogspot.com)

Querer a alguien, ¿se puede controlar?

¿Se puede medir, manejar o decidir?

El amor no es un hecho científico, no se calcula mediante fórmulas. El amor es una fuerza libre y poderosa que arrasa sin darte opciones. Llega cuando menos te lo esperas y no se va por más que quieras echarlo.

Por eso, creo que es un error tratar de establecer tiempos, querer limitar algo que es infinito. Ponerle fecha a un “te quiero”, escoger el momento adecuado para decirlo. Como si hubiera un tiempo mínimo establecido para empezar a querer a alguien. Como si pudieras contar hasta tres, como si algo o alguien tuviera que dar el pistoletazo de salida; “preparados, listos, ya”. Ahora sí, ya puedo quererte.

Pues no. No funciona así. Y no sé si es una suerte o un castigo, pero el amor es un sentimiento que va mucho más allá de nuestras capacidades de razonar, comprender o controlar. Es una fuerza sobrehumana que, a veces, surge incluso sin que podamos saber cuándo.

Sencillamente, pasa. Llega, te atraviesa y se te instala dentro. Y puede ser a los cinco meses, a los cinco días o a los cinco minutos de empezar a charlar con alguien.

De la misma forma, no eliges cuándo dejar de querer a alguien, aunque desaparezca de tu vida, aunque te haga daño, aunque sepas que no debes quererle. Aunque luches con todas tus fuerzas contra ese sentimiento, no lo puedes controlar.

Así que, a mi entender, querer manejar un sentimiento indomable como el amor, es malgastar tu energía y tu fuerza. Acabarás exhausta y aún así, no habrás logrado sobreponerte a él.

Al amor hay que dejarlo ser. Darle la libertad que exige y aceptar cuando llega, mientras está y cuando se va. Sin resistencias, sin fechas, sin límites. Con él solo se puede fluir.

Vivirlo es un derecho y expresarlo (creo) una obligación. Decirlo aunque sea pronto (¿qué es pronto?), demostrarlo, compartirlo y disfrutarlo.

El amor y el tiempo son incompatibles, son dos variables que no coinciden en la misma dimensión. Es antinatural introducir una en la otra. Porque nunca es pronto, ni tarde. No hay días ni horas correctas para querer. No hay principio ni fin. El amor es eternidad, es inmensidad. No se mide, se calcula ni se compara.

Deja de intentar ponerle nombre, establecer tiempos, esperar al momento correcto. Deja de intentar frenarlo o acelerarlo. Deja de creer que puedes elegir cómo y cuándo. Simplemente siéntelo. Deja que llegue, abrázalo fuerte y acéptalo. Y dilo. Di te quiero cuando de verdad quieras a alguien. Demuéstralo, compártelo y disfrútalo porque querer a alguien o que alguien te quiera es un regalo. Un regalo de la vida que no deberíamos cuestionar ni entorpecer con normas, relojes ni limitaciones.

El poder del amor está por encima de todo, incluso de nosotros mismos.

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