Ya en la calle el nº 1039

Cosima, el idilio de Wagner

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

GLORIA LÓPEZ
Estos días que tanto se habla de Pedro Jota y no precisamente por sus corbatas, me he acordado de la que se las elegía, su moderna mRichard y Cosima Wagnerujer Agatha y sus coloridos vestidos y nombres de sus hijas. ¿Sabrá Agatha que antes de su hija, hubo otras mujeres con el nombre de Cósima que también inspiraron a grandes hombres? Cósima Wagner fue la segunda mujer del gran compositor alemán Richard Wagner, pero antes de eso fue amante, madre soltera, adultera para convertirse finalmente en guardiana del inmenso legado de su, por fin, esposo.
Francesca Gaetana Cosima Liszt nació el 24 de diciembre de 1837 en la localidad de Bellagio en el Reino Lombardo-Véneto. Su madre, una condesa muy liberal, Marie d’Agoult, por aquel entonces mantenía amores con un pianista húngaro Franz Liszt, del que nacieron otros dos hermanos. Del marido oficial tenía otros tantos hermanos. A la separación del matrimonio oficial, los pequeños fueron repartidos según el padre, y Cósima fue a vivir con el pianista. Desde el principio por tanto, su educación y sus ejemplos a seguir fueron liberales y poco ajustados a las leyes de la sociedad en general. El padre, con la ley 33/33 del estatuto de haz lo que yo digo pero no lo que yo haga, la casó (se dice, se comenta) con un alumno suyo, Hans von Bülow. Von Bülow, pianista y director de orquesta que le toco algo más que alguna sinfonía en las noches de verano, porque tuvo dos hijos con él.
Y algunas de esas serenatas las componía un tal Richard Wagner, al que el matrimonio admiraba. Una parte más que otra, porque a partir de 1853 Cósima pasó de escuchar a Warneg en las manos de su marido, a dejárselas interpretar por el compositor en su cuerpo. De esa pecaminosa relación no solo saldría El idilio de Sigfrido, también nacerían tres hijos que, a pesar de apedillarse como el marido, tenían nombres que hacían presentir quien era el padre: Isolda, Eva y Siegfried.
El escándalo fue sonadísimo y daría para muchas tardes de té en casas de condesas aburridas con hijos de muchos padres, ambos estaban casados, ambos tenían hijos y Warneg era casi 25 años mayor que ella, que parece que era lo que más molestaba. Quien no se molesto mucho, aparentemente, fue el marido, que aún le costó darle el divorcio, no vería clara la infidelidad, digo yo, ni cuando gritara Isolda comete el pollo… Pero como en las grandes obras del compositor, el amor siempre triunfa, y a pesar de los muchos inconvenientes y superados algunos pequeños inconvenientes, como la muerte de la primera esposa del compositor, la gran boda llegó el 25 de agosto de 1870.
Fue un matrimonio perfecto y feliz hasta la muerte del compositor el 13 de febrero de 1883 en Venecia, quizás la muerte más conocida de esta hermosa ciudad. Muerta su pasión, Cosima dedicó la vida que le quedó a mantener viva la memoria de su marido, procurando que la música que en su día hizo para ella no dejase nunca de sonar, para así tenerlo siempre presente. En 1876 tenía lugar la primera edición del Festival de Bayreuth, un festival pensado por el propio Wagner para representar de manera periódica, sus obras más destacadas. El festival, que sigue celebrándose en la actualidad, a la muerte del compositor iba a ser suspendido, pero Cosima consiguió apoyos para que no fuese así y convertirlo en lo que hoy es.
Pero nadie es perfecto, claro, y la mujer tenía sus manías, concretamente contra los judíos, a los que no podía ni ver y que dejarían huella en sus muchas biografías.
Cosima Wagner fallecía el 1 de abril de 1930 a los 92 años de edad.

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