Ya en la calle el nº 1039

Buscarse la vida

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Buscarse la vida
Buscarse la vida

No parece una forma muy segura de afrontar el futuro, proteger a tu familia y cuidar de su porvenir, buscarse la vida suena más bien a un modo frívolo y ligero de apechugar con las obligaciones consuetudinarias e ir construyendo cierto porvenir, pero a la vez posee ese aire bohemio de lo azaroso y errático, que pone una nota de aventura en la seriedad laboral de todos los días, una pizca de fortuna eventual en los horarios y en los deberes de cada jornada, de ahí que en mi infancia se buscasen la vida solo unos pocos, los que habían quedado de algún modo fuera del sistema, mientras que los que afrontaban una carrera en la universidad no necesitaban buscar nada concreto como si ya la hubieran encontrado mientras formalizaban la matrícula en la secretaría, el que se empleaba en un banco, opositaba para notarias o heredaba la tienda de su padre había encontrado un lugar seguro junto al fuego para pasar las largas noches del invierno y no necesitaba pensar cada día donde acabaría al día siguiente, en qué labor encontraría un hueco, porque por aquel entonces las cosas seguras, los oficios estables y fijos no existían en determinados niveles y en un pueblo como Moratalla se podían contar con los dedos de las manos los empleos para toda la vida, y a partir de una edad los muchachos y las muchachas trabajaban en lo que les salía, es decir, se buscaban la vida, todavía recuerdo a mi amigo Jacinto cuando dejó la escuela con doce años, resignado pero muy contento porque trabajaba y ganaba un sueldo humilde que gastaba a su arbitrio y sin dar cuentas a nadie, reconozco que otros muchos se marcharon para abrirse camino en Alicante o en Cataluña y supieron hacerlo bien, se sacrificaron durante unos años y prosperaron en la vida, como decía mi padre, fue una existencia dura, de privaciones y ahorros pero que les permitió con el tiempo comprar un poco de tierra o hacerse una casa, fundar una familia y volverse al pueblo, ninguna existencia parece fácil del todo y salir a la intemperie a ganársela es un asunto de hombres y mujeres aguerridos, con ganas de pelear y de tirar palante, conceptos y términos todos que proceden de aquellos años en los que yo estaba aprendiendo a escoger un camino para salir del pueblo y hacer algo importante, porque los que nacimos en Moratalla tenemos el estigma de buscarnos la vida fuera y no nos duelen prendas ni le tenemos miedo a las dificultades, ni siquiera al fracaso, pues hemos tenido una escuela de vida bastante dura y nos hemos partido el pecho por esos mundos de Dios, el nieto de aquel hombre duro y valiente que madrugaba cada día para aparejar el burro con las primeras luces e ir al monte por una carga de tallo con la que se ganaba el jornal, comía con su mujer y por la tarde bajaba a la huerta a cuidar de lo suyo, atendía a los animales y salía a la Calle Mayor en las fiestas, no le tendrá nunca miedo a buscarse la vida donde sea.

Pascual García ([email protected])

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