2 de enero de 1801: Acuerdo para la demolición de la Puerta de Santa Ana

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Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz
Como bien es sabido en la época medieval el espacio urbano que ocupaba la villa de Caravaca se circunscribía al cerro del castillo y estaba rodeado de una muralla construida de tapial con un número de torres que no podemos precisar, superior a doce, ya que su reseña varía según los documentos. Lo que si conocemos es que en su origen la muralla solamente tenía una puerta, abriéndose posteriormente otras dos. Esta primitiva y principal puerta de acceso al interior de la villa estaba situada en el comienzo de la subida al castillo junto a la conocida popularmente como “esquina de la muerte” y estaba flanqueada por dos torres, algunos de cuyos restos así como de la muralla, aparecidos tras la demolición de una de las casas allí existentes, pueden observarse en la actualidad a través de unas cristaleras colocadas a tal efecto. Sobre la puerta estaba la sala donde se reunía el concejo de la villa en la edad media. La primera descripción que existe de ella data de 1494 y es la siguiente: “començaron desde vna puerta prinçipal ques de boueda e tyene sus dos puertas la vna de tablones rezios e la otra de quarterones y fechas de rexa e ençima de la dicha puer¬ta esta vna camara de ayunta¬miento en que esta el pretyl e almenas algo mal reparado”. Posteriormente pasó a conocerse como Puerta de Santa Ana, encontrando la primera referencia al respecto en 1536; desconozco cual fue el motivo que llevó a imponerle tal nombre, aunque hemos de tener en cuenta que en la antigua iglesia de Santa María del Castillo, intramuros de la fortaleza, existía ya en el año 1494 un cuadro con la representación de esta santa que como todo el mundo sabe fue la madre de la virgen María. La muralla fue desapareciendo progresivamente, puesto que algunos vecinos edificaron sus casas adosándolas a ella, quedando finalmente empotrada y oculta, por lo que apenas quedan vestigios de ella en la actualidad. No sucedió lo mismo con la puerta de Santa Ana, que se mantuvo hasta el año 1801.

La llegada a Caravaca en 1797 con el título de alcalde mayor y gobernador, tras ostentar el mismo cargo en “otros pueblos del territorio delas ordenes”, del Licenciado D. Ignacio Mariano de Mendoza, natural de la población conquense de San Clemente y graduado como abogado en la Universidad de Alcalá de Henares, trajo consigo grandes reformas urbanísticas a la entonces villa de Caravaca, caracterizándose su mandato por un extraordinario incremento de las obras públicas que afectaron a gran parte del núcleo urbano, desde el cerro del Castillo hasta el Cabezo de la Cruz, pasando por la Puentecilla, el Camino de los Molinos, la calle de los Ciruelos, etc.
Conviene aquí hacer un pequeño inciso para comentar que el objetivo de mejora que perseguían en la mayoría de los casos estas obras no siempre se alcanzaba. Este ideal reformista justificado en el beneficio de la población ha servido desde siempre como excusa para realizar con total impunidad obras de dudosa conveniencia cuyos ejemplos llegan hasta nuestros días, sacrificándose en numerosas ocasiones la coherencia y la protección de determinados elementos urbanos por un discutible sentido de progreso, comodidad y bienestar. Este el caso que hoy nos ocupa, pues si bien es cierto que la desaparición de la puerta de Santa Ana favoreció el tránsito por esa zona y el acceso a las estrechas calles del casco medieval que culminan en el castillo no es menos cierto que de haberse mantenido y buscado otra opción hoy nos llenaría de orgullo haberla conservado y poder contemplar la puerta medieval que daba acceso a nuestra población.
Pero volvamos a nuestra narración, tras haber realizado diversas obras (en la próxima entrega daré noticia de otra de bastante trascendencia efectuada en este periodo), a comienzos del año 1801 le llegó el turno a la Puerta de Santa Ana. En la sesión del ayuntamiento celebrada el 2 de enero de ese año el referido alcalde mayor propuso la demolición de la puerta para dar amplitud la calle: “en las funciones de la Santisima Cruz que el numeroso concurso de gentes de los pueblos inmediatos que se presenta a esta festividad se atropella y no coge por la Puerta o Arco que dicen de Santa Ana, y tambien que el tropel que ocasionan esta expuesto a suceder alguna desgracia, por cuya razon tiene proiectado dar ensanche a esta puerta”. El resto de componentes del ayuntamiento aprobaron unánimemente la propuesta evidenciando la estrechez del lugar “cuyo angosto sitio es precisamente por donde suve y vaja con repeticion la procesion que se hace en la solemne funcion de la Santisima Cruz por el dia y su vispera, siendo tan numeroso el concurso de naturales y forasteros”. Para poder practicar esta obra se derribaron una casa propiedad de D. Juan Manuel Cano que tenía impuesto un censo a favor del Hospital de Nuestra Señora de la Concepción, un cuarto de falsa de D. Leonardo Fernández Monzón, vecino de Granada, que estaba sobre la anterior y también sobre el arco y “porche que llamavan de Santa Ana” y parte de la del presbítero D. Josef Bayona, a la que se practicaron las necesarias reformas para “dejarle servible el resto”; el gasto de adquisición de estos inmuebles ascendió a 1.949 reales. Las obras dieron comienzo el 20 de febrero bajo la dirección del maestro de albañilería Ángel Moreno y se concluyeron un mes mas tarde, siendo el importe total de las mismas 417 reales y 20 maravedís, incluyendo el alquiler de “zinco pares de burros” para transportar los materiales y escombros.
Con la demolición del arco y las casas contiguas desaparecía también el lugar donde hasta entonces estaba una hornacina con un cuadro de la efigie de Santa Ana por lo que se tomó la decisión de rehacerla en una de las nuevas fachadas. Su ejecución se encargó al maestro constructor Juan Ximenez de la Fuente que cobró por ello 50 reales. En ese “nicho renovado” se colocó el cuadro previamente limpiado por Francisco Caro, que también fue el artífice de la lápida conmemorativa del derribo de la puerta, cobrando por ambos trabajos 60 reales. El conjunto se completaba con un farol nuevo para “alumbrar a la Santa” fabricado por el maestro velonero Antonio González y la consiguiente cartela para su sujeción realizada por el maestro herrero Antonio Puerta. La lápida anteriormente referida se conserva en la actualidad, aunque no en demasiado buen estado, en una de las fachadas no sucediendo lo mismo con el cuadro y sus complementos. El importe total de la demolición y ensanche de la Puerta de Santa Ana, incluyendo la compra de las casas, la mano de obra, los materiales, el cuadro, la lápida y demás complementos ascendió a 2.532 reales y 20 maravedíes a los que hubo que añadir otros 472 reales por “el cerramiento de obra que se hizo para dejarle servible el resto de casa” al presbítero Bayona, por lo que el gasto final de esta intervención fue de 3.004 reales y 20 maravedíes.
El texto inscrito en la lápida es el siguiente: “En el Reinado de Nuestro Catolico Monarca El Señor Don Carlos IIII siendo Governador de esta Villa Don Ignacio Mariano de Mendoza en el año de 1801 mandó demoler, con aquerdo de su Ylustre Aiuntamiento un Arco que havia en este sitio llamado Puerta de Santa Ana que fue la Principal de la Muralla para subir a el Castillo, Y Real Fortaleza”.
Concluidas las obras surgió un nuevo inconveniente, que fue nuevamente presentado por D. Ignacio Mariano de Mendoza a consideración del ayuntamiento: “El Señor Governador hace presente como el derribo del Arco de Santa Ana  cuia obra, se proyecto con acuerdo del Ayuntamiento, esta para concluirse, y que haviendo sido el principal objeto de ella hermosear el pueblo, y hacer una calle capaz para la subida ala Santisima Cruz, en los dias de funcion en que se junta vn numeroso concurso de pueblos ymmediatos, y que por esta razon se dio ensanche tambien en el año pasado ael camino, y entrada para el Castillo: Adbiertese ahora notable ymperfeccion en la placeta dela Hermita dela Soledad, por quanto hace un recodo o rincon la pared confinante con la calle, que la hace mas estrecha por la parte del poniente cuia falta podra remediarse retirando parte de dicha pared hacia la Hermita sacandola lineal con la primera esquina de su fabrica; y por lo tanto le parece sera muy util y conveniente executar esta obra, conla qual quedara perfecta toda la subida al Santuario dela Santisima Cruz:”. El ayuntamiento aprobó la propuesta no sin antes advertir “que por aquel sitio se sepultaron una porcion de huesos sacados delas Bobedas dela Yglesia Parroquial, con el objeto de que si se diere con ellos en la execucion de esta obra disponga su traslacion adonde tenga por mas oportuno”.

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