Francisco Fernández García

Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Hace algún tiempo, recibí la información, gracias a J. A. Martínez-Cortés, de la existencia en el Archivo Histórico Nacional de una fotografía de Caravaca, que podría tener una antigüedad considerable. Me indicó la referencia y tras examinar el contenido de la ficha hice las gestiones necesarias para conseguir una reproducción de la misma, ya que no estaba digitalizada y, por tanto, no se podía visionar en el portal digital de dicha institución. Un par de meses después me remitieron el prepuesto para que lo aprobase; tras dar la conformidad, tuve que seguir esperando, hasta el aviso de pago y, una vez efectuado, continuar aguardando pacientemente hasta la llegada de la copia, lo que sucedió hace unos días, ocho meses después de formalizar su encargo.

Torre del Reloj

Pero la espera merecía la pena, ya que tal vez se trate de la fotografía del casco urbano de Caravaca más antigua, al menos de las conocidas hasta ahora, aunque, no está fechada, por lo que no podemos precisar exactamente cuando fue realizada. No obstante y con las debidas reservas, tras su análisis y estudio, se puede conjeturar que se realizó en los años finales de la década de 1860, es decir hace siglo y medio.

La fotografía está incluida en el fondo documental del ingeniero de minas alicantino D. Federico de Botella y de Hornos, nacido en 1822 y fallecido en 1899, que se conserva en el Archivo Histórico Nacional, por lo que necesariamente tiene que ser anterior a su muerte, es decir, del siglo XIX. Investigando acerca de este señor, resulta que tuvo una amplia y distinguida carrera profesional, llegando a dirigir el servicio estadístico minero de España al tiempo que formó parte de la primera junta directiva de la Sociedad Geográfica de Madrid. A lo largo de su vida realizó un sinfín de monografías, estudios y planos, conservados en su mayoría en archivos estatales.

Según parece examinando el enunciado de sus trabajos, resulta que D. Federico de Botella, estuvo trabajando en Murcia durante los años 1861 a 1863, ocupado en la elaboración del “Libro de Reconocimientos, demarcaciones y visitas de Cartagena, Murcia, Lorca, Mazarrón, Cieza, Jumilla, Totana, Garbanzal, Robledo, Alazor, Moratalla y Caravaca”, en el informe titulado “Provincia de Murcia: comprende la Puebla de Don Fadrique (Granada) a Caravaca (Murcia)” y, también, en un “Mapa geológico de la provincia de Murcia y Albacete”. Teniendo esto en cuenta, es lógico suponer que la foto perteneciera a este periodo, formando parte presumiblemente de la documentación usada para su trabajo; mas aún considerando la información facilitada por Lucia Crespo y Rafael Villena en su libro “Fotografía y Patrimonio. II Encuentro en Castilla-La Mancha”, según la cual, el referido señor de Botella fue uno de los pioneros en usar la fotografía con fines científicos, para fundamentar sus trabajos.

Pero ¿es posible que sea tan antigua? Quizá si. Aunque no he podido ver el original, parece evidente que no se trata de un daguerrotipo, sino más bien de una imagen captada en los negativos de cristal utilizados a partir de 1855, por lo que técnicamente es posible. Lo único que queda, pues, es observarla detenidamente para encontrar algún elemento que nos permita situarla en el tiempo correcto.

Se trata, como pueden comprobar, de una vista general de la población tomada desde el suroeste, en la que podemos observar en primer término la actual Plaza de San Juan de la Cruz, con el cabezo en la parte superior, lo que hoy es la calle San Simón y la trasera de una serie de edificaciones. Estudiando la fotografía se puede comprobar el escaso crecimiento urbanístico de esa época, ya que dispongo de otra fotografía, fechada en 1926, tomada desde un lugar similar en la que apenas se observan cambios respecto a esta otra. Entre los tejados sobresalen la cúpula y torres de los jesuitas, rematadas por unos artísticos pináculos, de los que hasta hoy no se tenía constancia, presidido todo por el castillo, con el santuario en su interior. Aquí si hay un elemento que llama mucho la atención, que es la ausencia de la torrecilla que albergaba el reloj situada en la parte superior de la torre que hay entrando a la fortaleza a mano derecha. Esta edificación, que hoy no se conserva, aparece en todas las fotografías antiguas del castillo que conocemos, excepto en esta. Sin embargo, también desconocemos la fecha exacta de su construcción, aunque yo creo que tuvo lugar hacia 1870 o 1871. Esta hipótesis está basada en el dato de que en 1870 el ayuntamiento de nuestra ciudad compró un reloj para sustituir al que estaba colocado en la parroquial de El Salvador, que llevaba varios años “en un completo estado de deterioro”, sin embargo, cuando se hizo efectiva la compra, el ayuntamiento resolvió “que dicho Reloj se coloque en una de las almenas del Castillo”, donde ya había estado anteriormente ubicado otro reloj desde 1716 hasta 1811 en que se fue desmontado con motivo de la fortificación del castillo por la Guerra de Independencia. Pienso que fue este el momento de construcción de la torrecilla para albergar el reloj y que, por tanto, la foto está realizada en la década anterior.

Contemplar esta fotografía nos permite viajar en el tiempo, es como abrir una ventana y ver como era nuestra ciudad hace siglo y medio. Un privilegio al alcance de pocos, que ahora también podemos disfrutar los caravaqueños.