MICAELA FERNÁNDEZ 

Con una facturación superior a los 55 millones de euros, 60 millones de kilos de cítricos y frutas de hueso exportados al año a países de varios continentes, más de 700 socios y más de 2.600 hectáreas cultivadas, la Cooperativa de Frutas y Cítricos de Mula (FRUCIMU) es un referente de calidad y empleo en Mula.

Fundada en 1988, Tomás Buitrago lleva más de dos décadas al frente de esta cooperativa en constante evolución e innovación.

En plena campaña de fruta (foto de archivo)

¿Llegó alguna vez a pensar que la cooperativa se convertiría en lo que hoy es?

Esa siempre ha sido mi ilusión. Pensaba que no iba a llegar el momento de ver a lo que hemos llegado. Teníamos esta ilusión y hemos llegado a hacerlo. Ser cada vez más grandes, hacer más y hacernos más grandes hasta que hemos llegado a lo que hay ahora, hemos completado y terminado el almacén de bio y yo, me siento muy satisfecho.

¿Cómo ha sido el trabajo a lo largo de los años?

Hemos pasado de todo. Hemos tenido momentos en los que exportábamos muy poco y no podíamos mantener ni los gastos, que eran muchos. Se buscaron nuevas alianzas con otras entidades del sector que permitieran rebajar el volumen de gastos y abrir nuevos mercados, pero tampoco fue la solución.

Las decisiones en ese momento fueron muy difíciles, yo pensé que lo podíamos hacer mejor nosotros solos, probamos y así ha sido. Hemos tenido un buen gerente y un buen comercial, que ha sido el todo de la cooperativa ya que sin una buena administración y buena comercialización no lo hubiéramos conseguido. Eso ha hecho que siguiéramos siempre hacia delante, mirando al futuro y no pensando en quedarnos plantados, sin conformarnos y siempre pensando en ir a más.

He de destacar que el apoyo y la unión de los diferentes miembros de los consejos rectores que han ido pasando por la cooperativa ha sido, y sigue siendo, importantísimo a la hora de poder conseguir situar a la cooperativa en lo que actualmente es.

Contar con el apoyo de la administración también ha ayudado, porque hubiera sido un desprestigio dejar que la cooperativa cayera o fracasara.

Mi ilusión era llegar donde hemos llegado y este año, una vez que se inauguren las nuevas naves, ya con 87 años, me retiro.

¿Qué aspectos destacaría como más reconfortantes?

Ahora que se ha conseguido el propósito que teníamos me retiro con una satisfacción muy grande y espero que mi sustituto siga pensando lo mismo y deje trabajar al equipo que hay que es lo más importante y el futuro de esto. Que no se quede quieto y que cada vez exportemos más y vayamos a más.

La amplia oferta tanto de cítricos como de frutas de hueso ha permitido que Frucimu esté activa durante todo el año, ¿qué volumen de trabajadores mantienen de forma continuada?

En campaña normal hay unos 550 trabajadores y en campaña de fruta se puede llegar a 850-900 trabajadores. En estos momentos está siendo el motor económico del municipio. Gracias a la cooperativa, el pueblo ha sentido menos la crisis debido a la pandemia. Nosotros no hemos parado, aquí estamos y no hemos fallado, ni los trabajadores ni nosotros.

Hoy mismo -coincidiendo con el 8M- tiene lugar un reconocimiento a todas esas mujeres, pero en general les damos las gracias a todos los trabajadores y esperamos que ellas estén muy satisfechas por el reconocimiento recibido, se lo merecen todos.

La innovación, el desarrollo y seguir avanzando han sido las principales metas de la cooperativa, en los últimos meses la producción de ecológico, ¿cuál es la meta?

Todo lo que podamos, hasta donde podamos. Queremos posicionarnos con el ecológico, vamos bien y espero que tengamos éxito. Es la demanda actual del mercado y cada vez irá a más.

Hay muchos agricultores que ya están apostando por el ecológico. Se está haciendo formación al agricultor en este sentido y nuestro interés es que vaya a más.

Ahora mismo producimos limón, naranja, mandarina, pomelo, albaricoque y melocotón, y esperamos tener la misma producción de cultivo convencional en ecológico.

Poner en marcha un planta de ecológico en medio de una pandemia, ¿qué ha supuesto?

En los tres primeros meses ya llevamos aproximadamente 3.000 toneladas, para empezar no está nada mal, sí que es verdad que los principios son diferentes, hay que adaptarse a la nueva forma de entender el trabajo, pero yo creo que la gente ha puesto de su parte y se está consiguiendo que el negocio funcione con agilidad y un futuro muy parecido al que tenemos en la planta de convencional.

En estos momentos Francia es el país que más ecológico está demandando, pero creo que los mismo clientes que tenemos en convencional se sumarán al ecológico, como es el caso de Alemania. Nuestra clientela es de grandes superficies, es difícil de mantener, pero te abre muchas puertas y nos ha ayudado el trabajo que teníamos en el convencional con ellos para que el ecológico sea un poquito más fácil a la hora de encauzar la venta. Creo que está aumentando y que llegará el momento que se situen al 50 por ciento.

¿Qué supone para una cooperativa como la de Mula que haya superficies comerciales que apuesten por productos procedentes de países con menos control?

El mercado es libre pero siempre hemos pedido que les pongan las mismas exigencias de calidades que piden a España a todos los países. Que les exijan lo mismo. Se ha exigido mucho en aranceles pero para que esto sea justo debemos jugar todos con las mismas herramientas, si no se puede utilizar un producto determinado porque es malo para la salud, da igual que venga de España que de otro lugar, hay que eliminarlo. Eso va a traer que los destinos más lejanos no puedan llegar aquí, es un juego que no llega a ningún lado. Nos quejamos de que vienen, pero nosotros también vamos. Que tengan las mismas exigencias en calidad y uso de fitosanitarios.

Con presencia en mercados de toda Europa, parte de Asia, América y África, ¿cómo está la situación del cítrico y la fruta de hueso en los mercados internacionales?

Se están complicando. Hay menos consumo, nosotros no nos podemos quejar porque hay empresas que no han podido casi ni trabajar. No hemos bajado en producir pero en el conjunto se observa incertidumbre, qué es lo que va a pasar ahora, el canal de restaurantes también está a medio gas, el hotelero cerrado, y, qué va a pasar cuando llegue la campaña de la fruta, vamos a poder darle salida normalmente, es una incertidumbre, los mercados están cautelosos, no terminan de hacer operaciones por miedo. Esa es la situación actual.

Al inicio de la pandemia tuvimos que reforzar con tres turnos para poder atender la demanda, pero fue en el inicio, se ha mantenido pero ahora, la persistencia en el tiempo de la situación, puede empezar a afectar. El paro, los ERTEs, al final el dinero está desapareciendo y, cuando una persona no dispone de dinero y aunque la alimentación es lo último que se quita, no olvidemos que el limón no deja de ser un condimento, la gente empieza a seleccionar sus compras y tarde o temprano te termina afectando.

Durante la pandemia, la cooperativa no sólo no ha dejado de trabajar sino que ha habido momento que ha acogido gente de otros sectores, ¿cómo se ha vivido esta situación?

Ha sido un sentimiento complicado. Hemos acogido trabajadores de sectores que habían cerrado como la hostelería o la construcción, queda el no haber podido acoger más, pero al final la demanda es la que hay y no podíamos dar más cabida. Nuestra ilusión hubiera sido poder acoger a toda la gente que nos pide trabajo pero si no hay tampoco. Ha habido gente que no ha parado.

Y luego los protocolos han sido muy estrictos y también han supuesto un coste importante. En lo que llevamos de pandemia hemos realizado dos cribados masivos, uno al principio de la crisis y otro al iniciarse la tercera ola, que ha sido la que más ha afectado al municipio, y conseguimos identificar no muchos casos pero si algún caso de gente asintomática que podría haber complicado la situación.

Aquello se paró, hemos vivido situaciones complejas como el hecho de que un calibrador tuviera que gestionar desde casa y que una persona aquí siguiera sus instrucciones, algo que podríamos llamar trabajo online a pie de cinta manejando máquinas, todo un reto, duró poco tiempo, pero fuimos capaces de hacerlo.

¿Cómo está en estos momentos el campo en la Comarca?, ¿hay interés de las nuevas generaciones?

La cooperativa seguirá con socios cada vez más grandes, las pequeñas explotaciones van a menos, aunque hay hijos de los socios que están apostando por la agricultura y se están haciendo cada vez más grandes. Los jóvenes deberían de tener ayuda y promocionar que siga la vida en el campo, porque ser agricultor era lo último y ahora la agricultura necesita saber de qué se está hablando. La nueva tecnología que antes no existía, se miden muchas cosas que antes no se medían. Está claro que lo pequeño no se mantiene, hay que tener cantidad para vivir de ella y el que tiene otro oficio no se puede dedicar a la agricultura, pero hay que apoyar porque hay jóvenes que están siendo mejores agricultores que lo han sido sus padres.

Hace una década hubo un bache pero ahora está cambiando, en los últimos años estamos viendo a jóvenes que están apostando por una forma de agricultura moderna y parece que la cosa quiere cambiar. Los jóvenes son muy competitivos.

¿Siempre ha valorado el relevo generacional, ¿ha llegado el momento de dejar la presidencia?

En el momento que se inaugure todo lo nuevo que se ha hecho. Ya me he despedido de la gente, pero en el momento en que se inaugure todo lo que hay que inaugurar le doy paso a otra persona. Yo creo que para el inicio de la campaña que viene se podrá inaugurar, en principio podría ser para el mes de septiembre.

¿Ha establecido contacto ya con el/las personas que optan al cargo?

Hay alguno que ha mostrado su interés. Aquí hace falta una persona que sea empresario, que sea agricultor y que sepa como esto tiene que funcionar. Hay personas que creo que podrían ser buenas para sustituirme, no puedo dar nombres de nadie, pero yo quiero lo mejor para la cooperativa, yo siempre he pensado en ella, nunca en mi interés propio.

El objetivo es que se mantenga el espíritu que ha tenido siempre la cooperativa y, si lo mejora, mejor. Mi ilusión sería que fuera a más, a mejor. Al final los socios son los que tienen la palabra y ellos tienen que decidir.

Con una vida plenamente activa en torno a la cooperativa, ¿podrá Tomás Buitrago dejar de estar cada mañana en estas instalaciones?

Si me necesitan, donde esté me van a tener y si no me necesitan, será buena señal. Pero siempre que me llamen, vendré.