LOURDES SIMARRO
Si haces un poco de memoria seguro que recordarás cuentos de la infancia tipo “Perico Malastrampas”, “Periquín y la bruja”, “La asadura”, “MariquillEl castillo de irás y no volverása ríe perlas” o “El Castillo de Irás y No Volverás. Si haces más memoria recordarás a algunos de sus personajes. Pero prácticamente es imposible que  recuerdes qué le sucedía a la mujer del protagonista (si es que no había muerto). Pues  señor esto es lo que le sucedió a Obdulia, la mujer del protagonista de “El Castillo de Irás y No Volverás”:
Una vez que su marido partió de viaje, ella se quedó allí como puesta por el ayuntamiento  o compuesta y sin marido. Al fin sola, se dijo, menos mal, creía que nunca llegaría este momento. Se quitó el corsé, la faja y los tacones. Bajó al jardín y como loca empezó a recoger flores. Unos meses más tarde, Obdulia tenía publicados varios tratados: “La flora de la comarca de La Albaida”, “El beneficio de la comida ético-bio-vegana” y “La sanación espiritual en un ambiente florido”.
Nuestra Obdulia estaba en aquellos menesteres cuando vio aparecer al mequetrefe (de su marido, claro está). ¡Pero no se había ido a un castillo de esos sin retorno! ¡Qué suerte tienen los tíos! Cogió su disfraz de florero con tacones, faja y corsé y allí terminó su andadura profesional. Fin.
Si este texto llega a ver una luz distinta a la de mi cuaderno de viaje, allá donde estés, te lo dedico. Con mucho cariño, para Mateo Caballero.