JAIME PARRA

Serafín Zubiri trae su espectáculo “Recordando a Nino Bravo” el 10 de septiembre a las 22:00 horas en el auditorio cine Rosales. Le acompaña la Banda de Música de Calasparra.

¿Qué se van a encontrar los espectadores en su concierto homenaje a Nino Bravo?

Lo que se van a encontrar es con un espectáculo en el que el acompañamiento musical lo pone la Banda de Música de Calasparra, una muy buena banda, además. Cantaré las canciones más conocidas de Nino Bravo en un recorrido cronológico por su repertorio en el que voy contando historias y anécdotas suyas.

¿Qué significa para usted Nino Bravo?

Todo realmente. Lo descubrí cuando era muy pequeño. Y suelo decir que el primer disgusto que la vida me dio fue su muerte.

Para mí fue el mejor cantante que ha dado nuestro país sin ninguna duda. Ha sido mi maestro, del que he aprendido a cantar como canto.

¿Por qué siguen teniendo relevancia sus canciones?

Porque son grandes canciones y lo que está bien hecho perdura en el tiempo.

Hay muchas canciones que son estándares como “América”, “Libre”, “Noelia”, “Un Beso y una Flor”… y, aunque alguien no sepa que son de Nino Bravo seguro que las ha escuchado.

¿Cómo fue la toma de contacto con la Banda de Música de Calasparra?

Ellos habían oído hablar del espectáculo y fueron los que se pusieron en contacto conmigo. Ha habido muy buen feeling desde el principio.

Ensayaré con ellos el día anterior, pero ellos llevan ya tiempo trabajando en el repertorio.

¿Habrá bis en el concierto con alguna canción de las que a usted le han hecho famoso?

Habrá bis, seguro, pero con canciones de Nino Bravo.

¿Cómo ve la evolución de Eurovisión, festival en el que usted ha participado en dos ocasiones?

Yo más que evolución, hablaría de involución

Eurovisión se creó para elegir la mejor canción de Europa, o por lo menos la mejor  de las que se presentaban. Y ahora, para bien o para mal -y que conste que yo lo sigo viendo-, se ha desvirtuado en el concepto original, ahora prima mucho más el aspecto visual que la canción en sí misma.

Hay que respetarlo, pero un festival donde no hay orquesta de músicos y la música está grabada no es lo mismo.

Yo he vivido las dos opciones, con orquesta y con música grabada, y no tiene nada que ver.

Al igual que homenajea a Nino Bravo, también tiene un espectáculo monográfico dedicado a Eurovisión.

Me costó dos años ponerlo en marcha. Conceptualmente está basado en las décadas de los 60 hasta los 90. Lo hago junto a Anabel Conde, que quedó segunda en Eurovisión.

En los bises sí hago una excursión en la más contemporánea como Conchita Wurst o Salvador Sobral o Pastora Soler.

En 1994 usted escaló, entre otras cimas, el Aconcagua, ¿sigue tan en forma?

Si no me mantuviera en forma no me mantendría con vida con cinco espectáculos distintos que tengo en catálogo.

Además del de Nino Bravo, que hago con big band o con banda de música, tengo el de Eurovisión, otro espectáculo que abarcamos la maravillosa década de los 70, otro que hago solo con piano y voz y también otro monográfico con banda de rock dedicado a Miguel Ríos.

¿Qué le diría a los calasparreños para que no se pierdan su concierto?

Que les doy la garantía absoluta de que no van a salir indiferentes del espectáculo. Serán un par de horas fantásticas en una noche mágica.