LAURA CABALLERO ESCÁMEZ/PSICÓLOGA

El término resiliencia proviene del latín, de “resilio” que significa volver atrás. El concepto se utilizaba en origen en la física para referirse a “la capacidad de un cuerpo para recuperar su tamaño y forma original después de ser comprimido, doblado o estirado”. Su uso en las Ciencias Sociales se lo debemos a Michael Rutter, quien lo acuñó en 1972 en este ámbito. Hoy entendemos la resiliencia como la capacidad de adaptarnos, superar, aprender y crecer con las adversidades.

En estas semanas tan inciertas, tengo muy presente al neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Frankl. Aunque no habló directamente de resiliencia, su obra en general gira en torno al sentido de la vida, siendo su libro “El hombre en busca de sentido” el más conocido y toda una referencia. Dicho libro narra la experiencia de Frankl como prisionero en el campo de concentración de Auschwitz; cómo se enfrentó a su existencia desnuda y cómo consiguió encontrarle sentido a la vida en unas condiciones tan extremas de sufrimiento y deshumanización. Una vez, en una entrevista le preguntaron a Frankl que cuál era la diferencia entre las personas que son capaces de superar los problemas de la vida y las que no, a lo que él contestó: “el factor determinante es la DECISIÓN. La libertad de tomar una decisión y plantearse «quiero convertirme en esto o aquello».

Pero, ¿es la resiliencia algo con lo que se nace? ¿Aparece de repente? Por supuesto la resiliencia puede aprenderse y como proceso, no es inmediato. Todos tenemos la capacidad y podemos desarrollarla sea cual sea nuestra edad. En 1993, Steven y Sybil Wolin, investigadores de la resiliencia, propusieron sus siete pilares fundamentales, que nos pueden servir como guía para desplegar esta capacidad:

  1. Introspección/ toma de conciencia:identifica cuál es el problema y haz una lista de posibles soluciones. Presta atención a las señales del entorno que pueden darte pistas sobre este problema.
  2. Independencia:establece límites con los ambientes adversos; mantén distancia emocional y física, sin llegar a aislarte.
  3. La capacidad de relación: establece lazos íntimos y satisfactorios con otras personas, en definitiva, aprende a elegir con quién relacionarte, eso requerirá zanjar relaciones.
  4. Iniciativa:exígete progresivamente, ponte pequeños retos que vayan aumentando paulatinamente su dificultad.
  5. Humor: El humor nos ayuda a superar obstáculos y problemas, comienza a darte cuenta de la parte cómica.
  6. Creatividad:dale una vuelta de tuerca a la situación y comienza a pensar de forma distinta a los demás, encuentra refugio en un mundo interior que te permita descentrarte del sufrimiento, que este deje de ser el centro.
  7. Moralidad: toma conciencia de tu capacidad de comprometerte de acuerdo a valores sociales, distingue entre el bien y el mal. Desarrolla la ayuda mutua y la compasión.

Para terminar, la resiliencia no implica la ausencia de sufrimiento ni negarlo, sino que requiere de su aceptación, como dijo Viktor Frankl (1946): “una experiencia traumática es siempre negativa, pero lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. En la mano de cada cual está elegir su opción, que o bien puede convertir su experiencia negativa en victorias, la vida en un triunfo interno, o bien puede ignorar el desafío y limitarse a vegetar y a derrumbarse.”