Ya en la calle el nº 1052

Raspabook publica “Conchi Reconchi y Loli Panoli: El caso de las cabezas sin diadema” de Marta Marbán y Jorge Pozo Soriano

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

JENNIFER FUENTES

Conchi Rechonchi y Loli Panoli: El caso de las cabezas sin diadema es una novela a caballo entre lo infantil y juvenil, para un público a partir de nueve años. Entre sus múltiples objetivos, busca divertir a los lectores más jóvenes y convertirles en detectives para que resuelvan el misterio que asola el colegio Las Azucenas y, al mismo tiempo, reflexionen sobre su propia realidad y las situaciones que viven a diario: los prejuicios, el acoso escolar o la amistad. Jorge Pozo Soriano es el autor de esta original historia y Marta Marbán la ilustra con unos dibujos expresivos con personajes carismáticos que consiguen que nos sumerjamos en Las Azucenas y recorramos junto a Conchi, Loli y Eli sus pasillos.

Con motivo de la Feria del libro de Murcia hemos podido charlar con ambos sobre el libro, sobre el fomento a la lectura en Primaria y Secundaria y sobre cómo a las alumnas investigadoras de Las Azucenas aún les quedan más misterios por resolver.

Jorge Pozo Soriano nació en Madrid en 1985 y es escritor, maestro, poeta y corrector entre otras muchas cosas relacionadas con la literatura y la educación. En 2015 publica su primer libro Lina y sus cuentos animalados y desde entonces ha escrito más cuentos infantiles, novelas juveniles de fantasía y misterio y poesía, por la que ganará el XV Premio Internacional de Poesía Antonio Gala y el Premio Jose Antonio Ochaíta de Poesía. Ahora, comienza la andadura de Conchi y Loli, que espera tener un largo recorrido como saga de libros infantiles.

P: Esta no es la primera vez que Marta y tú trabajáis juntos ¿Cómo os conocisteis Marta? ¿Cómo es trabajar con ella?

Jorge Pozo Soriano: Con Marta me unen las piscinas, y así nos conocimos. Los dos jugábamos al waterpolo y coincidimos trabajando en una piscina, así que la conexión artística nos llegó por la deportiva. Trabajar con ella, y lo digo con el corazón en la mano, es muy sencillo. Lo cierto es que nos comprendemos bastante bien, así que le doy libertad para ilustrar mis historias porque sabe captar a la perfección lo que también quiero contar con sus ilustraciones. Es una artista maravillosa, además de muy buena amiga.

P: Eres maestro de primaria así que seguro que tienes mil anécdotas con chavales de la edad de Conchi y Loli ¿tiene algo que ver tu experiencia como docente con la chispa que dio inicio a esta novela?

JPS: Tiene todo que ver. De hecho, la idea que me empujó a escribir esta saga fue mi propia experiencia en un colegio en el que dos de mis alumnas jugaban a ser detectives. Eso, sumado a otra niña que tenía “millones de diademas” y alguna anécdota más que he ido viviendo, ha hecho que la historia se escriba casi sola.

P: Este proyecto busca un enfoque intermedio entre lo infantil y lo adulto. ¿Hay alguna diferencia a la hora de enfrentarte a un proyecto infantil, juvenil y adulto?

JPS: En mi opinión, sí. Ya no solo por la forma en la que se escribe, sino en dirigirse a uno u otro público. El público infantil es muy, muy exigente, y hay que medir muy bien lo que se cuenta y cómo se cuenta.

P: Conchi y Loli son alumnas realistas en un centro realista y en un universo realista, alejado de la magia y las naves espaciales. ¿Qué te hizo elegir el realismo frente a la fantasía de otras de tus novelas?

JPS: Sin menospreciar la fantasía, que me encanta y la escribo, vi que el panorama literario infantil estaba plagado de magia, de brujas, de monstruos, de criaturas que los humanos hemos inventado. Yo quise escribir una saga con un enfoque, como dices, más realista. Está genial que los niños y las niñas trabajen la imaginación gracias a historias llenas de fantasía, pero creo que también es importante poder lograr que se sientan identificados con los personajes, con las situaciones. La historia transcurre casi por completo en el colegio, que es un lugar en el que pasan muchísimas horas a lo largo de su vida. Quise ocupar ese espacio que vi algo más “deshabitado”.

P: ¿Por qué Conchi Rechonchi y Loli Panoli? ¿Por qué todos los personajes tienen mote, incluso los profesores?

JPS: Quise darle un toque de humor y pensé que jugar con esos motes con rima podría dar resultado. Hice una prueba con mis alumnos antes de intentar publicarlo y se tronchaban de la risa, así que me puse a rimar nombres y llené el libro de personajes con motes. También es una forma de romper ciertos estereotipos y prejuicios, como ocurre con “la Rechonchi” y “la Panoli”.

P: Aunque ya hemos mencionado por encima la importancia que ha tenido en Conchi Rechonchi tu trabajo como docente, ¿cómo crees que influye eso en tu escritura y en tus historias de manera más general?

JPS: Tengo la inmensa suerte de dedicarme a lo que más me gusta en el mundo, que son los niños y niñas. Pasar tanto tiempo con ellos me ha hecho conocerlos muy bien, así que aprovecho todo lo que me enseñan (porque los maestros también aprendemos, y mucho) y trato de escribir historias que puedan gustarles.

P: Hablando un poco más sobre eso… ¿Cómo de necesarias son estas historias para la infancia y la juventud? ¿Qué problemas y situaciones ves en tu día a día en las aulas en las que deberíamos trabajar cómo sociedad?

JPS: Si contestara a esta pregunta desde lo que he ido viendo a lo largo de estos años, podría escribir páginas enteras, así que me voy a centrar en tres aspectos que siempre me han preocupado: el poco tiempo que pasan con su familia; el poco tiempo que la familia les dedica; y una forma de educar en la que parece que todo vale. No quiero entrar más en el tema porque, como te digo, tengo para rato, pero sí veo que se permite demasiado, que las pantallas se han convertido en “niñeras” (y muy peligrosas) y que se está perdiendo mucha calle, mucho juego popular, mucha socialización que, en ocasiones, solo tiene lugar en la escuela. Estamos (están) quitándoles a muchos niños y niñas un tiempo irrecuperable, y eso, mucho me temo, no va a traer nada bueno.

P: Última pregunta, ¿qué consejos le darías a las pequeñas y jóvenes mentes cuyo sueño es el de escribir y contar sus propias historias?

JPS: Les diría lo que siempre digo cuando me hacen esta pregunta: que lean, que lean muchísimo; y que escriban, que no paren de escribir. A partir de ahí, que busquen qué contar y, cuando lo encuentren, pongan sobre la mesa todo lo que han aprendido leyendo y escribiendo, que es la base de cualquier escritor o escritora.

No quiero dejar pasar la oportunidad de darles las gracias y enviarles un abrazo enorme a Asun y Raúl, mis editores en esta aventura, que han sido geniales desde la primera vez que hablamos y que están haciendo un trabajo espectacular. ¡Gracias, equipo!


Dejamos a Jorge entre sus reuniones de evaluación y su imparable imaginación para conocer a la ilustradora de esta novela tan especial, Marta Marbán, que nació en Madrid en 1976 y es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, pero no se queda ahí. Es también profesora de Secundaria y Bachillerato, aportando una visión más amplia al proyecto por su experiencia con adolescentes y apostando por el fomento a la lectura en todos sus ámbitos, y diputada en la Asamblea de Madrid. Además, ha ganado diversos premios por sus grabados y ha ilustrado diversos libros.

P: Jorge ya nos ha contado un poco cómo os conocisteis, pero ¿Cuál es tu versión? ¿Y cómo es trabajar con él?

Marta Marbán: Así fue, trabajando en esa piscina, dando clases de natación a niños y adolescentes. Después se mantuvo la relación en la distancia y a través de terceros, pero es una relación por la que no pasa el tiempo, podríamos volver a la piscina un día cualquiera y pensar que todo sigue igual. ¿Y trabajar con él? Jorge es una persona muy sensible, concienzuda, responsable. Es un lujo tener a tu lado a una persona con tanta energía. Sabe canalizar en los proyectos que se plantea toda esa fuerza interior y encuentra el tiempo que le requieren los distintos proyectos.

P:¿Cómo ha sido el proceso de ilustración de la novela?

MM: El proceso siempre es muy parecido, Jorge me cuenta de qué va la historia, cómo él ve los personajes y finalmente me manda los textos en donde hay una descripción de los mismos. Como la redacción va encaminada a lectores juveniles damos mucha importancia a las descripciones de los (en este caso las) protagonistas y para mí es muy sencillo imaginármelas. Luego se las paso a Jorge y alucina. Supongo que es la parte del proceso más interesante, porque Jorge es el creador ciego de unas personitas que van viendo la luz a través de mis lápices y generalmente el resultado es genial. Pocas veces me dice cómo se la había imaginado él y qué detalles son diferentes. No es que estemos sincronizados, pero sí que creo que nos compenetramos muy bien.

P: ¿Y sigues siempre el mismo o has hecho algo especial aquí?

MM: Esta novela ha sido más compleja y con un gran número de ilustraciones que tenían que seguir una línea de diseño, color y aspecto parecido, así que, mis bocetos en papel están todos en un cuaderno para poder acceder rápidamente a un diseño ya terminado o a unos colores ya marcados. Era importante que las características generales de los personajes se mantuvieran en todas las ilustraciones.

P: Y si pudiéramos echarle un vistazo a ese cuaderno ¿siempre te imaginaste a Conchi, Loli y Eli como han terminado siendo en la novela?

MM: Pues es difícil responder a esta pregunta, porque yo soy de la opinión de que tu trabajo coge forma por sí solo, que tú inicias un proyecto y poco a poco va madurando y no siempre sabes cómo va a terminar. Piensas en unos colores, pero luego no combinan entre sí o alguien te sugiere algo y al incorporarlo cambian otras cosas… pero yo, por mi forma de ser, creo que busco la flexibilidad en todo, me dejo llevar y terminar las cosas a gusto de todos los que han querido aportar.

P: ¿Y con cuál crees que se identificaría más la Marta que iba al colegio?

MM: ¡Uf! Pues yo he hecho mucho deporte siempre y no he estado gordita, afortunadamente mis padres cuidaban mucho mi alimentación, pero sí que soy un poco desastre para muchas cosas, así que, Conchi podría ser mi alma gemela.

P: Alguna vez has comentado que solías trabajar en acuarela y en Conchi Rechonchi nos encontramos con ilustraciones digitales ¿Cómo ha sido en cambiar de un formato a otro?

MM: Realmente ha sido una evolución. Siempre empiezo con un lápiz y un papel en blanco, generalmente doy color con acuarelas o lápices acuarelables y ya desde hace unos años termino mis ilustraciones en formato digital. Las razones son varias: la facilidad para luego llevarlas a redes sociales, la calidad con las que se pueden imprimir y la necesidad de apuntarte al carro de lo digital. Sigo disfrutando manchándome las manos con colores, sigue emocionándome las obras originales en papel, pero no podemos cerrar los ojos al mundo tecnológico y en las ilustraciones pasa lo mismo. Renovarse o morir es el resumen.

P: Este proyecto busca un enfoque intermedio entre lo infantil y lo adulto. ¿Hay alguna diferencia al enfrentarte a un proyecto infantil, juvenil y adulto?

MM: Sí, hay una gran diferencia entre un dibujo dirigido a un adulto o a un niño. Son normas básicas, son leyes no escritas pero por todos conocidas de respeto a la edad del público. Cada vez más el mundo adulto consume ilustraciones y eso es muy bueno, porque nos hace perfeccionarnos, ya que tenemos más capacidad de analizar el detalle como espectador adulto y esos detalles a veces no son buenos, no son positivos o no deben entrar en los parámetros de un mundo infantil. No significa que sea más fácil o más difícil, significa que cada público quiere verse reconocido incluso en el contenido visual. Es interesante adaptar tus ilustraciones al espectador final. Por ello, también acompañar al espectador en el crecimiento personal es un reto. No infantilizar una ilustración que va a ser observada por una niña que inicia su edad preadolescente y hacer que su reflejo en la protagonista sirva como un apoyo más en esa evolución.

P: Entonces… ¿Cuál ha sido la parte más difícil o complicada de este proyecto?

MM: La complicación es conseguir llegar a tiempo, terminar las ilustraciones con las que nos hemos comprometido y que todas ellas tengan el mismo ritmo visual.

P: Por último, comentas que has usado la aplicación Procreate para ilustrar a Conchi y su mundo, una herramienta gratuita y abierta para todo el mundo. ¿Qué consejos le darías a las pequeñas y jóvenes mentes cuyo sueño es el de dibujar e ilustrar?

MM: El primer consejo es dibujar sobre un papel todo lo que se te ocurra y dibujar sin filtro, sin el filtro de lo bonito o lo feo, de lo que establecen los cánones, es decir, los dibujos deformes o los que podríamos denominar feos, para mí, también son bonitos. Yo animo a mis alumnos a dibujar siempre y cualquier cosa, con lápiz, con boli o con medios digitales. Y si además dan el paso de contar una historia con sus dibujos, es perfecto y si además esa historia es algo personal y que les ayuda a entender un momento de sus vidas, mejor que mejor.

En resumen, dibujar es una manera más de expresarse y de contar algo que tienes en tu interior, incluso copiar de otro dibujo o dibujar la definición de un personaje ya descrito es una actividad maravillosa a la que invito a todo el mundo a experimentar. Nadie dibuja mal, es una cuestión de echar horas y con los medios tecnológicos hay más facilidad que nunca en desarrollar auténticas ilustraciones de diez.

 

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