PASCUAL GARCÍA

Si hay un libro diferente, raro y exquisito en el panorama literario español del último medio siglo, ése es, sin duda, el que nos disponemos a comentar, publicado en la década de los setenta y perteneciente a una corriente estética que preconizaba la cultura y el arte por encima de cualquier otra preocupación, el ámbito de lo libresco y de lo universal, alejado de otros intereses de corte más práctico y social, que habían ocupado a los miembros de la generación poética anterior.
El cartagenero José María Álvarez sorprendió a finales de los setenta con la publicación de este poemario, al que le había dedicado más de veinte años de escritura y de corrección obsesiva hasta depurar un estilo único, a veces desenfadado en apariencia, a veces, erudito y libresco y muy culto, a veces canalla y plebeyo y, en tantas ocasiones, aristocrático, soberbio, despreciativo, pero siempre ameno y novedoso. En el poema titulado, Balada para una dama que señalando el mar le dijo: Escriba sobre este acontecimiento, leemos: «El mar rompe en la playa,/ dulcemente, como/ un beso lánguido y terrible/ de mujer fatal.»
La obra destaca, sobre todo, por su originalísima arquitectura formal, basada en una enorme cantidad de citas que, en muchos casos, sobrepasan el tamaño del propio poema, pero que siempre conectan con la idea o el asunto de los versos que ofrece a modo de lenta destilación el poeta cartagenero. El uso de otros idiomas, los collages continuos, la intertextualidad como método poético y el elogio continuo de la literatura y de la palabra van abonando este libro que, pese a su título, constituye un ejemplo muy vivo de la modernidad ecléctica, rica y mestiza que ha informado el arte y la literatura desde la muerte de Franco.
José María Álvarez fue incluido justamente en la nómina de una de las más famosas antologías del momento: Nueve novísimos poetas españoles del crítico catalán, José Mª Castellet. Todos los poetas mostraban las nuevas maneras líricas como una reacción natural y evidente a la generación anterior. Los tiempos habían cambiado mucho en muy pocos años y los nuevos nombres habían recibido influencias de lenguas y culturas diversas y sus intereses se cimentaban en lo estético y en lo cosmopolita. José María Álvarez era un poeta refinado, inteligente, mordaz en ocasiones y con inclinaciones hacia un malditismo elitista. Su libro reivindicaba el gusto supremo por la literatura y el arte universal, fundidos, como un modo de vida, en esta obra que reacciona contra posiciones literarias de corte social y cotidiano: «Indefenso el espejo ante la fama. / Recordarse es/ algo/ muy/ serio.» Pero en el poema Soliloquios vuelve a otorgarnos la clave de este poemario de extraño hibridaje, tan atractivo, sin embargo: «Pasa una puta bella/ como un manantial de luna/ Piensas Mozart Tácito el Partenon.»
Los poemas de José María Álvarez respiran belleza y verdad. Son valientes, son extraños y hermosos y sugestivos como un licor añejo y dejan, al final de su lectura, tras esos sublimes y espléndidos diecinueve nocturnos, una bien nutrida dedicatoria a autores muertos o vivos, a músicos, poetas, filósofos o artistas varios; a personajes reales o ficticios, a héroes cinematográficos o históricos y ponen el colofón a este museo de cera particular y exclusivo, violento y radical como un latigazo en el lomo adormecido de la literatura española.

TÍTULO: MUSEO DE CERA
AUTOR: JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ
EDITORIAL: EDITORA REGIONAL DE MURCIA