ANA FERNÁNDEZ

Con frecuencia, las personas con discapacidad ven fuertemente mermada su capacidad para tomar decisiones. En muchas ocasiones estas han crecido con la idea de que deben ser otros los que deciden por ellos, lo cual les ha privado de cierta libertad para elegir, les ha creado una inseguridad que hoy reluce en forma de miedo, pudiendo tener el sentimiento de que los acontecimientos que les ocurren están fuera de su control o son dominados por el azar u otras personas y mostrando una actitud indefensa, lo que hace que tiendan a guiarse por directrices externas. Esto repercute ya no solo en su falta de oportunidades, de las cuales son merecedores, sino también en su bienestar personal, en su autonomía y determinación, aspectos cruciales para su pleno desarrollo como personas en la sociedad.

Es por esto que parte de nuestra labor como profesionales de atención a personas con discapacidad va dirigida a crear espacios de participación, dónde estos puedan expresar sus opiniones e inquietudes, se sientan y sean escuchados, respetando aquello que decidan y tomando parte activa en las actividades que estructuran su vida.  Para ello, debemos contar con un entorno que les apoye y ser facilitadores, posibilitando así la aplicación de sus competencias en la vida diaria y haciendo efectiva esta participación.

No obstante, es posible que para logar esta meta necesiten más ayudas o apoyos determinados y es aquí donde jugamos nuestro papel más importante, ayudando a la persona a comprender la información y dándole las herramientas necesarias para que cree sus propias decisiones con criterio, mostrándole también que estas tienen consecuencias y que debemos asumir la responsabilidad de nuestras acciones.

La persona que se enfrenta a alguna discapacidad puede no ser consciente de sus potencialidades, capacidades u oportunidades si estos no se promueven desde edades tempranas a través de los diferentes ámbitos en los que participa. En cambio, cuando lo implicamos en las actividades de la vida cotidiana, cuando tiene la posibilidad de elegir entre varias opciones y dar su punto de vista, sintiendo que este se tiene en cuenta, va adquiriendo autonomía y decisión, lo cual le permite buscar una forma de vida acorde con sus expectativas reales, mejorando al mismo tiempo su autoconcepto.

Así, podemos decir que realzar la voz de las personas con discapacidad lleva consigo la fortaleza de la autoestima y la autoconfianza, que son factores críticos en el desarrollo de la autodeterminación.