Francisco Fernández García

FOTOGRAFÍAS: FRANCISCO SOLER GOMARIZ y PEDRO CAÑOTA

Se cumplen dos décadas desde que el pueblo de Calasparra tuvo el gran acierto de incorporar los encierros a su ya consolidada Feria taurina del Arroz. Desde entonces unos nuevos protagonistas han venido a sumarse a la fiesta, los corredores, que constituyen, tras novillos y novilleros, el tercer componente imprescindible para el completo desarrollo del festejo.

Para conocerlos mejor, entrevistamos a Antonio García (Caravaca, 1986), joven pero experimentado corredor, participante habitual de los encierroscalasparreños.

Antonio García García (Foto Pedro Cañota)

Antonio García García (Foto Pedro Cañota)

¿Cómo valoras los encierros de Calasparra?

Si para los novilleros que actúan en su feria ya es duro, para aquellos que vamos a correr también. Exigen mucho, entre nosotros (los que vamos a participar en la carrera) decimos que son “cañeros”, “agresivos”, “puro rock and roll”, muy difíciles y complicados.

¿Cómo nació tu afición a los toros?

Mis padres pertenecen a las pedanías del campo de Moratalla. Durante los veranos siempre iba con ellos a los diferentes pueblos de la zona, especialmente con mi padre, y el acto principal de las fiestas era y es el encierro o la suelta de vaquillas. De ahí surgió todo.

¿Qué te decidió a convertirte en corredor de encierros?

De alguna manera lo llevo dentro, mi padre fue y sigue siendo muy aficionado al encierro, especialmente al de campo, a las veredas. El paso del tiempo y las experiencias vividas me han enganchado, poder medirte a un animal que es peligroso es una satisfacción, algo excitante, pura adrenalina. Muchos pensarán que estoy loco, pero es mi locura.

¿Cómo fue tu primera vez?

Creo recordar que tendría unos 14 ó 15 años, no recuerdo exactamente si fue en el Calar de la Santa o en el Sabinar, pero ya me ponía delante de lo que venía hasta que no podía más y me apartaba.

¿Qué sientes en los momentos previos?

Nervios, incertidumbre de no saber que va a suceder, aunque lleve una idea en mi cabeza, luego es todo una sorpresa. Siempre intento concentrarme mucho y no pensar en nada que pueda desviar mi atención de la carrera. 

¿Y durante él?

Una vez que doy el primer paso y veo venir los toros desaparece todo. Intento colocarme bien, no molestar a compañeros, pero sobre todo buscar la cara del animal, es donde más cómodo me siento. Dominar la situación me da una dosis de adrenalina importante, me hace sentir muy lleno, muy vivo. 

¿Qué características debe reunir un buen corredor?

Yo lo defino siempre como aficionado al encierro. Cada uno, dentro de sus posibilidades, disfruta de correr el encierro a su manera, siendo siempre consciente de la acción que realiza, de donde se mete, de los terrenos que pisa o puede pisar. Para mí, lo principal es el respeto por el Toro y por los compañeros. No considero que una persona esté por encima de otra, en el encierro el protagonista es el Toro.

¿Qué buscas y qué obtienes corriendo delante de un toro?

El encierro es una parte muy importante de mi vida, un gran factor motivacional, me llena muchísimo. Es un pequeño espacio en el que me siento seguro con lo que hago donde puedo desarrollar mis puntos fuertes, mis potencialidades.

 Tu mejor momento

Siempre digo que el mejor encierro es el que termina con un buen almuerzo. Si es verdad que si miro atrás tengo bastantes momentos buenos en la cara del Toro (Pamplona, Calasparra, Onda, etc.), pero siempre me quedaré con los almuerzos, las comidas, las tertulias post-carrera y especialmente con todos los amigos que he hecho gracias a ello, algunos son familia para mí.

¿Y el peor?

Cuando alguien, especialmente si es un amigo, sufre un percance o una cogida. Es una situación que nunca queremos que se dé pero somos conscientes de que está ahí y forma parte del encierro.

Has corrido varios años en Pamplona

Desde 2014, mi primer encierro allí fue un 11 de julio para ser exacto, me cogieron unos amigos y me subieron, hasta ahora. Pamplona es diferente a todo, muchos la llaman “la Catedral”, yo siempre he dicho que es como “la Champions”. Todo aficionado al encierro habla de ella, todos quieren estar allí a pesar de su dificultad. Cada año es más duro, aumenta la rivalidad a la hora de coger toro, mucha gente que va a ponerse delante, preparada y que lo tiene todo muy claro. Por eso, al menos para mí, llena tanto cuando lo consigues, la dosis de adrenalina es tal que no se puede explicar con palabras.

De los que has participado ¿qué otros destacarías?

Muchísimos. Almassora, Vall de Uxó, Onda, San Sebastián de los Reyes, Guadalajara, Elche de la Sierra, Cuéllar…, podría seguir diciendo nombres. Cualquier encierro de los que he estado me ha aportado algo, cada uno de ellos es diferente y creo que eso es lo bonito de esto, si todos fueraN iguales o parecidos no tendrían sentido para mí. Nunca darás con dos encierros iguales, aunque los corras en el mismo lugar.

¿Qué ganaderías o encastes crees que son más idóneos para los encierros?

¿Idóneo? Ninguno. Cualquier toro, sea del encaste que sea o venga de cualquier ganadería, es peligroso. Si es cierto que hay ganaderías que “parecen” ser mejores para poder correr pero eso no quita que sean menos peligrosas, en cualquier momento puede saltar la liebre. El encierro te pone en tu sitio, es una dosis de realidad, la posibilidad de que un toro te pueda matar existe y eso es algo que parece no tenerse en cuenta.

¿Cómo ves el futuro de la tauromaquia, especialmente el de los encierros?

Poco a poco lo veo en auge. Cada vez hay más pueblos que apuestan por este festejo. Miles de personas son capaces de desplazarse a un municipio en concreto para poder disfrutar de su encierro, eso deja un importante activo económico en la localidad para restaurantes, comercios, hoteles, etc. Muchas asociaciones y peñas hacen un gran desembolso para dar un plus a sus fiestas patronales y eso es de agradecer, al igual que los Ayuntamientos y Consistorios que, no ponen trabas, colaboran y aportan todo lo que está en sus manos para realizar estos actos.