Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

El clima de intranquilidad en que se desarrollaba la vida de los caravaqueños a principios de agosto de 1823, con constantes noticias de la proximidad de grupos armados, aceleró la formación de la Milicia Real, ordenándose el lunes 4 el alistamiento «de todos los moradores que sean sean capazes de tomar las Armas» y el requisamiento de todo «el armamento y fornituras» que estuviese en manos de particulares. Aunque no existe constancia oficial de ello, según anotó Pedro Luis de Reyna en su cuaderno «oy cinco ha venido un parte impreso de Murcia, con la agradable noticia de que el Rey esta ya en livertad por haver capitulado Cadiz».
En esa época todavía resistía el ejercito del General Ballesteros, fiel al gobierno legitimo, aunque cada vez más debilitado por las continuas deserciones y abandonos. El 5 de agosto, «entre ocho y nuebe dela noche», se presentó en Archivel un escuadrón de este ejército formado por «veinte hombres con dos comisionados de la Hacienda Militar Nacional, comandados por un teniente». Al resultar su presencia sospechosa, el capellán del lugar dio comunicación inmediata al Ayuntamiento, que decidió enviar una «Partida de Caballería de Realistas de esta Villa, compuesta de diez caballos». La patrulla partió a las 7 de mañana del día siguiente con órdenes de averiguar «la direccion que hubiesen tomado la referida tropa», regresando a media mañana dando escolta al escuadrón, cuyo oficial al mando hizo entrega a las autoridades de un oficio del General Ballesteros con disposiciones para que se le proporcionase «cincuenta mil raciones de pan, e igual numero de etapa compuesta de carne, vino y menestras». Mientras se consultaba a las autoridades provinciales pues se tenían ordenes de no entregar víveres a las tropas nacionales, se dispuso el alojamiento de los soldados, previamente desarmados y custodiadas sus armas en el ayuntamiento, en el castillo y del oficial y los comisionados «en casas de vecinos dela confianza de este Ayuntamiento que observen sus operaciones». No era esta la primera vez que las tropas de Ballesteros se suministraban en Caravaca, entre los casos conocidos figura la adquisición de 1.117 «pares de Alpargates», lo que indica el desarrollo alcanzado por esta industria.
A las 2 de la madrugada del martes 7, se recibió un oficio de la villa de Cehegín, fechado a las 10 de la noche del día anterior, comunicando el pacto alcanzado entre el General Ballesteros y el Conde de Molitor, Jefe del segundo cuerpo del ejército de los Pirineos, mediante el cual cesaban las acciones de guerra entre ambos. También se dio noticia de la captura en La Junquera de un grupo de desertores del ejercito de Ballesteros compuesto por 15 soldados de infantería bajo el mando de un teniente coronel, que iba acompañado de su hijo, además de «un caballo y una yegua, ocho fusiles, ocho bayonetas y seis cartucheras con su correaje». Pero no todo fueron buenas noticias para los absolutistas ese día, ya que algunas horas después llegó otro oficio, esta vez de la villa de Calasparra, informando de la presencia en Hellín de una numerosa partida, compuesta por 500 caballos y 700 infantes, bajo el mando de Francisco Abad «Chaleco», y que habían repuesto en ella a las autoridades liberales y la lápida. La noticia lleno de inquietud a las autoridades caravaqueñas que, para mantener el orden en la villa, procedieron al nombramiento con carácter interino de oficiales de la Milicia.
Francisco Abad, alias Chaleco, fue un notorio militar liberal, que alcanzó gloria y prestigio durante la Guerra de Independencia. Tras salvar la vida milagrosamente en 1820 al triunfar el movimiento liberal de Riego, había sido condenado a muerte por conspirar contra el rey, se reintegró en el ejército siendo nombrado Comandante General de La Mancha, con el grado de brigadier. El destacamento de «Chaleco» estaba integrado en el ejercito comandado por el Coronel Andrés Eguaguirre.
La situación se agravó el 18 al recibirse un oficio de la villa de Moratalla informando que el día 6 a las 7’30 de la tarde, la partida de «Chaleco» había entrado en Socobos y que, al igual que había sucedido en Hellín, habían repuesto al alcalde constitucional y demás autoridades, colocando en sitio público «una tablilla de la Constitucion». Temerosos de que Moratalla corriese idéntica suerte, solicitaron a Caravaca el envió de «quanta gente armada sea posible». La petición fue aprobada, prometiendo en caso de peligro la remisión de 50 hombres, 40 de caballería y 10 de infantería, «con sus gefes correspondientes, los que deveran estar prontos y armados para el primer aviso».
Sin embargo no fue Moratalla el destino de «la columna revolucionaria» de Eguaguirre y «Chaleco», sino Caravaca, donde se presentaron el domingo 16. Conocida la noticia de la inminente llegada de las tropas rebeldes, el ayuntamiento adoptó los días previos diversas «precauciones para la defensa de este Pueblo», contándose para ella con el auxilio del «benemérito vecindario de esta villa, sus Diputaciones y delas comarcanas, Cehegín, Bullas, Moratalla y Calasparra». El ataque fue repelido impidiendo de este modo que «cometiesen a su entrada los desastres y atentados que tenian proyectados por el resentimiento que les habia infundido la justa extinción dela Constitucion». El éxito se atribuyó a los preparativos y experiencia del capitán retirado José Moreno Villalba, recién nombrado Capitán de la Milicia Real de Caravaca, que fue felicitado por la Comandancia General de Murcia. Por su parte, las autoridades caravaqueñas culparon del ataque a la presencia e influencia en la referida partida de Alfonso Melgares, como detalla el informe redactado el 12 de diciembre de 1823 sobre sus actividades políticas: «sin que por ello desistiese todavía el Don Alfonso de procurar sus tentativas para realizar sus indicados designios, reuniendose para ello a la columna de los partidarios Chaleco y Eguaguirre, a quienes efectivamente persuadio la invasión de esta población, acompañandola a ella, vien que no la han podido sorprender como lo intentavan a causa de las noticias que se tuvieron de sus movimientos y aproximación, asi como por la mucha fuerza que se les presento, obligandoles a desistir del proyecto». El 17 hubo un nuevo intento de apoderarse de la villa., pero fueron igualmente rechazados hasta que finalmente desistieron de su empeño y se retiraron, produciéndose algunas capturas, entre ellas la del «mismo Comandante Eguaguirre, quien después logro fugarse y restituirse a su columna».
Desconocemos la localización e intensidad del enfrentamiento, tan solo que hubo «varios muertos y heridos». Durante el mismo pudo suceder algo extraño con la Vera Cruz, ya que Pedro Luís de Reyna anotó en el citado cuaderno el suceso de manera un tanto ambigua: «Chaleco: fue la guerra con él, el 16 (en este se llevó la Ssma. Cruz) y el 17». Basándose en este texto, Gregorio Sánchez Romero planteó la posibilidad de que en el transcurso del combate hubieran podido los atacantes apoderarse en algún momento de la Cruz; personalmente no creo que esto sucediera ya que, de ser cierto existiría algún documento al respecto o se hubiera recogido en las historias y tradiciones locales, al igual que otras sustracciones, ya fueran verídicas o no. Por el contrario, todos los testimonios conocidos coinciden en que se les impidió la entrada y la que la columna solamente «trato de acometer a esta Población». Idéntica información es la que aparece en el informe de los comisionados sobre «los servicios hechos por esta villa y su vecindario, para evitar como se evito la entrada en esta Población de la Columna que se decia comandada por Chaleco», el memorial del ayuntamiento de 1 de agosto de 1825 para el reintegro de los fondos utilizados «para los gastos que ocurrieron en aquellos primeros momentos de efervescencia de este vecindario, por su espiritu decidido por el Rey Nuestro Señor y que esta Corporación coadyuvó a tan laudable fin, principalmente en aquellos primeros Meses en que era indispensable fomentar estas ideas para conserbar a los enemigos del Altar, y del trono; cuales fueron en las ocasiones dela entrada de Chaleco, o Egoaguirre con su Division, la que fue rechazada», el recibo expedido por Pedro Bernardo de Mata en 1828 «por la invasión que trato hacer en esta Población la Columna de tropas enemigas comandada por Eguaguirre» o el mencionado informe sobre las actividades políticas de D. Alfonso Melgares. Por lo tanto, pienso que no existió tal sustracción y que la anotación pudo referirse al traslado de la Cruz a algún lugar reservado para asegurar su protección.
El día 18 Eguaguirre capituló ante el comandante francés del Tercer Escuadrón de Dragones, con lo que se pacificó el territorio; no obstante, algunos días después se propagó el rumor de que «la columna revolucionaria» se dirigía a Murcia para intentar acogerse al indulto prometido por el Duque de Angulema y que entre sus filas figuraban los caravaqueños Alfonso Melgares, Juan y José Escalante, Antonio Ufano y Antonio Talavera. Al confirmarse la noticia, se produjo «cierta fermentación en este vecindario por la maldad de estos enemigos del trono y del altar», por lo que el día 28 el ayuntamiento solicitó al Comisionado Regio de la Provincia la adopción de medidas para «impedir que dichas personas se presenten en esta poblacion».

Continúa la próxima semana.