Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Los sucesos que a continuación se relacionan tuvieron lugar en el verano de 1823, momento de gran trascendencia política, ya que tras tres años de gobiernos liberales, se regresó de forma brusca al sistema absolutista, en una especie de golpe de estado en el que los contrarrevolucionarios contaron con el apoyo de la llamada Santa Alianza, formada por Austria, Rusia, Prusia y Francia, cuya ayuda se materializó en el ejército facilitado por este último, conocido como «Los cien mil hijos de San Luís», y el consentimiento velado de Fernando VII que, aunque oficialmente se mantenía al lado del gobierno, conspiraba en secreto para regresar al absolutismo.
Los rumores sobre la posible invasión francesa que recorrían la nación llegaron finalmente a nuestra población, donde a mediados de marzo de 1823 se registró el curioso ofrecimiento realizado por 12 particulares para «armar y mantener por dos meses a 140 valientes de su pueblo en el caso de invadir los franceses la península». No obstante, no sería hasta comienzos de abril cuando el ejercito francés bajo el mando del Duque de Angulema cruzó la frontera, lo que produjo el traslado del gobierno, primeramente a Sevilla y posteriormente a Cádiz, llevando consigo al rey, al que mantenían como rehén.
Las noticias de los avances absolutistas circularon con rapidez intranquilizando a la población, por lo que el 1 de mayo tuvo lugar en nuestra ciudad una reunión para establecer posibles acciones contra los invasores a la que asistieron los alcaldes mayores y los comandantes de las Milicia Nacional de Caravaca, Cehegín, Mula, Bullas, Pliego, Calasparra y Singla; por su parte, el 8 de mayo el ayuntamiento de Caravaca «acordo la publicación dela Guerra con la Francia, haciendose con la mayor ponpa, y personal publica asistencia de todo el Ayuntamiento Constitucional».
El triunfo de la contrarrevolución y sus consecuentes cambios se vivieron en Caravaca con cierta agitación, aunque no conocemos los hechos con exactitud al faltar las actas municipales anteriores al 22 de julio puesto que, unidas a las redactadas durante el periodo liberal, fueron remitidas a Murcia para la investigación y depuración de ciertos sucesos, sin que nunca más se volviera a saber de ellas. Sin embargo, contamos con un documento excepcional que nos aporta información sobre lo sucedido; se trata de un cuaderno de cuentas redactado por D. Pedro Luis de Reyna entre los años 1821 y 1829, en el que junto a anotaciones domésticas y comerciales, reseña algunos sucesos de transcendencia nacional y local. Según su testimonio, el 7 de julio de 1823 llegaron las tropas francesas a Murcia provocando el abandono de las autoridades; en Caravaca, para evitar el vacío de poder, se constituyó un ayuntamiento provisional que celebró su primera sesión tan solo tres días después; pese a ello, el domingo 13 se sucedieron desordenes y altercados que determinaron la marcha de destacados elementos liberales: «Franceses: en Murcia entraron el 7 de julio. El 10 huvo Ayuntamiento con los Regidores antiguos y demas personas sobre la defensa del Castillo. El 13 se entrego Lorca: en el mismo se amotino el Populacio de Caravaca y persiguieron a Escalante por Santa Barvara; y después fueron a buscar a Don Alfonso: esto no fue cierto». Este último era Alfonso Melgares y Marín, al que sus enemigos llamaban despectivamente «El Rey de Caravaca», principal líder del movimiento liberal en Caravaca y alcalde constitucional durante el año 1821. En cuanto al otro, desconozco a cual de los dos hermanos así apellidados se refiere, José y Juan, ambos también significados liberales. Los tres se marcharon de Caravaca, uniéndose a partidas liberales «luego que supieron que se acercavan las tropas francesas, y se fueron a tomar las armas y reunirse con los Constitucionales».
En la mañana del 26 se recibió una circular de la Junta Militar de Auxilio y Defensa de la Capital ordenando la reposición en sus cargos y oficios de las autoridades, miembros del ayuntamiento y funcionarios «que existian antes del siete de marzo de mil ochocientos veinte», fecha del cese del ayuntamiento absolutista, en virtud de la cual se dispuso la celebración inmediata, ese mismo día a las cuatro de la tarde, de una sesión para legitimarla, conformándose así una nueva corporación, también provisional, que contaría a partir del día siguiente con el apoyo de una Junta auxiliar integrada por un representante del vicario y diversos vecinos creada para «que en union con dicho Ayuntamiento contribuya al bien y felicidad del Pueblo, iluminando con sus ideas a esta Corporacion».
A pesar de ser domingo, el 27 fue un día de intensa actividad, pues además de la constitución de la Junta, tuvo lugar una reunión del ayuntamiento en la que se decretó la realización de diversos actos para celebrar la restitución absolutista, incluyendo una procesión cívica con el retrato del rey y con un cañón disparando salvas, así como la retirada y destrucción de la lápida colocada en la fachada del consistorio que honraba la constitución liberal: «Reunidos la Junta con el Ayuntamiento y concurrencia de todos los señores que quisieran hacerlo a tan plausible acto seha sacada la Piedra o Lapida, procediendo sin formalidades de estilo, y que inmediatamente sea rota y quemada; que concluida esta operación todos reunidos en Cuerpo con la Musica se pase a la unica Parroquial precedido el recado de atención al Señor Cura para que reunido el clero y puesto de manifiesto el Señor Sacramentado, se cante un Solemne Tedeum en accion de gracias por el fabor que ha dispensado. Que concluida esta Religiosa funcion se saque el Retrato de Nuestro amado Monarca el Señor Don Fernando Septimo, y con la mayor pompa y majestuoso aparato sea conducido en Procesión por la carrera, acompañado para mayor solemnidad un Cañón Violento que sera disparado aciertas distancias de la misma». Los actos, respaldados por la Junta auxiliar, se celebraron sin incidentes, «con grande alegria del Pueblo» en palabras del referido Pedro Luis de Reyna.
Las actuaciones prosiguieron el lunes 28 con la toma de posesión como alcalde mayor del Licenciado Bernardo José Hervás, que era el que había ocupado el cargo hasta 1820, pero al surgir varios inconvenientes en su composición, la constitución se realizó con carácter interino hasta la próxima venida del comisionado regio. Mientras tanto y ante las noticias de que muchos liberales, incluyendo los huidos de Caravaca, se habían concentrado en Socobos, amenazando así la seguridad de las poblaciones cercanas, se procedió a la urgente formación de la Milicia Real, solicitándose el día 30 el envío desde Murcia «de trescientos hombres, que reunidos con la dicha Milicia Real, tanto este Pueblo, como delos inmediatos Moratalla, Calasparra, Cehegín y Bullas, procedan al exterminio y total separacion de semejantes cuadrillas de facciosos, como traidores a Su Majestad». Al mismo tiempo se dio orden de investigar y detener a los «sospechosos de no querer el actual Regio Gobierno», de los que se tenía constancia que mantenían reuniones, facilitaban información a los escapados a Socobos y escondían fusiles, acordándose igualmente la inmediata requisa del armamento de la Milicia Nacional de Singla.
El comisionado regio, D. Aquilino López Ansaldo, llegó a Caravaca el 31 de julio, siendo «recivido con el mayor aplauso», por lo que al día siguiente, 1 de agosto, tuvo lugar una sesión del ayuntamiento para proceder a su constitución, con carácter también transitorio en tanto tenía lugar la definitiva, siendo nombrado alcalde mayor interino el vecino de Caravaca Licenciado Juan José Hervás, poseedor del título de alcalde mayor de la villa de Pozuelo de Calatrava, que ocupó el cargo hasta el 11 de septiembre en que volvió a ser nombrado alcalde mayor el referido Bernardo José Hervás. López Ansaldo había ocupado con anterioridad el oficio de Administrador de Rentas del Partido de Caravaca, marchándose tras sufrir diversos atentados y ofensas, entre ellas su abofeteamiento público por José Escalante en la puerta de la parroquial, «que no se atrevio a replicar».
El sábado 2 prosiguió la actividad en el consistorio, cursándose oficios a los ayuntamientos de Moratalla, Calasparra, Cehegín y Bullas proponiendo la posibilidad de auxiliarse mutuamente en caso de peligro, ordenándose asimismo la colocación de bandos en los sitios acostumbrados aconsejando a los vecinos que se mantuviesen alerta e indicando que se avisaría de cualquier peligro mediante un toque continuado de la campana del reloj «sea la hora que quiera del dia o noche». También se decretó la colocación de bandos y edictos instando a los huidos a regresar a sus hogares y presentarse ante la Real Justicia, que sería quien vigilaría sus conductas. La semana concluyó el domingo 3 con la celebración en la parroquial de El Salvador de una solemne ceremonia de acción de gracias «por tantos veneficios como estamos recibiendo dela divina misericordia». Fue una jornada de júbilo, en la que los absolutistas dieron rienda suelta a su alegría durante los actos: «fue un vitor, por las calles; publicandose en los sitios publicos el yndulto del Duque de Angulema de fines de julio, ofreciendo seguridad a los profugos, y proteccion; pero esto tiene muchas limitaciones».

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