LAURA CABALLERO ESCÁMEZ/PSICÓLOGA

Ser mujer implica, aún en la sociedad de hoy, asumir distintas responsabilidades que pueden afectar al equilibrio físico y psicológico. Como ejemplo tenemos la que se llama “doble e incluso triple jornada”, por un lado, trabajar fuera de casa, por otro todo el trabajo dentro de casa incluida la crianza de los hijos y en tercer lugar la labor de mantener redes afectivas y sociales.  A eso hay que añadir la presión social a la que se ve sometida la mujer de ser perfecta, bella, delgada. La incorporación de la mujer al mundo laboral en los últimos años ha supuesto una revolución en muchos sentidos y todavía estamos lejos de que el reparto de tareas domésticas y la crianza de los hijos sea igualitaria y esto repercute evidentemente en la salud de la mujer. Así que es común que muchas mujeres acudan a una consulta de psicología en busca de ayuda por la sobrecarga que llevan Esto por supuesto no quiere decir que el hombre no se estrese o no tenga motivos para ello, sino que es un perfil bastante común en consulta.

Muchas mujeres tienen numerosas fuentes de estrés que hacen que no puedan realmente desconectar y esto tiene unas consecuencias para la salud muy importantes. Hacer frente al estrés nos permitirá llevar una mejor calidad de vida», en primer lugar, hay que tener en cuenta el ABC del autocuidado, que en cualquier situación es necesario: comer sano, dormir bien y hacer ejercicio, alejarnos del tabaco, café. Además. hay otra serie de pautas que sería importante seguir:

-Reconocer y aceptar las cosas que no se pueden cambiar, dejarlas ir. Por ejemplo, no se puede cambiar el hecho de tener que conducir durante un tiempo determinado, pero se pueden buscar maneras de relajarse en el trayecto, como escuchar nuestra música preferida.

-Cambiar la perspectiva. Intentar desarrollar una actitud más positiva frente a los desafíos. Hay una parte que indudablemente deberemos aceptar, pero siempre podemos trabajar por ver las cosas de una forma adaptativa.

-Aprender maneras de relajarse. Ayuda a disminuir el ritmo cardíaco y reducir la presión sanguínea. Existen muchas maneras, desde respiraciones profundas y meditación, hasta yoga.

-Conectarse con los seres queridos. A pesar de la situación que estamos viviendo, siempre podremos encontrar formas de no perder el contacto para no dejar que el estrés se interponga en la vida social. Pasar tiempo con familiares y amigos puede ayudar a sentirse mejor. Es importante no aislarnos y confiar en nuestras amistades más cercanas también.

-Aprender a decir que no. Si el estrés se origina por realizar demasiadas tareas en casa o en el trabajo, establecer límites es fundamental para equilibrarnos. Podemos revisar el artículo sobre aprender a decir NO.

Cuidar el descanso. Conviene que las horas previas al inicio del sueño sean un camino hacia la relajación: no hay que revisar el correo electrónico ni dedicarse a trabajos que requieran tensión física o emocional.

– Repartir las tareas y delegar. La corresponsabilidad de toda la familia beneficia a todos sus miembros. Realizar todas las tareas de subsistencia es una carga injusta y dolorosa para las mujeres.

– Disponer de tiempo personal. Sabemos que es muy difícil en ocasiones sacar tiempo, pero es fundamental para combatir el estrés.