JUAN GUTIÉRREZ GARCÍA

Desde hace unos meses, los vecinos de Mula viven con preocupación el rumor que corre por el pueblo con el posible cierre del Real Monasterio de la Encarnación de Monjas Clarisas. La incertidumbre sobre su continuidad tras el reducido número de monjas, es tema de conversación y preocupación entre los muleños.

Real Monasterio de la Encarnación

Real Monasterio de la Encarnación

Desde hace algunos años, la comunidad de monjas de Mula (y en otros muchos lugares), viene sufriendo la baja vocación femenina a la vida contemplativa en clausura poniendo en riesgo la continuidad de religiosas del convento muleño. Hasta ahora, esta falta de vocación ha ido supliéndose en los últimos años con religiosas venidas de otros continentes. De hecho, el 23 de abril de 2017 profesaba Sor Cecilia del Señor Misericordioso, natural de Kenia. Esta práctica de captación es criticada por el papa Francisco en la nueva Constitución Apostólica «Vultum Dei Quaerere» (La búsqueda del rostro de Dios), sobre la vida contemplativa femenina publicada el 29 de junio de 2016: «…hay que evitar en modo absoluto el reclutamiento de candidatas de otros Países con el único fin de salvaguardar la supervivencia del monasterio». A esto hay que añadir las dificultades económicas que no son pocas. Atrás quedaron aquellos tiempos pletóricos en que el convento albergaba el máximo de monjas permitidas por sus estatutos.

«La vida contemplativa es una forma privilegiada de anunciar a los hombres la llegada del Reino y de invitarlos a la conversión. Si un monasterio contemplativo es fiel al Espíritu plantea constantemente a los hombres interrogantes muy profundos sobre el sentido de la vida y de la muerte, la esperanza y el amor, el sufrimiento y la alegría, el tiempo y la eternidad». (clarisasdemula.blogspot.com)

Con la orden «Vultum Dei Quaerere» y sobre todo, la instrucción sobre la vida contemplativa «Cor Orans» (Corazón Orante), el funcionamiento de los monasterios de monjas da un vuelco. Desde el día de su publicación el 1 de abril de 2018, los conventos tenían el plazo de un año para adaptarse a las instrucciones dadas en «Cor Orans», salvo los que hayan obtenido una prorrogativa. A partir de aquí, los conventos, independientemente del número de religiosas, tienen que federarse con el fin de formar una fuerte estructura en común dirigida por una presidenta que será la máxima responsable de estos conventos federados. Aunque no es de obligado cumplimiento, las federaciones se configurarán atendiendo a un criterio geográfico para que no haya mucha distancia entre ellos. Los conventos federados, a ser posible, serán de la misma congregación.

«La Federación está constituida por varios monasterios autónomos que tienen afinidad de espíritu y de tradiciones y, si bien no están configurados necesariamente según un criterio geográfico, siempre que sea posible, no deben estar geográficamente demasiado distantes.» (Cor Orans).

La medida obliga a los conventos con pocas monjas a la federación si no quieren desaparecer cuando su comunidad sea inferior a cinco monjas. La federación le permite, entre otras cosas, la movilidad de monjas de un convento a otro para mantener el número de religiosas exigido, también ayuda económica y espiritual. El plazo para esta fusión de monasterios en federaciones terminó el pasado 1 de abril de este año 2019.

Sin embargo esto no es nuevo. En 1950, el papa Pío XII en su Constitución Apostólica Sponsa Christi (Novia de Cristo), invitaba a los conventos a federarse para solucionar estos problemas de carencia, aunque no parece que la medida surtiera mucho efecto, desde entonces se han cerrado cientos de conventos en el mundo católico.

«Entre los criterios que pueden contribuir a determinar un juicio respecto a la supresión de un monasterio, después de haber analizado todas las circunstancias, deben considerarse, en su conjunto, los siguientes: el número de monjas, la edad avanzada de la mayor parte de los miembros, la capacidad real de gobierno y de formación, la falta de candidatas desde hace varios años, la ausencia de la vitalidad necesaria al vivir y transmitir el carisma en una fidelidad dinámica». (Cor Orans)

Llegado a este punto la pregunta que muchos nos hacemos es: ¿en qué situación se encuentra el convento de Mula? La sensación general en el pueblo es que el convento está cerca de desaparecer. El inesperado abandono de la comunidad por parte de la madre abadesa hace unos cuantos meses, ha dejado el convento muleño en una situación de emergencia. Este contratiempo me fue confirmado por una de las monjas en una conversación mantenida hace un par meses. También que solo quedaban cuatro hermanas y desconocía que iba a pasar ahora. Su rostro expresaba la preocupación de un futuro incierto.

Por «fortuna», el convento de Mula forma parte de la Federación del Inmaculado Corazón de María (Cartagena-Murcia) desde 1956. Ésta aglutina catorce monasterios de las provincias de Albacete (2); Alicante (2); Almería (1); Cuenca (1); Granada (1) y Murcia (7). Aunque no se exceden, la mayoría de ellos tienen suficiente comunidad para ceder alguna monja. ¿Entonces, para qué sirve? Algo falla en dicha federación para que el convento de Mula tenga que recurrir al noviciado de extranjeras, que en muchos casos no ha cuajado, para cubrir el mínimo de religiosas exigido. Lo más razonable habría sido que desde dicha federación, que para eso se formó, se hubiese ordenado el traslado de alguna monja para cumplir con el número requerido y evitar el posible cierre del Real Monasterio de la Encarnación de Mula. Cabe destacar que los conventos de Santa Clara de Murcia y Hellín tienen un convenio de traspaso de monjas al margen de la federación. (La Opinión 5-03-17)

A día de hoy se desconoce la situación real en que se encuentra la comunidad de religiosas. El temor del pueblo es que se deje caer el convento de Mula para reforzar el de Caravaca (o cualquier otro) con las monjas y Santa Espina. Ya ocurrió en 1979 con las monjas del asilo de ancianos. Su cierre sería un duro golpe, el pueblo siente el convento como suyo, no en vano se fundó por deseo de los muleños y el edificio fue construido con la limosna de los vecinos y cinco años (1680-85) de trabajo caritativo en favor de la comunidad religiosa. (Archivo Municipal Mula)

La resolución final parece estar cerca. El pueblo, los vecinos quieren la continuidad de las monjas, pero la decisión no está en manos de los muleños. En caso de cierre, el inmueble puede quedar en estado de abandono y, cansado por el peso de los siglos, puede entrar en ruina en no muchos años, de ello se encargará el vandalismo. Para evitar esta ruina, el emblemático edificio protegido como BIC debe seguir con vida interior. Ideas no han faltado para darle un destino social. Una sería que el monasterio fuese cedido por la Iglesia a la Comunidad Autónoma junto con su ajuar, es decir: muebles, cuadros, imágenes y otros útiles propios del edificio, para destinarlo como atractivo turístico. Pero sin duda, bajo mi punto de vista, la solución más viable (siempre y cuando se cierre) es que el convento sea destinado como Parador, esto daría un empuje económico muy importante a Mula.

«Los bienes del monasterio suprimido, respetando la voluntad de los fundadores y de los donantes, se trasladan con las monjas que aún quedan y se distribuyen, de forma proporcional, en los monasterios que las acogen, salvo otra indicación de la Santa Sede que puede disponer, en cada caso, la parte de los bienes destinados a la caridad, a la Iglesia particular donde está el monasterio, a la Federación y al “Fondo para las monjas»». (Cor Orans)

Con el cierre de la vida conventual, el barrio de las Monjas no será el mismo y afectará considerablemente a algunas tradiciones muleñas, si el templo también es cerrado al culto. Aparte de la desaparición de la Santa Espina y visitas al Señor de la Escalera, se verán seriamente afectadas las romerías del Niño y la procesión del Resucitado que tiene su sede en la iglesia del convento. Incógnitas que el tiempo, no muy lejano, se encargara de desvelar.