Ya en la calle el nº 1047

La capilla del Salvador, precedente lejano de la Banda de Música

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

José Antonio Melgares, Cronista Oficial de Caravaca y de la Región de Murcia

Aunque sólo sea una teoría de campo, basada en deducciones de las noticias que proporcionan los documentos municipales de nuestro Archivo, y los notariales del Archivo Histórico Regional, me atrevo a afirmar que la más antigua comunidad musical de la ciudad de Caravaca, y por tanto el más remoto precedente de nuestra Banda de Música, cuya actividad tal como hoy la entendemos comenzó en los años posteriores al ecuador del S. XIX, fue la conocida documentalmente como CAPILLA MUSICAL DEL SALVADOR, o conjunto de personas que se agrupaban bajo la dirección de un MAESTRO DE CAPILLA, elegido a veces por el Ayuntamiento, o por el Vicario de la Orden de Santiago, según las épocas y según, también, las buenas o malas relaciones entre ambos.

La misión fundamental de la “Capilla Musical” era solemnizar los actos litúrgicos celebrados en el templo mayor. Sin embargo, participaba también en actos propios de cofradías y hermandades, procesiones e incluso entierros, cuando era contratada para ello por la familia del finado, o cuando éste era familiar directo de uno de los músicos.

El “maestro” tenía la obligación de enseñar a tocar los instrumentos a educandos o aspirantes a músicos. El 1 de enero del año 1700, fecha en que celebró el Concejo la ”elección general de oficios” correspondiente a ese año “…se eligió como maestro de capilla y sacristán mayor de la parroquial a Antonio Haro, quien al día siguiente presentó un memorial (un escrito) en el que solicitó se le den a los niños que asisten a la capilla, la cantidad que pareciere conveniente, señalándose a cada uno de ellos cien reales anuales. A los músicos casados se les diera por libres de los repartimientos y un real a cada uno”. Es decir: a los músicos casados, con evidentes obligaciones familiares, se les declarara libres de impuestos municipales, y además se les pagara un real.

La capilla musical participaba en las procesiones, como he dicho, contratada por las cofradías y hermandades locales. El historiador caravaqueño Martín Simón de Cuenca Fernández-Piñero, en su “Historia de Caravaca”, publicada en 1722, se refiere a la procesión del Baño de la Stma. Cruz, cada tres de mayo, diciendo entre otras cosas: “…La Procesión del Baño regresa desde el Bañadero al Salvador haciendo estación (deteniéndose) en el convento de los Frailes Carmelitas, Casa Tercia del Comendador e iglesia de la Compañía de Jesús, mientras la música de la Capilla de esta Villa canta algún villancico”.

Hay noticias anteriores a las fechas mencionadas en que se alude a la Capilla de la Parroquial, y su participación en eventos de carácter religioso. Del 29 de enero de 1525 conocemos el acta del cabildo celebrado por la cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción y S. Juan de Letrán, con sede en la hoy parroquia de la Purísima. En ese cabildo se trató, por los asistentes al mismo, concertar con el maestro de capilla Francisco Baquedano “hacer las festividades de Ntra. Sra. de la Concepción, S. Juan y Sta. Ana. Y los misereres de toda la cuaresma, y la procesión del Jueves Santo, asignándole por todo ello seis ducados. Así mismo se determinó que a los cantores que vienen a cantar en las festividades que hace esta casa, se les de por cada festividad, a los cantores y al bajo 8 reales por cada miserere, y en el Jueves Santo, a estos mismos 18 reales” (El músico que tocaba el “bajo” en aquel momento en dicha Capilla era el caravaqueño Vicente Cebrián).

Los instrumentos con que intervenían los músicos en la Capilla eran de su propiedad, o de la propiedad del templo. Lo deduzco de la donación testamentaria de uno de ellos, en febrero de 1719. Se trata de Juan Francisco Ordóñez Torrecilla, quien dice textualmente en su testamento que “…después de mi fallecimiento se le de a la Parroquial de esta villa, para que sirva en ella, un arpa grande y una chirimía (especie de clarinete) que tengo mías propias”.

La capilla llegó a tener personalidad jurídica propia, y también bienes materiales a su nombre, gracias a donaciones testamentarias de los propios músicos o benefactores de aquella. En septiembre de 1774, el maestro de capilla, a la sazón José Torrnel y Torres, y los músicos de la misma Francisco Ladrón de Guevara, Sebastián de Zafra Francisco García Pérez, se hacen cargo, mediante escritura pública celebrada ante el escribano local Alfonso Melgares Segura, de una casa en la Cuesta del Castillo, frente a la iglesia de La Soledad, propiedad de Catalina Eugenia Fernández Mena, “con la condición de que por dicho cuerpo de músicos se canten solemnemente dos salves a la Reina de los Ángeles María Santísima, en sus festividades del día de la Asunción y el del Dulce Nombre de Jesús, perpetuamente”.

Entre los maestros de capilla de que tengo constancia, mencionaré a Francisco Baquedano, quien lo era en 1594. Antonio Haro (1700), José de Carrascosa (1707), José Muñoz (1738), Martín Quintana (1739), Antonio Nieto Marín (1740), Miguel Navarro (1756), José Tornel y Torres (1777), Francisco Cándido Santiago, de Murcia (1789), Lorenzo García Marín (1790); el lorquino Ceferino García Alcaraz (músico tenor de primer coro de la Colegiata de Lorca, 1790). El cargo debía estar bien remunerado, pues a la convocatoria del Concejo, o de la propia Iglesia Mayor, concurrían músicos reconocidos de Murcia y Lorca en los últimos años del S. XVIII.

Para finalizar diré que capillas musicales de esta naturaleza aún se conserva una en la localidad granadina de Huéscar, la cual participa anualmente en la procesión eucarística del Corpus Cristi. Llevan un órgano de realejo sobre una plataforma con ruedas y en cada parada de la misma, ante los altares callejeros montados por los vecinos, músicos de la banda municipal y cantores, entonan antiquísimas melodías sacras como las que sin duda se interpretaban por la capilla de la Iglesia Mayor del Salvador hasta la “desamortización” de Mendizábal, a partir de 1835, en que tantas cosas desaparecieron. A partir de entonces comenzaron a formarse y tener protagonismo las actuales Bandas de Música.

Dedico este texto, con todo mi afecto, al director y componentes de la Banda de Música de Caravaca, con motivo de la festividad de Sta. Cecilia, su celestial patrona.

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