Ya en la calle el nº 1047

La búsqueda de la hermosura, por José Blanc

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

La búsqueda de la hermosura, por José Blanc
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El viejo Zorba susurraba a la mañana que la tarea de la vida tiene mucho que ver con la gestión de las emociones, con la actitud que adoptamos a la hora de percibir los acontecimientos. ¿Por qué un mismo acontecimiento provoca en cada uno reacciones diversas? ¿No es, acaso, el mismo acontecimiento? ¿No acaece, ante quienes lo observan, supeditado a las mismas reglas de espacio, tiempo y oportunidad? Las emociones suelen gastarnos bromas pesadas cuando no atinamos a gestionarlas de manera adecuada. Y esto ocurre porque, en nuestros días, cada vez más, el hombre se disocia pertinazmente de la poesía, de la búsqueda de la hermosura y la felicidad. Ese es el punto al que aboca la moda. Parte de ello lo hemos heredado de la Ilustración, ese momento preocupante, ese punto de inflexión en que la historia y la cultura se encaminaron hacia la vorágine de la horizontalidad, de lo plano; eso sí, invistiéndose con el sayal de la igualdad, el chaleco de una supuesta fraternidad y la expresión —más bien entelequia— de una ya de antemano mancillada libertad. Hoy sabemos, sin embargo, que plantear la promoción de las personas solo desde la perspectiva de la capacidad de asimilar conceptos empobrece enormemente las posibilidades educativas. Pero el daño ya está hecho. Ayudar y enseñar a descubrir las potencialidades y las capacidades personales, aprender a gestionar la inteligencia adaptando las emociones a las situaciones de aprendizaje, ayudar, en definitiva, a ser felices y hacer felices a los demás, es, con diferencia, el objetivo general pendiente de ser dictado en los currículos educativos oficiales. Me reitero —me gustaría no haber llegado a esta conclusión— en que nos disociamos pertinazmente de la felicidad y de lo bello. Lo bello se nos presenta empaquetado, cubierto de envoltorios que nos despistan. ¿Adónde han marchado los hados de la belleza? Indagar acerca de las posibilidades de la poesía debería enseñarse en las escuelas. ¿Cómo habitar esta tierra sin escudriñar los enigmas de la hermosura?

Siento la poesía como una experiencia mística que me insta a cada instante a ojear la belleza de las cosas. Me cuesta más trabajo, sin embargo, percibir y avizorar la belleza de los sentimientos. No abunda. He de ponerme pronto a la faena, pues la tarde está cayendo. Me apresuro a terminar el paseo. ¿Por qué un simple paseo por el campo acontece —para mí— como algo sublime? Hoy por hoy, me parece que no hay nada que me revierta más placer que un paseo por el monte, solo, a solas con el espíritu que mueve el mundo, respirando muy hondo la energía que fluye de Dios. En las colinas y revueltas del campo me adhiero a una especie de transfiguración que hace sentirme fuerte y me ayuda a repeler los embates que me propina el mundo cuando bajo a la planicie, tan solo un poquito más tarde. Fui sueño de ermitaño y proyecto de anacoreta.

La brisa de esta tarde me enamora.

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6 comentarios

  1. Sí, Pepe, No recuerdo qué escritor ruso lo dijo: el hombre se salvará por la belleza. Y lo peor es que en nuestra cultura esta se queda al margen. Al margen de la plástica, al margen de la palabra, al margen del pensamiento, al margen de la creencia,… Muy al margen.

    Todos tenemos un poco de ermitaños y anacoretas, pues vivimos en una “soledad poblada de aullidos”, donde al otro no se le ve ni se le escucha, ni se le esñpera.

    Un paseo, solo o acompañado suscita siempre imaginación, comunicación, admiración, deseos de dar gracias por tanto,comentar, expresar sentimientos,… Nuestros alrededores son fuente inagotable de belleza. Yo cada sábado que salgo a nuestros montes me quedo perplejo. He perdido mucho el tiempo sin disfrutar ese aire, ese árbol, ese valle, ese altozano, esa senda, esa umbría, ese trino cada vez más escaso, pues hasta los pájaros desaparecen con inusitada frecuencia. No tendría que ser nuestra querida naturaleza una tumba de silencio, sino un canto permanente.

    Gracias, Pepe,por tu visión.

    José María Robles

    1. Gracias por tu comentario, José María.
      Yo lo planteo de forma poética, quizá como efecto amortiguador, pero la disociación pertinaz del hombre respecto a lo bello, es algo grave en cuanto a las expectativas de felicidad del ser humano

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