MANUELA SEVILLA

La figura de Juan Pelotero se encuentra asentada en los recuerdos de los calasparreños, especialmente de una “cierta edad”. Recuerdos alojados en una parcela de la memoria que nos reviven sentimientos de alegría, de chiquilladas… olor a toñas y mantecados, a la lumbre del hogar en diciembre…
Un personaje sin rostro conocido, porque siempre llevaba la cara pintada de tizne, azulete o yeso según lo que tenía más a mano, vestido con ropas viejas y grises, que llevaba su vara de mando por un día, representada en un palo con una soga de esparto y al final una pelota de trapo cosida y rematada con unas puntadas de guita. Paseaba por el pueblo, la mañana del 28 de diciembre, con toda la chiquillería detrás, algunos no tan pequeños, jaleándolo y diciéndole quién tenía que ser su próxima víctima. El juego consistía en que Juan Pelotero le decía a un ciudadano “sueltas o te doy”, el desventurado podía salir corriendo y que no lo pillara, bien aguantarse y que le soltara un pelotazo sin hacerle daño, o bien pujar más alto por otra persona diciéndole “te doy dos reales si vas a pegarle a fulanito”… así se desarrollaba el enredo-broma que duraba toda la mañana. Mientras los niños le cantaban:

“Juan Pelotero mete la mano en el mortero. Juan pelota dale con la bota.”
Cuando un grupo de jóvenes lo cogía por su cuenta, lo sujetaban y le hacían barbaridades, como restregarle la cara con azulete (polvos azules para blanquear la ropa), los “chinchimirines” (cogerlo por los brazos y piernas, bandearlo y luego soltarlo hacia arriba), incluso algunas veces le hacían el “agarejo” (omitimos su significado no vaya a ser que este año se lo hagan a los del grupo de Teatro). Siempre terminaba el día de la misma manera: persiguiéndolo hasta que lo echaban en la Fuente de la Corredera, años atrás en el pilar de la Fuente del Secano.
Durante el mismo día, pero no juntos, también salen “Los Inocentes”, tres personajes vestidos con largos gabanes oscuros, sombreros de copa y la cara también pintada de negro, que representan durante ese día la autoridad (antiguamente este día el Alcalde no podía dictar bandos, ni realizar ningún trámite). Los personajes son el Juez, que lleva la bolsa para cobrar las multas, el Escribano, que portaba larga pluma de ave, un tintero y el libro donde iban anotando las multas, y, por último, el Carcelero, que llevaba la llave de la Cárcel de Calasparra para encerrar a los que no pagaban. Todo era una parodia del poder establecido, de los impuestos marcados por el Concejo o por la Orden de San Juan de Jerusalén. Los Inocentes multaban por cualquier cosa absurda, si ibas en moto por conducir y si ibas andando por pisar la calle…y así el correveidile.
Tanto a Juan Pelotero como a Los Inocentes se les podía invitar a copas en los bares del pueblo para eludir el pelotazo o la multa, con lo que los disfrazados terminaban el día muy contentos, por lo recaudado y por lo bebido.
Pero vamos a desentrañar un poco estos personajes Calasparreños, sus orígenes y sus similitudes con otras tradiciones del folclore de nuestros pueblos vecinos. Las fiestas siempre han servido a los trabajadores, especialmente a los agricultores, para marcar los ciclos anuales entre épocas de trabajo y época de esparcimiento. Es en el “ciclo de invierno” donde está la festividad del 28 de Diciembre, llamada de los Inocentes. Hay diversas teorías pero nos quedamos con la del etnólogo Caro Baroja, que pasó por Murcia estudiando sus tradiciones. Él explica el origen de esta fiesta en las “Saturnales”, fiesta romana en honor a Saturno donde los esclavos obtenían alguna prebenda o se cambiaba el papel por el de sus dueños. Al llegar la era cristiana, las fiestas paganas se fueron acomodando a sus interpretaciones y así quedaron vinculadas a fechas importantes del calendario cristiano que les quedaban próximas. En este caso se trata de la conmemoración de los Santos Inocentes, la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén y que ordenó Herodes. Es posible una conexión entre la fiesta romana, en la que los niños o esclavos podían vivir a su antojo, y la fiesta cristiana, para honrar a los niños de la matanza.
Inocente es el que no tiene culpa como los niños de la matanza e Inocente es el que padece las bromas y burlas, quien tiene que acatar lo que dice la “persona” que manda ese día: Juan Pelotero (Calasparra), Peropalo (Badajoz), Obispillos (Murcia), Cascaborras (Puebla de Don Fadrique), Fiesta de los locos (Galicia) “El tio Tiznao” (Marchena)….
Esta fiesta siempre ha estado vinculada a la Cofradía de las Ánimas en los diferentes pueblos del Sureste Español. En Calasparra también existió la Cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio, se tiene constancia desde 1626 (Juan José Moya y Martínez), pero no puedo relacionarla con ella pues no existe mucha documentación. Esta Cofradía sigue existiendo en Blanca, Bullas y Caravaca donde perviven en algunas tradiciones con su Cuadrilla de Animeros.
A lo largo de los años ha habido varias curiosidades. Un año salieron dos grupos de “Juan Pelotero y Los Inocentes”, tal vez no se enteraron y ninguno quería perder sus beneficios. En otros años no han salido y en 1997 Iñaki Gabilondo mandó un locutor para que retransmitiera en directo la salida, pero no salían, hasta que el alcalde tomó cartas en el asunto y al final salieron. Un año se vistió la comparsa de carnaval de “La Montero” muy bien disfrazados. Algunas personas que han realizado este personaje han sido Frasquito “El Blandico”, Juan José Pérez y Francisco Segura como Juan Pelotero; como inocentes, Antonio Martínez “El Moratallero”. Según recoge Caro Baroja, que dedica unas palabras a Juan Pelotero, lo llaman “Juan” porque el primero se llamaba así y la costumbre hizo que a todos los que continuaron saliendo se les llamase Juan.
Muy cerca, en Valentín, también existía “Baile de los Inocentes”. En la Plaza, a la salida de la Misa, se forma un corro y suena la música de cuadrilla, para bailar, las parejas tienen que pagar cada vez que salen al “hombre del gorro”, que es quien dirige el baile.
Hoy en día en nuestro pueblo se sigue celebrando, pero al no encontrarse ciudadanos que quieran representarlo, antes casi todos eran del barrio de El Esparragal, el Ayuntamiento contrata a grupos de teatro que lo representen, para continuar con esta antigua tradición. Una petición: por favor, pongan este año la tradicional pelota hecha de trapo enganchada con un palo para que esté mas de acuerdo con la figura que representa y no lo tiren a la Fuente de La Corredera, que no están los tiempos para coger resfriados.