Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

A petición de la dirección de este periódico voy a escribir unas líneas sobre Gregorio Sánchez Romero. He tenido en varias ocasiones el honor de glosar su magnífica trayectoria profesional y sus extraordinarias cualidades como historiador, por lo que en esta triste ocasión he optado por el recuerdo de algunas de las vivencias que compartí con él.

Conocí a Gregorio hace casi 40 años, a lo largo de los cuales hemos mantenido una continuada relación fundamentada en el interés de ambos por el estudio de la historia de nuestra ciudad. Durante estos años hemos colaborado en muchas ocasiones, compartiendo diversos proyectos y aspiraciones, también he recurrido innumerables veces a él, en busca de ayuda, consejo o cooperación, curiosamente la última de ellas ha resultado ser su última intervención pública; fue tan solo hace 7 meses cuando le transmití el deseo del Bando de los Caballos del Vino de que fuese mantenedor en la Presentación de las Amazonas mayor e Infantil, a lo que accedió amablemente con su gentileza acostumbrada. Comencé a redactar su presentación aludiendo a que era una persona muy conocida, querida y respetada en Caravaca. No era una mera cortesía, eso era, y es, absolutamente cierto, por eso la noticia de su muerte nos ha sumido a todos en una honda tristeza haciéndonos desde el primer momento añorar su presencia. Como decía, conocí a Gregorio a finales de los años 70, cuando yo iniciaba mis estudios universitarios y él su andadura profesional en nuestra ciudad, primero como maestro y más tarde como profesor en el I.E.S. “San Juan de la Cruz”, del que llegó a ser director. Ocupábamos nuestro tiempo en aquella época en el Instituto Municipal de Cultura, del que Gregorio fue su primer director; allí empecé a conocer sus cualidades humanas, su capacidad de trabajo, su carácter resolutivo, su honestidad, su gran generosidad y también su amor por la historia, su rigor científico y su pasión por la investigación histórica. De aquellos años recuerdo también su esfuerzo e incansable labor por dinamizar el panorama cultural caravaqueño. En aquella época fue cuando comenzó a publicar sus investigaciones, tanto en formato de artículos, en la Revista de las Fiestas, en “Argos”, revista que editábamos el Instituto Municipal de Cultura y del que ambos formábamos parte del consejo de redacción y también en “Viñales”, de la que también fue director, teniendo la valentía de dedicar un número monográfico a los Caballos del Vino, festejo que amaba profundamente y al que dedicó muchas horas de estudio. Poco a poco Gregorio fue afianzándose en su faceta profesional, gozando merecidamente de un gran prestigio en toda la Región de Murcia. Son muchos los artículos, libros, conferencias, cursos y actividades de todo tipo que nos ha ofrecido a lo largo de su trayectoria y son también innumerables sus colaboraciones con la practica totalidad de las instituciones y colectivos de nuestra ciudad, incluso llegó a ser durante algunos años concejal de nuestro ayuntamiento. Tenía una gran capacidad de trabajo, por eso, a pesar de sus éxitos, continuó con sus investigaciones, redactando una magnifica tesis doctoral, publicando artículos en acreditadas revistas universitarias, consiguiendo los títulos de catedrático y de doctor, para finalmente ser distinguido como miembro de la Real Academia Alfonso X el Sabio. No obstante su cercanía, sencillez y generosidad hizo que nunca negara su colaboración a quien se la solicitara y que aprovechara cualquiera de estas ocasiones para deleitar con sus conocimientos, aportando el elemento histórico necesario para el correcto mantenimiento de nuestras tradiciones y manifestaciones festivas. En una ocasión me pidió que presentase uno de sus libros, el dedicado a la Vicaria de Caravaca, evidentemente para mi fue todo un honor el hacerlo, y comencé diciendo que su manera de trabajar y divulgar la historia, su precisa percepción de los hechos y su manera de darlos a conocer, habían sido para mí el modelo a seguir, lo que le hizo cierta gracia, aceptándolo con su usual humildad. Sigo pensando lo mismo y creo además que, como historiador, ha sido posiblemente el más grande que ha tenido Caravaca. He tenido el privilegio de trabajar con él en muchas ocasiones, en varios libros y exposiciones, compartiendo charlas y mesas redondas, ha presentado alguno de mis libros y también la Revista de Fiestas uno de los años que la dirigimos Mari Carmen y yo, entre otras cosas. Pero sobre todo he compartido muchas horas con él, la mayoría de trabajo silencioso en el archivo, pero también largas conversaciones sobre temas históricos, en las que he aprendido muchísimo. La última vez que hablamos fue hace un mes, cuando vino al archivo para darme el pésame por el fallecimiento de mi padre, lo que hizo que durante algún tiempo la conversación girase sobre el sentido de ciertas cosas de la vida, vaya paradoja; después la charla derivó como no podía ser de otra manera hacia la historia y a cierto tema, el liberalismo caravaqueño del siglo XIX, que a mí empezaba a apasionarme y del que era un gran conocedor, alargándose hasta que una llamada telefónica requirió su presencia en otro lugar. No puedo dejar de mencionar su gran labor durante muchos años en la Cofradía de la Stma. y Vera Cruz culminada ostentando la tenencia de Hermano Mayor, tras haber sido Cofrade del año, así como su fundamentalmente paso por los Armados y, en general, por las fiestas, colaborando con todos los bandos, pero siempre orgulloso de su Cábila de Halcones Negros. Una de sus cualidades más admirables era su capacidad de ir a la raíz de los problemas y buscar su rápida y justa solución. Estas cualidades, unidas a su rigor, honestidad, perspicacia y precisión hizo que su opinión fuese valorada y respetada por todos. Pido perdón por haberme decantado por el lado emotivo, dejando sin citar muchos de sus logros y realizaciones profesionales, la relación de sus libros, artículos y actividades, aunque tiempo y ocasión habrá de todo ello. Se va uno de los grandes, nos queda su recuerdo y su obra, sus magníficas investigaciones a las que sin duda tendremos que seguir recurriendo para continuar avanzando en el estudio de nuestra historia. Amigo Gregorio, ha sido todo un privilegio haberte conocido.