GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Elizabeth Charlotte Lucy fue la primera hija de Herbert Henry Asquith (el primer ministro británico, pero principalmente alcohólico practicante) y su segunda esposa, Margot Tennant. Fue una niña «precoz» y como diría una amiga mía, un tanto inquieta, de temperamento incierto. Muy inteligente, pronto despuntó en los círculos sociales en una sociedad aburrida como la inglesa.

A los 19 años conoce a Bibesco, un príncipe rumano destinado como diplomático en Londres que se enamora de Elizabeth, 21 años menor que él, rica y atractiva. Es la boda del año, pero como suele pasar, el novio viene a convertirse en rana nada más despuntar el alba, en este caso, más bien se despertó con alguna pluma y conservando con Marcel Proust, inequívocamente homosexual. Proust llegó a escribir a Elizabeth: «Tú tienes todo lo que yo deseo». La Bibesco se dedica entonces a una vida de juergas de salón, de fiesta en fiesta, donde participa toda la intelectualidad de la época. Es en una de esas donde conoce al economista Keynes, y mantiene algunos encuentros sexuales que este, que de economía sabría mucho, pero discreto se ve que era poco, tardó en contarlo lo que salió por la puerta «para agrandar su reputación». Los esposos hacían vidas separadas, pero en algún momento del alba debieron de juntarse porque Elizabeth da a luz a su única hija, Priscilla.

En 1927 el príncipe Bibesco es destinado a España como diplomático. Sería aquí donde Elizabeth viene a conocer a un joven, casi 6 años menor que ella, que la llamaría «mi princesa roja» y que la marcará de por vida. El señorito fascista es un chico bien guapo; «demasiado para un hombre», llegaron a decir de él. José Antonio Primo de Rivera, marquesito, aristócrata, vive una infancia y primera juventud acorde a su condición. Y viene el amor, que no entiende de política, a juntar a dos polos opuestos. Una comunista y un fascista (en un tiempo en que nadie tenía término medio). Cuesta imaginar a dos personas tan apasionadas como José Antonio y Elizabeth en la cama una vez pasadas las urgencias de la carne, pero tampoco les dio tiempo a mucho más.

La vida política discurre a una velocidad de vértigo, los golpes de las dos españas que se van a enfrentar se suceden por ambas partes. Los acontecimientos se disparan y ya casi se huele la masacre que españoles contra españoles iban a protagonizar. Las elecciones del 36 las gana el Frente Popular. La Bibesco, más aguda que su amado, trata de convencer a Azaña para que José Antonio abandone «voluntariamente» el país, pero José Antonio es encarcelado y enviado a la prisión de Alicante. Se entrevista con Dios y el Diablo para salvarlo, pero llega tarde. José Antonio es fusilado el 20 de noviembre de 1936. Tiene 33 años.

Él murió (reconvertido de Don Juan sin remedio a querubín asexual del régimen, por cierto) pero ella vivió para recordar lo que pudo haber sido y no fue, tan solo ocho años más. Porque no hay nada peor que esperar aquello que imaginamos y que nunca sucedió. Nunca se recuperaría. En 1940 publica la novelaThe Romantic, dedicada a su amor muerto. Nunca más volvería a escribir. Junto a su marido huye a Portugual y de allí a Rumania. Muere en 1945, oficialmente de pulmonía. En su epitafio dice: «Mi alma ha ganado la libertad de la noche».

Sería porque entonces no existiría Salvame Deluxe, el caso es que la historia permanecería oculta más de 60 años, hasta que Antonio Martín Otín la vino a destapar en su libro «El hombre al que Kipling dijo sí».