MANUELA SEVILLA/Foto: Lorenzo Buitrago

El esparto siempre ha crecido en los montes de Calasparra. Ha sido la materia prima que nos ha acompañado a lo largo de nuestra Historia, pues ya los primeros pobladores ,en la Prehistoria, la utilizaban como fibra natural para tejer. Los romanos ya nombran a la franja del sureste mediterráneo CAMPUS SPARTARIUS, mencionado por Plinio el Viejo, exportando esparto para cuerdas de uso naval. Los árabes lo utilizaban en sus construcciones, dedicando el proceso de majar el esparto a los prisioneros… Y así a lo largo de todas las culturas asentadas en nuestro suelo, tejiendo nuestro carácter y la individualidad de sus habitantes, perviviendo sus formas y los útiles confeccionados a lo largo del tiempo.
Es este trabajo, y su artesanía peculiar, en cuanto a su recogida y transformación así como a los vocablos que utiliza, que aquí vamos a recoger con la ayuda de Francisco «el Rea» durante el s. XX, cuando el espartero de subsistencia paso a convertirse en espartero de oficio, en las fábricas, la primera fundada en 1885 por Higinio García Sánchez y que pronto contó con un muelle de esparto en la Estación de tren de Calasparra.
Francisco Moreno Salinas representa al espartero obrero por antonomasia, a los siete años comenzó en el monte con su padre José «el Rea» y sus cuatros hermanos y su vida ha ido paralela a la historia del esparto, liderando los movimientos obreros que desde los años 60 tuvieron mucha importancia, pero que heredaban de sus antepasados pues desde 1924 los esparteros e hiladores de la zona protagonizaron numerosas huelgas para reclamar un salario justo.
El «Arranque» se realizaba en los montes que podían ser del Estado (Sierra del Puerto), Municipales( Lomas Hondonera y Llobregat) o Privados (Coto Riñales), los esparteros en formación de «ucha» diez y veinte metros monte para arriba y «atajo», con el «palillo» (instrumento de hierro que hacia el herrero «Tarrafeta») atado con una «maja» de esparto a la muñeca, con un fuerte «repelón» tirón es arrancado de la «atocha», varios repelones formaban una «abarcura» que es el esparto que puede abarcarse con la mano, se ataban con un esparto retorcido, cuando sonaba la pita de los guardas , los esparteros comenzaban a » casar los manojos» unidos por las cabezas del esparto y atarlos en «haces», cargados a sus espaldas en «reate» o en mula los llevaban a la «tendia» dónde se colocaba la romana con el sistema de «la lata» un palo resistente que dos individuos sostienen apoyándolo en el hombro y del que se cuelga la romana. Existían muchas tendias las más importantes «Los Losares», el empalme del Pantano del Quipar y en los Cuartos del Cable llamada la tendia de los Cofines, controlada por los guardas para pesar los haces y apuntar a cada uno lo que había recogido y su correspondiente paga. Se enganchaban a las 6 de la mañana cuando el guarda tocaba la pita hasta las 12 y por la tarde otra vez.
La «Tendia». Al terminar de pesar los esparteros soltaban los haces y extendían el esparto en el suelo para que se secase durante veinte días, tras los cuales se recogían y se volvían a atar en haces y estos en «bultos» atados con «guitas» de esparto verde llamado «lías». Se transportaba en carros a las «balsas» construidas en cemento y donde los «balseros» depositaban los bultos bien colocados para que cupieran más, al finalizar se llenaban de agua quedando el esparto sumergido durante veinte o treinta días, para que la fibra se ablandase, a este proceso se le llama «Cocio». A continuación se saca el esparto «sacar la balsa» siendo este un trabajo duro y desagradable por la putrefacción del contenido de la balsa y se deja secar y los «ataores» vuelven a atarlo. Las balsas de esparto en Calasparra en esta época serian; la Balsa de Higinio Garcia en la Rambla, Balsa de Pérez Tenedor en la Cañada del Molino y las Balsas de Textiles fundada en 1952.
Después comienza el «Picao», donde el esparto se somete a un aplastamiento en los mazos para desprender la parte leñosa de la fibra. Esta tarea ha sido tradicionalmente elaborada por las mujeres, llamadas «picaoras» siendo de las tareas más agotadoras, pues en un principio estaban de cuclillas, hasta que se hicieron unos fosos donde poner las piernas, el ruido ensordecedor de los mazos las dejaban sordas, interiorizando el ritmo de colocar el esparto en el mismo momento que baja el mazo para no pillarse las manos. En Calasparra había varias fábricas de picar esparto con mazos, movidas con energía hidráulica una llamada popularmente «La Máquina» en los Almadenes del rio Argos y otra en el Rio Moratalla, posteriores la de Pérez Tenedor y la de la Fábrica en «La Cerca».
A continuación, tenía lugar el «Rastrillao», proceso por el que se peinan las fibras de esparto en rastrillos de púas de acero que separan los haces de fibra de sus hojas, despojándolos de sus partes leñosas. Esta operación desprendía un polvo continuo que los rastrilladores inhalaban provocando una enfermedad respiratoria llamada «espartosis». El proceso finalizaba con el «Hilao», que consiste en una rueda de madera movida por un «menaor» normalmente un niño que hacía girar unas carruchas donde se enganchaban las fibras de esparto. Sobre ellas, los «hilaores» andando hacia atrás iban añadiendo más fibra rastrillada formando hilos de un cabo a lo largo de la «carrera» y depositados encima de unas «alzas» en forma de «T» cuando los hilaores llegan al final de la carrera, enganchan los hilos en el «ferrete», pequeño instrumento compuesto de un gancho giratorio que sostiene el menaor y se «corchaban» es decir, se unian los diferentes hilos con la «gavia» componiendo la diferente cordelería. En Calasparra la zona de los hiladores era el paraje de «La Caverina» con sus frondosos pinos de los que ya no queda ninguno y al final de la Gran Vía Vieja. Las fábricas que transformaban el esparto eran Higinio Marín, José García, Francisco Pérez Tenedor, MACROCHLEA (nombre científico de una variedad de esparto), y Jesús Yelo Molina que desarrollo en Calasparra un producto inventado y patentado por él llamado «capachetas», tenía su fábrica a la entrada del pueblo desde Murcia. No voy a olvidar a mi padre Juan Pedro Sevilla Serrano que tenía una empresa pequeña de estropajos de esparto llamados «Pirulo» que nos dio de comer a mi familia y a otras del pueblo con la realización de estos estropajos, utilizando el esparto que sobraba de las fábricas.
De este pasado espartero solo nos quedan algunos artesanos que siguen tejiéndolo y una empresa que lo comercializa, pero numerosos puntos de nuestro entramado urbano nos lo recuerdan: Travesía de los Esparteros, Calle Esparteros, Hiladores, Mazos y Textiles, así como el trabajo congelado en el tiempo del Monumento al Espartero.