Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Con el horizonte puesto en la Semana Santa y aprovechando la circunstancia de cumplirse el próximo día 22 el 99 aniversario de su fallecimiento, vamos a hacer un repaso por la vida de este escultor caravaqueño que gozó de fama y reconocimiento en su época, aunque el paso del tiempo ha borrado en gran medida su recuerdo, necesariamente incompleto ya que las fuentes utilizadas para el mismo son las noticias aparecidas en prensa, así como la breve biografía redactada por José Antonio Melgares para la “Gran Enciclopedia de la Región de Murcia”.


José López Asensio, bautizado como José María, nació en Caravaca el 2 de julio de 1842, hijo del carpintero local Casimiro López, conocido entre otras cosas por ser el encargado en 1876 de desmontar el retablo mayor de la iglesia de la Compañía de Jesús para su traslado y colocación en la parroquia de El Salvador, dejando constancia del hecho en un enorme letrero pintado en uno de los muros del extinguido templo que se mantuvo hasta su reciente restauración, y de María Josefa Asensio, ambos de 24 años de edad. Según J. A. Melgares se formó artísticamente en Madrid en la Academia de Bellas Artes de San Fernando instalándose algún tiempo en la capital donde inició su carrera profesional, regresando a Caravaca en 1886, donde instaló su taller. Este hecho fue publicado por “El Diario de Murcia” en su edición correspondiente al 23 de febrero de 1886: “Ha abierto en Caravaca un taller de escultura el Sr. López Asensio, que ha practicado el arte en Madrid bastantes años, bajo la dirección de acreditados profesores. Según noticias particulares que tenemos, el Sr. López Asensio es un verdadero artísta, tanto en la construcción de estatuas, como en la restauración de imágenes”. Al año siguiente abrió un nuevo taller, en esta ocasión en Jumilla, de lo que dio noticia la prensa local de esa ciudad, apareciendo así reflejado en el periódico “El Pandero” el 31 de marzo de 1887: “Son muchos los artistas, industriales y braceros que de diferentes puntos de la provincia vienen a nuestro pueblo a procurarse ocupación por tiempo limitado o a establecerse definitivamente. En el número de estos últimos se cuenta el distinguido y concienzudo escultor Sr. López Asensio que viene de Caravaca a abrir en esta localidad su acreditado establecimiento”.

Entre sus obras de esta época figura un trono para la imagen de San Blas de la Parroquial de Caravaca concluido a finales de 1888, trabajo que realizó de manera casi altruista: “Sin que le guíe el interés del lucro está construyendo nuestro amigo el escultor D. José López Asensio el trono para San Blas, que aún cuando modesto es infinitamente superior al que debió hacer por la exigua cantidad por que lo tiene ajustado. Acciones como esta merecen ser recompensadas”. A comienzos de 1889 la Cofradía de Jesús Nazareno de Bullas le encargó un paso que representase la Oración del Huerto; la obra fue bendecida en una ceremonia en nuestra ciudad oficiada por el párroco D. Juan Chaumel a comienzos de abril de ese año, antes de marchar a la vecina población de Bullas para su participación en las procesiones de Semana Santa. El paso fue del gusto del público “mereciendo el aplauso general por su esbeltez y belleza piadosa”, sirviendo para reafirmar el prestigio que iba alcanzando “cuya competencia en esta clase de trabajos está bastante reconocida”. Ese mismo año trabajó en dos restauraciones de imágenes caravaqueñas: la de Santa Elena de la ermita del mismo nombre, que participó en su nuevo estado en las procesiones de las fiestas de la Cruz de ese año: “En la procesión ha llamado la atención la imagen de Santa Elena, hábilmente restaurada por D. José López Asensio, que ha dado en ello muestras de su talento” y la de San Blas de la parroquial de El Salvador, concluida en diciembre: “La imagen de San Blas, que como saben nuestros lectores estaba restaurando nuestro amigo y paisano D. José López Asensio, se encuentra ya terminada, y por cierto que es una obra que viene a aumentar la justa fama que como escultor tiene conquistada dicho nuestro amigo”. Se da la curiosa circunstancia de que el año anterior había restaurado el trono de San Blas, como ya se ha dicho, y unos años después, concretamente en 1895, restauraría también el trono de Santa Elena.

En febrero de 1890 concluyó para la población de Cehegín una imagen de la Purísima Concepción y en abril se publicó la noticia de su estancia en Totana, aunque ignoro si fue por motivos profesionales o personales: “Se encuentra en esta el conocido artista de Caravaca D. José López Asensio cuyas obras tanto de pintura como de escultura hemos oído elogiar mucho”. También a 1890 corresponde un sepulcro realizado para el Cristo yacente de Bullas y, parece ser, la imagen da San Antón de la iglesia de los frailes carmelitas de nuestra ciudad. En 1892 realizó una imagen de San Luís para la iglesia de las monjas carmelitas de Caravaca que fue bendecida el 25 de enero en el taller del escultor antes de ser “conducida procesionalmente a la iglesia donde ha de venerarse”. En octubre realizó un viaje a varias ciudades manchegas “llamado para efectuar algunas restauraciones de efigies”.

En 1894 talló unas andas para la imagen de Jesucristo Aparecido de Moratalla, que fueron utilizadas por primera el 30 de septiembre de ese año: “El domingo próximo se bajará la preciada imagen a la iglesia parroquial para la función de San Miguel, y estrenará unas preciosas andas-trono construidas por nuestro paisano el escultor D. José López Asensio. De la artistica obra tenemos las mejores noticias”. En 1897 realizó otros dos trabajos para Moratalla, la restauración de la imagen de Jesús Aparecido y el sepulcro del Iltmo. Sr. D. Antonio María Guillen y Toledo que es una de sus obras mas conocidas, o al menos de las pocas conservadas, ya que la mayor parte de su producción, habitualmente de temática religiosa, fue destruida durante la Guerra Civil. Para poder llevar a la práctica el primero se tuvo que adelantar al 5 de abril la procesión en que se traslada esta imagen desde la ermita de Benámor a la parroquial de Moratalla “ a causa de tener que aprovechar la permanencia en esta del escultor caravaqueño D. José López Asensio, que ha de retocar la sagrada imagen”.

El encargo de la segunda de las obras es ciertamente curioso ya que los herederos de este señor encargaron el diseño al escultor madrileño D. Ángel Teresa Marquina, pero para su construcción consultaron a varios artistas, siendo finalmente elegido el caravaqueño: “Dicho sepulcro va a ser instalado en el Cementerio de San Andrés de esta villa y sitio de preferencia, frente a la puerta principal y parte nueva de la edificación. Será construido por nuestro amigo, el notable escultor de Caravaca D. José López Asensio, que ha sido el que a juicio de personas peritas, ha sabido interpretar la  mejor idea del autor del modelo”. En palabras de Jesús Navarro (“Moratalla: Historias extremas y cotidianas en el siglo XIX”) “constituye el mas importante sepulcro del cementerio, y ostenta la efigie del finado acompañada de la figura pétrea de su fiel perro, del que se contó que murió de pena al no poder soportar la desaparición de su amo”. El busto que preside el sepulcro quedó concluido a finales de agosto siendo considerado “un trabajo acabado que revela una vez mas el conocimiento y habilidad de nuestro paisano en trabajos de esta índole”, en tanto que el traslado de los restos del difunto no tuvo lugar hasta el 17 de octubre del año siguiente, coincidiendo con el segundo aniversario de su fallecimiento. También en 1897 ejecutó sendas restauraciones para las procesiones de Semana Santa que ese año se habían vuelto a organizar tras varios años de ausencia, concretamente el Señor de los Azotes (también conocido como de la Columna) y la Verónica, participando ambas en la procesión del Jueves Santo.

Los últimos de sus trabajos de que tengo noticia son una Virgen de Pilar para Yeste en 1902 y un Niño Jesús que, según J. A. Melgares “fue a parar a Buenos Aires”, en tanto que la última noticia aparecida en prensa que conozco es su adscripción al partido Liberal-democrático de nuestra ciudad en 1906.

José López Asensio falleció en Caravaca, en su domicilio sito en la Cuesta de Don Álvaro, a la una de la madrugada del 22 de febrero de 1914 como consecuencia de una “bronquitis subaguda”, siendo enterrado ese mismo día. Su partida de defunción nos informa también de que casó en dos ocasiones, la primera vez con Antonia García Pérez y en segundas nupcias con Nicolasa Fernández.