PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Difícil exigírselo a los comensales sin que se ofendan, aunque se les hace un favor para que eviten un comportamiento impresentable. Son las comidas colectivas, familiares o en celebraciones de la más variada condición y motivo, en las que suelen existir ensaladas y aperitivos comunes para los que, habitualmente, se facilita un cubierto colectivo dedicado a servirnos en nuestro propio plato.

Los comensales, a veces, optan por abastecerse pinchando directamente en el plato central. No es higiénico ni prudente hacerlo con un tenedor que se está usando y adentrándoselo en la boca, una y otra vez. Y no sería tan grave si fuera solamente eso y se abasteciera pinchando prudentemente con cierta pulcritud. No obstante, no es disculpable.

Más impresentable e inadecuado resulta y, si se nos permite, hasta “cochino”, ir con el propio tenedor apartando elementos del plato colectivo que escasamente agradan, ladeando componentes menos atractivos o apetitosos y buscando, finalmente, lo más “convincente”, aunque, para llegar a ello, se sorteen varios “obstáculos” alimenticios que, después de manejarlos con el tenedor reiteradamente alojado en la boca, se “aparquen” para otros comensales que, al final, unas veces por prudencia, otras por no llamar la atención y las más por tener la fiesta en paz, se someten a su ingestión después de haber sido “acariciados” con tenedores usados.

Probablemente, nadie llame la atención ni exprese sus sentimientos por mal uso de las adecuadas prácticas en comidas de convivencia. Dispongámonos a ser respetuosamente curiosos con los compañeros de mesa, porque, de lo contrario, asumimos un doble riesgo. Leve: que los demás abandonen el plato colectivo.

Contundente: que alguien rebusque palabras para espetarnos el equivalente a “no seas cochino”. Merecido es. Buenos días.