Pedro José Navarro de Gea, licenciado en Historia del Arte
Más allá de los límites estrictamente murcianos e incluso dentro de ellos, suele identificarse el arte generado en estos territorios únicamente con el esplendor que alcanzó en el siglo XVIII. Es como si esta parte, indiscutiblemente brillante, hubiera silenciado el todo de un conjunto de creaciones artísticas en diferentes momentos históricos que arroja un resultado mucho más amplio que el de aquella centuria que comenzó con el cardenal Belluga al frente de la diócesis de Cartagena. Innegablemente, la Murcia del Setecientos fue testigo de un florecimiento y de una serie de empresas artísticas de las que el genio de Francisco Salzillo y la construcción de la fachada de la catedral son los ejemplos más elocuentes. Sin embargo, otros periodos de la historia del arte murciano, también de primer nivel, han quedado ensombrecidos por aquella eclosión de la Murcia barroca.


Así fue en las primeras décadas del siglo XVI, cuando el antiguo Reino de Murcia, el marquesado de los Vélez y la extensa diócesis cartagenera, que englobaban territorios de las hoy provincias de Alicante, Albacete, Jaén o Almería, vivieron un periodo de gran desarrollo. Esto ocurrió tras la conquista de Granada en 1492. Si hasta esa fecha la situación sociopolítica hizo del murciano un ‘Reino de frontera’, como lo definió el profesor Torres-Fontes, y sus recursos humanos y materiales se destinaban a las campañas bélicas, una vez finalizada la toma de Granada llega un periodo de paz que deriva en un crecimiento de la economía y de la población.
Si a estas circunstancias favorables se suman otros ingredientes, como la presencia al frente de la diócesis de obispos cultos y ambiciosos, en contacto directo con Italia; la labor de mecenazgo de don Pedro Fajardo Chacón, primer marqués de los Vélez, hombre de elevada cultura humanista y refinado gusto; las relaciones comerciales a través del Mediterráneo; la llegada de artistas italianos o el poder que la Orden de Santiago ostentaba en su amplia encomienda, podemos imaginar que el alto nivel alcanzado por aquellas iniciativas artísticas introdujo, en buena medida, el nuevo lenguaje del Renacimiento en España.
De alguna manera, la sociedad murciana tiene una deuda pendiente con aquel periodo. Saldarla y restituir el siglo XVI al lugar que merece es el ambicioso y loable objetivo de ‘Signum, la gloria del Renacimiento en el Reino de Murcia’, exposición que acogerá Caravaca de la Cruz con motivo del Año Jubilar 2017 y por ser también esta ciudad “escenario clave del Renacimiento en el antiguo Reino de Murcia”, como explica el comisario e impulsor de la muestra, Nacho Ruiz.
Mientras que la arquitectura de aquella época ha sido bien estudiada (destacando las obras de Cristina Gutiérrez-Cortines Corral o María Griñán Montealegre), las artes plásticas siguen necesitadas de una revisión. Precisamente, la exposición quiere poner en valor la pintura y la escultura, de altísimo nivel, donde descuellan nombres como los de Hernando de Llanos, uno de los pocos españoles citados por Giorgio Vasari en sus ‘Vidas’, Pedro Fernández, Jerónimo Quijano o los Florentín, Jacobo y Francisco. A Hernando de Llanos se atribuyen las tablas del milagro de la Vera Cruz de Caravaca que componían el primer retablo que tuvo la famosa reliquia y que fue encargado por el marqués de los Vélez en 1521. Dichas tablas, que afortunadamente han llegado a nuestros días, son uno de los mejores ejemplos de pintura renacentista en la actual Región de Murcia.
La muestra, que se celebrará en el segundo semestre del año dentro de la programación cultural que el Gobierno de la Región de Murcia ha diseñado para enriquecer el jubileo caravaqueño, tendrá como escenario la antigua iglesia de la Compañía de Jesús de Caravaca. Según el proyecto de Nacho Ruiz, serán seis las secciones en las que se dividirá el recorrido expositivo: ‘El Renacimiento: el camino hacia el antiguo’; ‘Construcción estética del arte clásico en el antiguo reino’; ‘El influjo foráneo’; ‘El marquesado como delimitación’; ‘La imagen del poder’ y ‘Lo sacro y lo profano: arte y vida’. Diversas obras procedentes de museos, archivos, colecciones privadas o iglesias dotarán de contenido a cada una de las secciones.
Como complemento a la exposición el proyecto propone una serie de rutas por zonas que, aunque actualmente pertenezcan a distintas comunidades autónomas, en su día estaban bajo el radio de influencia del obispo de Cartagena. Murcia, Cartagena y Lorca; Vélez-Blanco (Almería); el Noroeste de la Región de Murcia; la Sierra de Segura en Jaén; localidades de Albacete como Alcaraz; la alicantina Villena y un largo listado de poblaciones forman parte de estas rutas.
Si en 1488 era Fernando el Católico el que se postraba ante la Santa y Vera Cruz de Caravaca y en 1617 era el rey Felipe III el que respaldaba la construcción de un nuevo templo para la venerada reliquia, entre esas dos fechas que sirven de simbólico marco temporal la ciudad vio crecer monumentales iglesias de la mejor fábrica, enriquecer sus capillas con pinturas de influencia italiana y excelentes piezas de orfebrería, recibir el apoyo del humanista Pedro Fajardo y establecerse en su casco urbano a jesuitas, franciscanos, carmelitas descalzas, jerónimos y carmelitas descalzos, estos últimos traídos por su propio fundador, el místico San Juan de la Cruz. Caravaca, por lo tanto, fue una de las principales protagonistas de esta gloria del Renacimiento murciano que en 2017, en un año tan significativo para la ciudad, quiere reivindicar y restituir en el lugar que su dimensión y su calidad merecen.