MANUELA SEVILLA

La trashumancia de ganado rumiante, sobre todo ovino, ha existido desde siempre, los iberos ya tenían una ganadería floreciente, pero fue en la Edad Media cuando la lana de oveja merina se introdujo con éxito en los mercados europeos, convirtiéndose en una actividad socioeconómica significativa que, durante siglos, sirvió para crear muchas y estrechas vinculaciones humanas entre los agostaderos (pastos estivales) de las sierras ibéricas de alta y media montaña (por encima de los 1.200 m) y los invernaderos ( yerbas invernales) de las tierras bajas mediterráneas (por debajo de los 400 m). De los municipios de invernada 79 eran valencianos, 5 catalanes y 3 murcianos. Suponían un continuo flujo de gentes, ganado y cultura entre la España húmeda y la seca.

MANUELA SEVILLA

La trashumancia de ganado rumiante, sobre todo ovino, ha existido desde siempre, los iberos ya tenían una ganadería floreciente, pero fue en la Edad Media cuando la lana de oveja merina se introdujo con éxito en los mercados europeos, convirtiéndose en una actividad socioeconómica significativa que, durante siglos, sirvió para crear muchas y estrechas vinculaciones humanas entre los agostaderos (pastos estivales) de las sierras ibéricas de alta y media montaña (por encima de los 1.200 m) y los invernaderos ( yerbas invernales) de las tierras bajas mediterráneas (por debajo de los 400 m). De los municipios de invernada 79 eran valencianos, 5 catalanes y 3 murcianos. Suponían un continuo flujo de gentes, ganado y cultura entre la España húmeda y la seca.
Con anterioridad a las ordenanzas de Alfonso X, los ganaderos se reunían dos o tres veces al año en asambleas o concejos, llamados «mestas», en diversas localidades con el fin de tratar de los negocios concernientes a sus ganados. Fue en 1273 cuando Alfonso X fundó el Honrado Concejo de la Mesta, que posteriormente matizaría las lindes de los territorios en el “Quaderno de Leyes de la Mesta”. Esta tarea se realizó cuidando sus recorridos, aprovechando el paso por zonas donde hubiera buenos pastos o bosques, abrevaderos, descansaderos, refugios o pueblos. Según la longitud de los desplazamientos se distinguen tres tipos de trashumancia: local, dentro de los límites del pueblo o varios, el ganado emprende la subida a las cumbres en verano; transtermitente, en la que los rebaños traspasan varios municipios entre la llanura y la sierra siguiendo el curso de la red fluvial y trashumancia larga, que queda institucionalizada con la fundación de la mítica Mesta.
En esta época, la Cañada Real que tiene relación con Calasparra es la “Cañada del Este o Manchega”: desde las alturas de Cuenca y la linde de Aragón, atravesando la Mancha hasta las llanuras murcianas, con sus consiguientes ramificaciones y enlaces de menor importancia llamados cordeles, veredas, coladas…. El apogeo de la Mesta tuvo lugar en el S. XVI, cuando se producen el mayor número de juicios entre el Concejo de la Mesta y las poblaciones por las que pasaba, como demuestra la protesta de Juan Jufré de Loaysa, Comendador de la Orden de San Juan de Calasparra, a Felipe II en 1576: “algunos hermanos de Mesta que bibian y estauan de asiento en las dichas villas y con sus ganados hacian mucho daño y perjuicio en los panes y biñas, prados y pastos y en la huerta de esta villa”. El historiador calasparreño Rafael Serra demuestra que la trashumancia de largo recorrido pasaba por el municipio. Así, las cañadas reales tienen como ancho 75 metros (90 varas castellanas), los cordeles tienen 37,5 m (45 varas) y las veredas 20 m (25 varas). Por debajo de estas dimensiones se encuentran las coladas. Hoy en día a estos pasos se les conoce como vías pecuarias.
Centrándonos en nuestro pueblo, desde la Cañada Real conquense, que viene camino de los Campos de Montiel, Vereda de los Manchegos, tenemos el Cordel de Rotas, conocido en nuestra localidad con el nombre de Vereda de Rotas, con el nº 1.301 de vía pecuaria. La descripción de esta Vereda nos la da José María Cañizares Secretario del Ayuntamiento de Calasparra en 1883 : “Cruza las vegas de este término la vereda general de ganaderos que penetra por el bancal de García, linde con la mojonera de Hellin; continua por el Collado del Puerto, junto a la Estación del ferro-carril en dirección al puente de Hellin sobre la acequia de Rotas; cruza el Segura por el puente de la Esperanza, camino vecinal antiguo de la Tejera vieja; collado de Socobos; desciende por entre las eras al puente de D . Pedro sobre la acequia Mayor, badea el rio Caravaca hácia la Calzadica y Collado del Aguila; se dirige al de las Torretas, y, próximo a las Casas Coloradas, cruza el rio Quipar en dirección la Ventica a enlazar con el término de Mula” por los llanos de Cagitan hasta el próximo abrevadero en Fuente Caputa. Tiene una longitud dentro de Calasparra de cuarenta kilómetros. Algunos lugares por los que pasa esta vereda, que se consideran patrimonio pastoril, tendríamos las Salinas de la Ramona, de gran importancia ya que los pastores compraban allí la sal necesaria para sus ovejas en el viaje, Los Baños de Gilico, lugar de descanso de los pastores, el “descansadero” en forma de cruz del que parte el “Cordel de Cehegin” nº 1.703 a Valentín. Como abrevaderos nos quedan dos, uno en la Casa Urrea y otro en Casas Nuevas. A lo largo del tiempo algunos nombres de las fincas han ido cambiando, así como la denominación de Cordel, ya que no es una vereda pero el recorrido es el mismo. Por ejemplo, de Calasparra hacia el norte, hasta el río y pasado éste, la vereda se denominaba Camino de Hellín, en 1896, para una vez cruzado el ferrocarril pasar a llamarse de Los Manchegos. De Calasparra hacia el sur se llama Rotas, aunque cuando sale del término pasa a llamarse Cañada Real de Calasparra. Se une con la Cañada Real de Cehegín en Valentín.
A principios del siglo XIX la trashumancia inicia un proceso de decadencia, hasta llegar a su casi total abandono durante el siglo XX. El bajo precio de los piensos, el encarecimiento de la mano de obra, la invasión de las vías pecuarias, la destrucción de infraestructuras pastoriles (descansaderos, abrevaderos, posadas, etc.) y la evolución de los medios de transporte son algunos de los factores que motivaron este abandono. La red de vías pecuarias de nuestro país está constituida por más de 125.000 kilómetros lineales (más que la red ferroviaria). Actualmente las vías pecuarias continúan desempeñando un importante papel en los desplazamientos locales de pequeña distancia que realizan los rebaños desde las cuadras hasta las zonas de pasto, revitalizándose en algunas zonas debido al encarecimiento de los piensos y el estrés que provoca en los animales los desplazamientos enjaulados, sean en camión o en tren. Desde la ley de 1995, en la que se pueden utilizar estos caminos pecuarios, se ha perdido mucho recorrido de estos caminos siempre protegidos. Hoy en día en Calasparra solo existen tres pastores que realizan la trashumancia, haciéndolo a nivel local por los altos de Moratalla a Rotas. Antonio García López, “el Calares”, recorre estos corredores verdes con sus 2.000 cabezas de oveja montesina, en lugar de la oveja segureña local, al ser más fuerte y productiva. Nos cuenta que su trabajo no lo cambia por ningún otro, pues cuando va con su cabaña y su perro por estos caminos se considera un hombre afortunado.
Hace años ya que no suben rebaños de ovejas por la Cuesta Blanca para continuar por la calle Higinio García, antigua “calle Los Muertos”… Hace años en los que no se cobra el impuesto al pasar los distintos puentes que ha habido en el Rio Segura… Hace años ya que Don Quijote podía confundirlos con ejércitos que venían a embestirle en la espaciosa llanura…