Ya en la calle el nº 1051

Adiós a Jesús Quintero, el “loco” más cuerdo de la comunicación

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Pedro Antonio Hurtado García

Toca referirnos a lo más brillante, lo más solemne, lo más atinado, concluyente y efectivo de un comunicador tan mágico y tan mítico como este Jesús Rodríguez Quintero (18-08-1940, San Juan del Puerto-Huelva/03-10-2022, Ubrique-Cádiz), profesionalmente conocido como Jesús Quintero o “El loco de la colina”, periodista de especial tacto para la comunicación, poeta, director y presentador de programas radiofónicos y televisivos, esencialmente relacionados con la tertulia, la entrevista y el más profundo análisis. Ingresado en la residencia “Nuestra Señora de los Remedios”, de Ubrique, en Cádiz, el día 7 de septiembre último, tuvo que soportar notables complicaciones agudizadas por sus serios problemas de salud, trance del que no pudo salir y que le ocasionó la muerte a sus 82 años, edad que, aparentemente, no le podía calificar de excesivamente mayor, porque su imagen seguía derrochando vitalidad. El momento de su fallecimiento le llegó mientras dormía la siesta. ​

Sonsacando con arte.- No dejó ninguna pregunta pendiente en un ambiente en el que todos los periodistas entrevistaban a todos los posibles entrevistados, pero, él, Quintero, les sacaba el jugo, la salsa, lo que solían no decir y evitaban manifestar, pero, él, el loco más cuerdo del mundo, se buscaba sus artimañas, sus técnicas, sus habilidades y su impecable maestría para sacarle a cada uno lo que más interesaba y les llevaba a su terreno, no con los engaños que utiliza el artista taurino en el albero, sino con verdad, con mucha verdad y con la desnudez de saber que no estaba “liando” al entrevistado, sino sonsacando con gracia, arte y valentía, sin buscar orejas, rabos o puerta grande, sino, simplemente, cumpliendo con el compromiso de servir a su audiencia, a la que siempre se entregó, porque solamente él afrontaba riesgos que nadie alcanzaba a lidiar, pero que, para él, eran obligados, sencillos, costumbre y santo y seña de su habitual trabajo, consiguiendo obtenerle un valor añadido a sus entrevistados, entre los que ha tenido a políticos de primer nivel, artistas internacionales, empresarios, deportistas, comunicadores, profesores de las letras y las ciencias, directivos, humoristas y otros muchos invitados de diverso tipo y naturaleza, recorriendo con su micrófono todas las disciplinas del conocimiento habidas y por haber.

Gigante de la comunicación.- De lo mucho que se ha dicho de él, nos quedamos con que “era la radio a cámara lenta”. Grande, pícaro, soñador, de marcada personalidad, profundo en su actividad, escrupuloso en sus comentarios aderezados hasta la última consecuencia y gigante siempre por naturaleza, una gigantez que le otorgaba la gloria con inusitada frecuencia. Le dio cabida a gente sin espacio y por la que nadie, salvo él, habría apostado. Era raro y se hizo acompañar por más “raros” a los que les ayudó a brillar, como también acercó perdedores a su territorio, a los que les facilitó el ganar un poquito, al menos, a lo largo de su vida. En uno de sus programas, de los muchos que hizo en muy distintas y distantes emisoras de radio, su compañero de sonido puso en antena una canción de “The Beatles”, cuyo título es “The fool on the hill”, lo que traducido al castellano significa “El loco de la colina” y fue, entonces, tras escuchar esa canción en su propio programa, cuando dijo que “ese soy yo”, aclarando que era “un loco en una colina”, con lo que los oyentes comenzaron a llamarle así y, él, otorgó al programa ese nombre, “El loco de la colina”, pero también hizo “El perro verde”, “Ratones coloraos”, “El hombre de la roulotte”, “Qué sabe nadie” o “El vagamundo”, amén de otros muchos, normalmente con enorme éxito y un nivel de oyentes que marcaba récords. Era una radio muy apropiada para la madrugada, donde casi siempre estuvieron sus programas, aunque con alguna otra franja, más excepcionalmente. Y en horario más “cercano” cuando se trataba de la televisión. Un preámbulo pausado de Quintero era un certero discurso.

Silencios, pausas y sosiego.- Resultaban singulares sus silencios, de los que era un verdadero alquimista, maestro de la pausa, catedrático del sosiego y especialista en todo lo que ejercía con una profesionalidad intachable. Los principales medios en los que participó de forma prolongada fueron RNE, Cadena Ser y TVE, con unos programas que le lanzaron a las ondas, incluso, de Uruguay, Argentina y otros países intercontinentales en los que creó escuela propia. En 1991, presentó el programa “Trece noches”, en Canal Sur, con trece entrevistas, de una hora cada una, al escritor Antonio Gala, ofreciendo en cada entrevista un tema concreto. ​

Andrea y Lola, sus hijas.- Como conferenciante en el mundo docente, disertó sobre “Periodismo y Compromiso”, en la facultad de ciencias de la comunicación, de la universidad de Málaga, el 17 de octubre 2002, con motivo de su décimo aniversario. Luego de su intervención, descubrió una placa que asignaba su nombre a una de las aulas del centro académico, insuperable prueba del respeto y admiración que el periodista generaba. Productor, igualmente, del afamado guitarrista Paco de Lucía y la cantante Soledad Bravo, entre otros y a lo largo de su vida. Autor literario con libros como “Trece noches” (1999), junto a Antonio Gala; “Cuerda de presos” (1997) y “Jesús Quintero: entrevista” (2007). Presentó, en 2020, el proyecto de su propia fundación, denominado “Fundación Quintero”, localizada en su natal localidad, San Juan del Puerto. En 2017 tuvo que afrontar una demanda judicial por diversos impagos, como una orden de desahucio del Teatro que lleva su nombre, “Teatro Quintero”, en Sevilla. Quienes le conocían en la corta distancia comentan que era caprichoso hasta decir basta y que su bolsillo tenía un “roto” incorregible, supersticioso que nunca viajaba los días 13 y mil manías que, de una u otra forma, le llevaron a la ruina. Tenía dos hijas de diferentes relaciones. Andrea vive en Madrid, siendo su madre Ángeles Urrutia. Lola se encuentra en Barcelona, con su madre, la peridotita Joana Bonet, la que parece que fue “la mujer de su vida”. Hasta no hace mucho tiempo, Andrea y Lola figuraban en su testamento como herederas universales. Interminables son sus premios y reconocimientos, pero el espacio no nos da para ello.

Permanentemente poeta.- En uno de sus programas radiofónicos, simulando que llegara el momento que, ahora, le ha tocado, con su despedida para siempre, hablaba con una prosa tan poética, la suya, que siempre parece poesía, por bien hilvanada, por encadenada de forma magistral, por el sentido profundo y solemne que encierra y por esa gloria que lucía en su entorno cuando relataba sus lugares más apetecidos, imaginando que se marcharía “a contestarme yo mismo, no sé en qué lugar, las preguntas que le he hecho durante este tiempo a los demás. Y yo me iré y se quedarán los pájaros y se quedará mi huerto con su verde árbol y con su pozo blanco, todas las tardes el cielo será azul y plácido. Y tocarán, como esta tarde están tocando, las campanas del campanario. Se morirán aquellos que me amaron y el pueblo se hará nuevo cada año. Y, en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, mi espíritu errará nostálgico y yo me iré y estaré solo sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco, sin cielo azul y plácido”.

Un grande de la comunicación al que perdemos para siempre. Descanse en paz. Buenos días.

 

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