Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Martín Simón de Cuenca Fernández-Piñero nació en Caravaca en 1669, siendo bautizado en la parroquial de El Salvador el 12 de noviembre de ese año, hijo de Diego de Cuenca, “maestro de sastre”, y de Josefa López, actuando como padrinos Francisco Muñoz y Águeda de Reina. Tuvo dos hermanos, Ignacio y Mariana, y una hermanastra llamada Rosa, hija del segundo matrimonio de su padre.

El acceso de Martín de Cuenca a la capellanía de la Stma. Cruz, nombrado por el concejo en la elección anual de oficios celebrada el 2 de enero de 1696, no estuvo exenta de polémica. En esta época el concejo de la villa era el encargado de todo lo referente a la administración de la Stma. y Vera Cruz y su templo, por lo que cada año nombraba un capellán para que se encargase de su culto. Las reelecciones solían ser frecuentes, de modo que la mayoría permanecía bastante tiempo en el cargo. El capellán anterior a Cuenca fue Juan Caja de Mora, que ocupó el cargo 15 años desde 1680 a 1695, presentándose nuevamente a la reelección para 1696, a la que también concurrió el joven licenciado Martín de Cuenca, que contaba con el apoyo de algunas de las familias mas importantes de la población como los Musso, Uribe, Robles, Reina, Perea, etc., resultando ganador por tan solo un voto de diferencia. El resultado de la votación produjo gran enfado en los partidarios de Caja de Mora, que lo impugnaron ya que entendían que el voto del regidor Diego Navarrete no era válido puesto que todavía no había cumplido los 18 años. Esto dio lugar a un intenso debate entre los dos grupos, justificando su postura los partidarios de Cuenca en que desde que Navarrete fue admitido como regidor siempre había votado sin que se suscitase controversia alguna al respecto. Como no llegaban a ningún acuerdo, tuvo que ser el alcalde mayor y gobernador, don Francisco Castellanos y Ladrón de Guevara, quien zanjó el asunto invalidando el voto de Navarrete, por lo que el resultado quedó igualado, pero usando su voto de calidad prefirió a Martín de Cuenca ordenando “se tenga desde oy por el capellan dela santisima Cruz y se le acuda con los emolumentos que le tocan y pertenecen en conformidad de lo que a obserbado y guardado la Villa con los demas Capellanes por ser el suso dicho sacerdote benemerito y en quien concurren las calidades que se requieren para semejante ocupazion”.

El padre Cuenca continuó en el cargo de capellán durante toda su vida, se ha publicado que fue el único que lo ostentó con la denominación de capellán de mayor, pero esto no es del todo cierto ya que al menos durante dos siglos, desde 1655 a 1855, todos los que lo ocuparon, incluso los interinos, aparecen reseñados de este modo en diversos documentos, aunque a diferencia del resto, según declara el propio Cuenca, él lo era por “nombramiento de Su majestad y señores del Real Consejo de las Ordenes”, lo que de ser cierto tendría que haber sucedido con posterioridad a su elección por el Concejo, ya que en ese momento no mostró ningún título debiéndose su primer nombramiento, como ya se ha dicho, al voto del alcalde mayor, siendo posteriormente reelegido anualmente. Como capellán llevó a cabo una importante actividad en pos de la finalización de la construcción del nuevo templo de la Vera Cruz, especialmente en el aspecto económico logrando que se cobrasen las rentas del censo del Marqués de Espinardo que llevaban bastantes años sin hacerse efectivas consiguiendo así el dinero suficiente “para acauar de cubrir y bobedar lo que falta dela iglesia”. En el desempeño de sus funciones le tocaron vivir momentos importantes, como lo fueron la finalización de las obras e inauguración del templo de la Vera Cruz en 1703, el cambio del lignum crucis al relicario regalado por el Duque de Montalto en 1711 o la construcción de la monumental fachada de mármol del referido templo, que impulsó gracias a la licencia que obtuvo del Real Consejo de Ordenes para pedir limosna durante ocho años en los Arzobispados de Toledo, Sevilla y Granada y en los Obispados de Cuenca, Córdoba, Jaén, Málaga, Almería, Cádiz, Guadix y Cartagena. Relacionado también con la Vera Cruz, hay que reseñar que fue mayordomo de la Cruz los años 1715 a 1717 y mayordomo fabriquero durante cerca de dos décadas, tiempo en el cual se edificó la fachada del templo.

Además de capellán de la Cruz el padre Cuenca fue también comisario del Santo Oficio de la Inquisición, tarea que desempeñó muchos años pues aparece mencionado así desde 1702 hasta los últimos años de su vida, precisamente en esa época, en 1744, protagonizó un notorio enfrentamiento con el ayuntamiento ya que colocó un gran sillón de terciopelo negro en el presbiterio de la parroquial, a la derecha del altar mayor, para presidir la ceremonia de publicación del edicto general de censuras del Tribunal de la Inquisición de Murcia, lo que hizo que el Concejo se negara a asistir a la ceremonia. Tras los correspondientes informes, el tribunal ordenó al ayuntamiento que asistiese a una nueva ceremonia de publicación bajo multa de 50 ducados. A pesar de que intentaron convencerle de que quitara el asiento, el padre Cuenca se negó, obteniendo de este modo un pequeño triunfo ya que finalmente la ceremonia se realizó con la presencia de los miembros del Concejo y él presidiéndola en su sitial.

Su carrera religiosa contiene asimismo otro curioso episodio que tuvo lugar en 1725 con motivo del fallecimiento del vicario de la Orden de Santiago en Caravaca don Andrés Suárez Canseco. En esas circunstancias el gobernador nombró a uno interino hasta que el Real Consejo de las Ordenes nombrara al definitivo, al mismo tiempo el Obispo de Cartagena intentó manifestar su autoridad nombrando cura ecónomo de la parroquial al padre Cuenca, que tuvo otro aireado enfrentamiento, ahora con el vicario, cuando intentó tomar posesión, mostrando su mal humor cercano al despotismo: “de carácter inquieto y sobradamente bilioso, prorrumpió en voces destempladas, fulminando por último gran caudal de censuras, anatomizando al vicario Angulo y a los demas que se oponian”. A continuación presentó el título en el ayuntamiento, lo que causó gran extrañeza a sus miembros que decidieron “se consulte esta novedad a Su Majestad y señores del Real Consejo delas ordenes”.

A lo largo de su vida gozó de gran influencia y poder en la sociedad local gracias al título de regidor perpetuo ejercido por su hermano Ignacio a partir de 1717 y a otro de su propiedad que en 1741 cedió de manera perpetua a su hermano pues “en ningun tiempo le podia servir por hallarse Presbiterio y Capellan de la Santisisma Cruz”. Además de religioso Martín de Cuenca fue también un hábil negociante, consiguiendo acaparar una gran fortuna, obtenida en parte durante el tiempo que fue arrendador de las rentas de la encomienda caravaqueña, dejando a su muerte un importante patrimonio en fincas rústicas y urbanas en Caravaca, Cehegín, Moratalla y Calasparra, entre las que hay que reseñar necesariamente sus casas de morada en la calle de los Melgares “espaldas la ermita del Buen Suceso”, que todavía conservan en la actualidad su escudo nobiliario en la fachada.

Falleció el 5 de octubre de 1747, a los 77 años de edad, siendo enterrado “en la iglesia mayor parrochial enla bobeda delos Señores Sacerdotes cofrades de los Gloriosos Apostoles San Pedro y San Pablo, con acompañamiento general así de dicha cofradía como de las demas seculares, y regulares y demas acompañamientos de comunidades y cofrades con oficios de tres nocturnos y laudes, misa cantada y ofrendada según costumbre”, mandado oficiar 850 misas rezadas por su alma.

Pero sin duda ninguna el hecho mas destacado de su vida y motivo por el que se le recuerda es la composición del libro “Historia Sagrada de la Santísima Cruz de Caravaca”, editado por primera vez en 1722 y con una segunda edición en 1891. Se trata de una obra importantísima para la historiografía caravaqueña ya que incluye informaciones y datos sobre diversos aspectos de la historia local que de otra forma no conoceríamos, especialmente los dedicados al culto y ceremoniales de la Santísima y Vera Cruz, así como su detallada descripción de la Caravaca de su época, tratando todos los aspectos, tanto los religiosos como los sociales, económicos, políticos, arquitectónicos, urbanísticos, etc.