Francisco Fernández García

Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

El viernes 21 de febrero de 1936 el pueblo de Caravaca tributó un emotivo y afectuoso recibimiento a D. Miguel de Luelmo Asensio, personaje de gran prestigio en la política local y regional de su época. Luelmo se había ganado el respeto y cariño de sus convecinos durante los tres años que ocupó la alcaldía de nuestra ciudad, aunque su carrera política había comenzado algunos años antes, ya que en 1925 fue nombrado concejal de nuestro ayuntamiento y en 1930 Presidente del Comité local de Caravaca del Partido Republicano Radical Socialista. Ferviente defensor de la democracia, la justicia y la libertad, se convirtió en la representación de los ideales republicanos, por eso a nadie le resultó extraño que tras la proclamación en España de la II República, fuese nombrado alcalde de Caravaca.

Su designación se produjo de manera provisional el 15 de abril de 1931, siguiendo “las instrucciones recibidas de la superioridad”, por el Comité Republicano de Caravaca, y de manera definitiva en la sesión celebrada el día 17, según lo dispuesto por el Ministro de Gobernación que ordenó la constitución de todos los ayuntamientos según el resultado de las elecciones llevadas a cabo el día 12. En su toma de posesión “dirigió al pueblo un saludo en nombre de la Republica, manifestando que estaba dispuesto a poner toda su actividad al servicio del cargo para lleva a cabo la mas honrada y limpia administración municipal”. Al mismo tiempo desarrolló una importante actividad en su partido, siendo designado en junio de 1931 para formar parte del Comité Ejecutivo Provincial de los radicales socialistas.

Luelmo fue reelegido Presidente de la Comisión Gestora del Ayuntamiento de Caravaca en dos ocasiones mas: el 27 de enero de 1933 y el 10 de mayo de ese mismo año, manteniéndose en la alcaldía hasta el 17 de mayo de 1934 en que fue cesado juntamente con el ayuntamiento en pleno de manera bastante arbitraria tras una inspección del Delegado Gubernativo.

Tras su destitución, Luelmo continuó con su actividad política integrado en el Partido Radical Socialista y posteriormente en Unión Republicana, surgida de la unión de varios partidos republicanos de izquierdas, y que en Caravaca se constituyó en abril de 1935. Mientras tanto en la alcaldía se había instalado la coalición derechista CEDA, con Juan San Martín, que se mantuvo hasta principios de febrero de 1936 en que dimitió del cargo, pocos días antes de la victoria en las urnas del Frente Popular que devolvería el poder a las izquierdas. Algunos días antes de que se verificara esta dimisión comenzó a correr entre la población el rumor de que junto con el alcalde renunciaban tres concejales y que serían todos reemplazados “por elementos de extrema de derecha”, lo que intranquilizó y enfadó a un amplio sector de la población. El 4 de febrero circuló entre los caravaqueños el comentario de la inminente llegada de Miguel de Luelmo a nuestra ciudad procedente de Valencia para posesionarse del Ayuntamiento: “La noticia cundió como reguero de pólvora, y pronto se vio la plaza de Galán atestada de público de todas las clases sociales, que comentaban favorablemente la bienvenida de <<el Padre del Pueblo>> (así le llama todo el vecindario, tengan el color político que tengan)”. El deseo y pretensión de la mayoría de la población de que fuera repuesto en la alcaldía “da una pequeña idea de la labor que realizó el Ayuntamiento republicano de Caravaca bajo la presidencia de don Miguel de Luelmo Asensio. Labor que perdurará en la mente de todos los ciudadanos, ya sean de izquierdas, ya sean de derechas o <<zamarristas>>”. La concentración se mantuvo durante bastante tiempo, retirándose finalmente las gentes a sus casas “a horas bastante avanzadas de la noche”, desilusionados por la infructuosa espera, pero con la esperanza puesta en la pronta vuelta de Luelmo a la alcaldía: “Caravaca toda vería con gran satisfacción ocupar de nuevo la silla presidencial a su verdadero alcalde Miguel, por ser este el que eligió todo un pueblo con indescriptible entusiasmo”.

Luelmo llegó finalmente a Caravaca en la mañana del día 5, estallando de nuevo el entusiasmo popular y concentrándose gran número de personas en la Plaza, al conocerse la noticia: “¡Día de júbilo en Caravaca! ¡Ha llegado el Salvador! La multitud se aglomera ante las puertas del Bar León y Unión Republicana, rodeando materialmente un automóvil en el que las mujeres y niños dicen, va dentro <<el Salvador de Caravaca>>. Nos aproximamos al coche y observamos, entre la multitud, que desciende de él, uno de los hombres mas auténticamente republicanos que tienen su cuna en esta tierra: don Miguel de Luelmo Asensio”. Calificativos como “Salvador de Caravaca”, “Padre del Pueblo” y también “Padre de los Pobres” indican claramente la estima y respeto que le dispensaban la mayoría de sus convecinos sabedores de su integridad y honradez: “Lo que únicamente trae don Miguel, es lo que siempre tuvo y a nadie negó: un corazón de demócrata, rebosante de sentimientos humanitarios, unos brazos abiertos que saben abrazar a todos sus paisanos y una sublime ansia de liberación , que hasta no tener su anhelo cumplido no descansará, pase lo que pase, cueste lo que cueste. Con razón hasta los niños gritaban hoy: ¡Ha llegado el Salvador!”.

El verdadero motivo de la presencia de Luelmo en Caravaca fue supervisar los últimos días del proceso electoral en curso (las elecciones se celebraron el día 16) así como coordinar el mitin que el Comité electoral del Frente Popular de Izquierdas tenía previsto celebrar en el Teatro Thuillier día 10. “El Liberal de Murcia” se hizo eco con cierto humor de la satisfacción suscitada entre las izquierdas por el anuncio del mitin al tiempo que el temor se instalaba entre los derechistas: “El entusiasmo en esta y pueblos comarcanos es indescriptible, en cambio el pánico que se observa en algunos rostros macilentos (como diría <<Agustinico>>) es inenarrable”.

La dimisión del alcalde Juan San Martín se hizo efectiva el día 8, disponiéndose su “inmediato reingreso al cargo de Maestro de Sección de la Graduada El Salvador de Caravaca”. Paralelamente, ese mismo día quedó constituido en nuestra población el Comité local electoral del Frente Popular de Izquierdas, integrado por representantes de Unión Republicana, Partido Socialista, Izquierda Republicana e Izquierda Radical Socialista. La vacante de San Martín en el ayuntamiento fue ocupada por el primer teniente de Alcalde Pedro Hervás, hasta el cese del ayuntamiento en pleno provocado por el resultado de las referidas elecciones, en las que el Frente Popular obtuvo en nuestra provincia 9 escaños mientras que la coalición centro-derechista solo consiguió 2.

El mitin, que generó una gran expectación en toda la comarca, se celebró tal y como estaba previsto el lunes 10, interviniendo en él Francisco López de Goicoechea, de Unión Republicana, Victoria Priego y Félix Montiel Jiménez, ambos del  Partido Socialista, siendo presentados todos los oradores por Miguel de Luelmo. El periódico “El Liberal de Murcia”, en su edición del día 12 de febrero, incluía una detallada crónica del acto, pormenorizando el contenido de las diferentes intervenciones, así como el ambiente festivo y entusiasta que reinó en nuestra ciudad durante todo el día: “Desde las primeras horas de la mañana comenzaron a entrar en el pueblo caravanas de obreros de los campos colindantes y pueblos comarcanos; la animación llegó a tomar tales proporciones que jamás se vio Caravaca tan concurrida de forasteros. El acto estaba anunciado a las cinco de la tarde. A las tres el teatro estaba totalmente lleno; los palcos, plateas y buen número de butacas estaban ocupados por bellas muchachas tocadas con los clásicos lacitos encarnados ¡Salud camaradas!. Los oradores llegaron en automóvil a las cinco menos diez. Al descorrer la cortina son recibidos con una imponente ovación y vivas a la República, al Frente Popular y a don Miguel Luelmo. Este se levanta, y estalla nuevamente una salva atronadora de aplausos. Comienza sus breves frases dedicando un fuerte abrazo a sus paisanos. Hace saber que, aunque está alejado de este pueblo, cada día que pasa siente más cariño por el pueblo que le vio nacer y se enorgullece de que el izquierdismo predomine cada día mas. Se extiende en consideraciones con tal veracidad y elocuencia que sus brillantes párrafos son interrumpidos constantemente por la muchedumbre, que lo aclama gritando: ¡Viva nuestro verdadero alcalde! …El acto terminó con el mayor orden, entre aplausos y vivas al Bloque Popular y a don Miguel Luelmo ”. Tras finalizar el acto, en el que, según la prensa nacional, “reinó el entusiasmo y el orden fue perfecto”, Luelmo emprendió viaje a Murcia para continuar la campaña electoral.

Los candidatos provinciales, entre los cuales figuraba Luelmo, habían sido proclamados el domingo 9, por lo que este mitin ponía fin en nuestra población a los actos electorales. La campaña había sido larga, los derechistas la comenzaron con un mitin en el Teatro Cinema el 27 de enero, en el que intervinieron Ibáñez Martín, Tomás Maestre y el ex ministro Federico Salmón, la Comunión Tradicionalista hizo lo propio el 9 febrero y el día 12 tuvo lugar la visita del ministro Rico Abelló, que vino acompañado de Maestre y otros dirigentes, siendo “saludado por autoridades municipales y elementos particulares”. Sin embargo, el anuncio del acto del Frente Popular despertó tal entusiasmo en la población que puso nerviosos a los elementos más reaccionarios de la derecha, comenzando sus provocaciones que culminaron el 11 de febrero. El periódico murciano “El Liberal” avanzó la noticia al día siguiente, ampliándola en su edición del 14: “En el denominado barrio de la Calle Larga, y con motivo de ir todas las chicas de este barrio tocadas con los clásicos lacitos encarnados, un grupo de fascistas penetró en dicho barrio, y al grito de ¡Viva Gil Robles! Y sin más explicaciones, haciendo uso de sus pistolas hicieron varios disparos que afortunadamente no causaron desgracias personales. Inmediatamente se dieron a la fuga. El pueblo pretendió tomar la revancha. Hasta la fecha no se ha detenido a ninguno de los provocadores”. El suceso tuvo una amplia difusión, siendo utilizado en varios actos propagandísticos del Frente Popular como ejemplo de la intransigencia de la derecha: “a tales coacciones hay que responder viril y enérgicamente. Se refiere al caso de Caravaca, donde jóvenes socialistas fueron agredidos cobardemente por grupos fascistas que dispararon sobre ellos”, y fue denunciado por escrito ante los Ministros de Gobernación y de Justicia y el Gobernador Civil de Murcia por los representantes en Caravaca de los partidos integrantes del Frente Popular, manifestando la impunidad con que venían actuando estos sujetos que contaban, según ellos, “con la complicidad de las autoridades”, y cuyo comportamiento habían denunciado en varias ocasiones.

Las elecciones se celebraron, entre el optimismo de las izquierdas y el desconcierto de las derechas, el domingo 16, resultando ampliamente ganador el Frente Popular, lo que originó el cese del ayuntamiento, presidido desde el día 8 por el derechista Pedro Hervás, y el consiguiente anuncio de la constitución del nuevo, prevista para el día 22. La persona elegida para ocupar la alcaldía fue Miguel de Luelmo, anunciándose su regreso a Caravaca para la tarde del viernes 21, despertando nuevamente la alegría y la confianza entre muchos caravaqueños, que le esperaron impacientes en la plaza. El relato de esta memorable jornada ofrecido por “El Liberal de Murcia” a sus lectores es el siguiente: “Pronto se vio la Plaza de Galán abarrotada de público, que esperaba con impaciencia la llegada del eximio líder. A las diez y media de la noche entraba a la plaza triunfalmente el coche que lo conducía. El desbordamiento de entusiasmo que se produjo es indescriptible. Una salva atronadora de aplausos y muchos disparos de cohetes, con vivas a la Republica, fue el ramillete que este humilde pueblo ofrendó a su leal hijo. Con muchas dificultades, ya que era materialmente imposible el tránsito, pudimos llegar a Unión Republicana. El publico pidió que hablase don Miguel, e inmediatamente se le divisó en uno de los balcones de este centro; los vivas se sucedían y el público lloraba emocionado; hecho el silencio, el señor Luelmo aconsejó la serenidad que hay que observar en estos momentos, y prometió que seguidamente sería repuesto el Ayuntamiento”.

Su nombramiento como alcalde, por unanimidad de los votos de los integrantes de la Comisión Gestora del  Ayuntamiento de Caravaca, tuvo lugar en la sesión celebrada en la tarde del sábado 22 de febrero. Además de alcalde de nuestra ciudad, Luelmo había sido designado delegado gubernativo, actuando como tal al día siguiente en la constitución del nuevo ayuntamiento de Cehegín. Sin embargo, su estancia en la alcaldía fue brevísima, ya que el lunes 24 convocó una sesión extraordinaria para presentar su dimisión al haber sido nombrado Gobernador Civil de Huelva. Su renuncia fue aceptada, siendo sustituido por José Soler, del Partido Socialista. Su permanencia en este cargo también fue corta, dimitiendo mediados de junio por motivos que desconozco. A su vuelta a Murcia, Unión Republicana le organizó un homenaje, publicitado como “un acto genuinamente popular para rendir homenaje al joven luchador don Miguel de Luelmo Asensio, prestigioso republicano que hasta hace unos días ha desempeñado con extraordinario acierto el Gobierno Civil de Huelva”. El acto, consistente en una comida a la que asistieron más de 600 personas, se celebró en el Salón de Contrataciones de Murcia el 21 de junio, estando presidido por Moreno Galvache, Juan Antonio Méndez y López de Goicoechea. A su conclusión intervinieron varios oradores, cerrando el propio Luelmo, que “hizo un pequeño discurso agradeciendo el homenaje”.

El panorama cambió substancialmente a partir del 18 de julio de 1936 ya que la sublevación militar del general Franco provocó el inicio de la guerra civil: Durante esta, Luelmo desarrolló una importante actividad en defensa de la Republica y del gobierno legítimo de la nación, siendo nombrado a principios de septiembre de ese año Presidente del Frente Popular de Murcia y actuando asimismo como Gobernador Civil interino de Murcia en diversas ocasiones durante el año siguiente. El 27 de septiembre de 1937 fue nombrado vicepresidente del Consejo Provincial (organismo que sustituyó a la Diputación Provincial), pasando a ocupar su presidencia en marzo de 1938 y confirmado en el cargo el 23 de octubre del mismo año, tras la reestructuración de este organismo. Al mismo tiempo, Luelmo continuó su labor dentro de su partido, siendo nombrado Presidente del Consejo Provincial de la Coalición Republicana de Murcia el 13 de septiembre de 1938 y Presidente de Unión Republicana de Murcia, el 9 de octubre de ese año. En 1939, tras la finalización de la guerra, Luelmo se exilió en Sudamérica, instalándose en Venezuela hasta 1969, en que retornó a España. Cuentan que, a pesar de no anunciarse su llegada, hubo un grupo de caravaqueños que lo esperó en el puerto de Barcelona. De aquí se trasladó a Valencia, donde se residió hasta el 16 de enero de 1971, en que falleció a los 73 años de edad, sin haber regresado su ciudad natal. Sin embargo quiso dejar constancia de su “caravaqueñismo” disponiendo la colocación de una Cruz de Caravaca esculpida en su lápida.

Como las de todos los perdedores de la guerra, principalmente las de los que ostentaron cargos de relevancia, la figura de Miguel Luelmo fue injustamente tratada por el régimen franquista, vertiendo sobre su persona todo tipo de falsedades y calumnias, mostrándose especialmente interesados en vincularle, sin existir prueba alguna de ello, con el robo de la Cruz, suceso que ocurrió mientras ocupaba la alcaldía. Luelmo siempre negó, tanto su participación como la de su hermano José, pero la propaganda del régimen hizo que sus nombres siempre se relacionaran con el delito, apoyándose en su pretendido anticlericalismo, una nueva arbitrariedad, porque si bien es cierto que fue el responsable del impuesto sobre el toque de campanas que ocasionó que todas las de nuestra ciudad permaneciesen mudas durante todo el año 1933, no es menos cierto que Miguel de Luelmo fue miembro de la Cofradía de la Cruz durante muchísimos años, llegando a ser Diputado de la misma, y también presidente de la Cofradía de Nª. Sª. de los Dolores. El diplomático caravaqueño Fernando Sebastián de Erice narró en un artículo publicado en 1984 su encuentro con Luelmo en 1956 en Venezuela, en el que le insistió sobre la inocencia de su hermano y su particular versión del robo: “en el puerto de La Guayra me impresionaron mucho las palabras de un caravaqueño: No fue mi hermano, ¡se lo juro! Si hizo aquello (… matar al juez) es porque se sintió ofendido en lo que mas puede herir a un caravaqueño…, que lo crean capaz de robar, o hacer algún daño a la Santa Cruz… me lo decía llorando y parecía sincero. Agregó: Mire, yo creo que se trató de un robo piadoso, porque en aquellos años se habían quemado ya mas de cien iglesias y habían desaparecido muchísimas obras de arte y reliquias a montones ¿Qué le hubiera ocurrido a la Cruz durante la guerra?”.

Tiempo es pues, de recuperar la figura de este insigne caravaqueño y reconocer sus valores y auténtica dimensión, lamentando el hecho, que debería subsanarse cuanto antes, de que en su ciudad natal no exista una calle que recuerde su verdadera significación en nuestra historia.