Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz
La iglesia parroquial de El Salvador es, junto con el Santuario de la Stma. y Vera Cruz, el edificio religioso mas importante de cuantos existen en Caravaca. De estilo renacentista,  su construcción comenzó alrededor de 1537, un año antes, los visitadores de la Orden de Santiago autorizaron su edificación tras entender las razones existentes en las continuadas demandas del Concejo y de los propios vecinos para que se construyese una nueva iglesia parroquial que sustituyese a la que entonces existía y que se ubicaba donde actualmente está la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad (hoy Museo Arqueológico Municipal): «que la yglesia mayor de la dicha villa de Caravaca es muy pequeña, antigua e para se caer e que a munchos dias que el dicho conçejo a entendido en tornarla ha haçer e reedificar». La obra se dilató mucho en el tiempo y durante su transcurso se hicieron muchas modificaciones respecto a los planos originales, siendo la mas significativa de ellas la reducción de la planta inicialmente proyectada.

En 1573, aunque las obras no habían terminado, se decidió comenzar a utilizar la iglesia. A principios de marzo se dieron las órdenes oportunas para enlucir el suelo y colocar las campanas, dedicándose el resto del año a acondicionarla en lo posible para poder celebrar la ceremonia de inauguración, que tuvo finalmente lugar el 27 de diciembre de ese año. Ese día «fue trasladado y pasada la pila y oleo y crisma de santisimo bautismo a la dicha iglesia con grande y solemnisima procesion concurriendo a ella todas la cofradías con sus cruces y pendones de esta dicha villa, concurriendo, concurriendo asimismo a ella gran parte del pueblo porque fue el dia de San Juan Evangelista y dia que se hace gran solemnidad en Nuestra Señora de la Concepcion». El culto prosiguió en el nuevo templo mientras simultáneamente continuaban las obras, tanto las de gran envergadura (torre, bóvedas, cubiertas, etc.) como las simples reparaciones que surgían habitualmente.

El 7 de mayo de 1655, al tiempo que se ordenaba un nuevo enlucido del suelo, se dispuso el arreglo de una viga que estaba situada sobre la puerta principal de la iglesia, y, puesto que la portada estaba sin terminar, se decidió proceder a la conclusión de la misma. El tema fue expuesto en la sesión municipal de 23 de julio de 1655, «por quanto la portada dela iglesia mayor parroquial desta uilla esta por acabar y su cubierta que tiene se esta cayendo y combiene para la seguridad dela dicha obra se acabe la dicha portada», el concejo aprobó las obras, comisionando a un regidor para que juntamente con el vicario y el gobernador practicasen todas las actuaciones necesarias para su realización y conclusión «en la manera que les parezca».
Para dirigir la obra el Concejo y el Vicario contrataron al maestro de cantería Juan Garzón Soriano, que esos momentos se encontraba trabajando en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad que se estaba erigiendo en el lugar donde hasta poco antes estaba la primitiva parroquial. En el contrato se detallaba en que consistían las obras: terminación de la cornisa, coronación y remate de la portada dejando labrado un nicho para colocar una imagen del titular de la iglesia y dos escudos «para poner en ellos lo que se ordenare», construcción de cuatro arcos sobre la cornisa de la parte superior de la portada similares a los cuatro que ya estaban realizados; fijándose para todo ello un periodo de ejecución de un año a partir de la adjudicación definitiva. El contrato se oficializó el 27 de agosto y el 10 de septiembre se ordenó el libramiento de 4.000 reales para que pudieran dar comienzo los trabajos, aunque estos no se iniciaron hasta el 26 de septiembre, fecha en la que el maestro Garzón presentó las fianzas exigidas para ello.
El plazo señalado para la realización de la obra no se cumplió ya que a finales de agosto de 1656 tan solo se había practicado algo más de la mitad. El 30 de agosto Juan Garzón envió un memorial al ayuntamiento exigiendo el pago de otros 4.000 reales «digo que yo hiçe asiento con vuestra señoria sobre la obra de la portada dela parroquial desta uilla y una delas condiciones fue que se me abia de dar quatro mill reales al principio de la obra y otros quatro mill estado a mediada y porque de presente esta mas de amediada la dicha obra suplico a vuestra señoria se me pague». Antes de pronunciarse pidieron al regidor comisionado para la realización de la obra que la examinase y emitiese el correspondiente informe. Lo que hizo de inmediato reconociendo que efectivamente se había realizado mas de la mitad y que los materiales utilizados eran conforme a lo estipulado, por lo que no encontraba reparo alguno en se efectuara el pago. Sin embargo, el concejo decidió pagar tan solo 3.000 imponiendo además la condición de que tenía que cambiar las piedras de los escudos pues no tenían la calidad necesaria: «que las piedras que a traydo para los escudos no las ponga y los aga de piedra del rio que mas conveniente sea para los escudos y no desdiga en el color». Esta resolución enfadó enormemente a Garzón que envió un nuevo memorial exigiendo el cumplimiento de la escritura que obligaba al concejo a pagar los referidos 4.000 reales, pero este hizo caso omiso ratificando que solo pagaría 3.000 reales.
Las obras prosiguieron, pero el mal tiempo llegó antes de que se tuviera preparada la madera necesaria, de manera que el 23 de octubre se tomó el acuerdo de usar la que estaba dispuesta para el Santuario de la Cruz «por ser el tiempo como es yncomodo para cortar madera y aunque no lo fuera no sirbe la que es berd»ya que las obras no se podían paralizar por ser «cosa muy neçesaria por estar descubierta la portada y la capilla y que con cualquier agua berna gran daño». Juan Garzón dio por concluida la obra el 9 de noviembre de 1656 por lo que el 28 de ese mes el concejo ordenó que se pregonase la siguiente fase consistente en la obra de la cubierta de la portada y de la capilla situada junto a ella y comisionó al regidor don Esteban Fereto para que buscase «un maestro que reconozca la obra», pero no encontró a ninguno ni en Caravaca ni en las poblaciones cercanas. Buscó entonces la ayuda del Vicario, pero este no pudo prestársela ya que no disponía de recursos económicos para ello. Entretanto Garzón seguía insistiendo en el cobro de lo que se le adeudaba, por lo que el concejo emitió un decreto informándole de que solo procedería al pago cuando la obra fuese examinada y aprobada por algún maestro de obras. El 18 de enero del año siguiente Juan Garzón envió otro memorial solicitando nuevamente el pago de lo que se le adeudaba ya que la obra la había realizado perfectamente «en confianza de la que se debe haçer de billa tan principal» y que realizar un examen solo acarrearía incrementar los gastos, además detallaba que no se podía marchar de Caravaca hasta que no cobrase, encontrándose así detenido con su familia y yerno sin poder viajar a Lorca donde habían sido contratados para trabajar en la Colegiata. Con el fin de agilizar en lo posible este último trámite un regidor propuso encargar el examen pericial a un jesuita que se encontraba en Caravaca «en esta uilla esta un religioso dela Compañía de Jesús que se llama el ermano Antonio de quien se tiene notiçia ques ombre muy entendido en el arte de la canteria y asi se nombro al susodicho para que bea la dicha obra». El día 23 de enero se presentó en Caravaca el maestro de cantería Francisco Pérez, uno de los que habían sido llamados por el regidor Esteban Fereto, quien desconocía que ya se había encargado el examen a otra persona. Sin embargo y para tener mayor «justificación», decidieron que el reconocimiento fuese realizado por los dos. El examen tuvo lugar el día 24 de enero de 1657 dictaminando ambos maestros de cantería, el jesuita Antonio de Ambrosio y el murciano Francisco Pérez, que el trabajo había sido realizado con toda conformidad, y recomendado el pago a Juan Garzón de la «cantidad que se le esta debiendo», dándose por concluida oficialmente esta fase de la edificación de la iglesia.