Francisco Fernández García (Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

En 1776 se terminó de fabricar el actualmente desaparecido órgano de la iglesia parroquial de El Salvador, esto motivó al comisario fabriquero de la iglesia de la Stma. Cruz a intentar convencer a las autoridades municipales para que se fabricase otro para el templo a su cargo. Para ello dispuso una inspección del existente aprovechando la estancia en Caravaca del maestro organero don José Folch, constructor del de la Parroquia, y del religioso fray Bernardo Moltó, organista mayor del Real Monasterio de San Jerónimo de San Pedro de la Ñora, a cuyo cargo estaba el examen y certificación del nuevo órgano, estableciéndose durante las misma la condiciones que debería de seguir la fabricación de uno nuevo así como el coste del mismo. A la inspección acudió también don José Tornel, maestro de capilla de música de la parroquial.

El informe fue presentado en el ayuntamiento en la sesión municipal celebrada el 10 de mayo de dicho año, exponiendo el referido comisario fabriquero la gran necesidad que había de fabricarlo ya que el existente «es inutil e indecente pues es portatil y el que esta el mas del tiempo sin poderlo arreglar»; en cuanto al presupuesto, estimaron que estaría alrededor de «ocho a nuebe mil Reales». A continuación comenzó un largo debate entre los regidores puesto que, aunque todos eran partidarios de la fabricación de uno nuevo por «la inutilidad del órgano que existe», no estaba clara su financiación, ya que al utilizarse fondos donados por el rey Fernando VI, algunos pensaban que había que solicitar el correspondiente Real Permiso pues no se tenía la facultad necesaria para disponer libremente «de los caudales de la fabrica de dicha Real Capilla». En cualquier caso y dado que se acercaba la hora de comer acordaron comisionar a don Diego Melgares de Aguilar, «Regidor perpetuo de ella y comisario fabriquero de los caudales y rentas pertenecientes a la fabrica de la Iglesia y Real capilla de la Stma. Cruz», para que se encargarse de todo lo referente al asunto, incluyendo la redacción de los contratos, dejando la conclusión del debate para el día siguiente ya «que la hora es incomoda por hallarnos en la una del dia».

El 11 de mayo, se procedió a la formalización de la escritura mediante la cual «D. Jose Folch, maestro factor de organos, vecino de la ciudad de Valencia» se comprometía a su fabricación, cobrando por ello 8.200 reales «a excepcion de la caja y sitio donde se haya de colocar, que ha de ser cuenta de la fabrica de dicha Stma. Cruz». Los pagos se realizarían de la siguiente forma: 1.500 reales el día del San Juan del año en curso, 3.000 reales cuando hubiera concluido el trabajo e instalado el instrumento en la iglesia y los 3.700 restantes en cuatro plazos anuales de 925 reales, «que su primera paga de estos ha de ser en el dia que cumpla el año de estar concluido», fijándose asimismo un plazo de ejecución de 2 años a partir de la firma del contrato. El documento fue protocolado por el notario don Juan Francisco Navarro Arvizú, actuando como representante del ayuntamiento, institución a cuyo cargo estaba el templo de la Vera Cruz, el referido don Diego Melgares de Aguilar.

Entre las condiciones estipuladas figuraba que había de ser construido «con un secreto de madera de pino vieja, con cuarenta y ocho canales vaciadas con la profundidad necesaria para la musica que abajo se dira, forradas con baldoses y pavimentadas, con sus tapas y registros partido a lo moderno. Cuyos arboles para partir los registros seran de hierro, con sus tirantes y pomos para su uso», debiendo tener el teclado 48 teclas blancas y negras de hueso. Asimismo, el órgano tendría 3 fuelles «de siete palmos de largo y tres y medio de ancho» y los correspondientes registros de flauta, címbalo, nasardo, violón, corneta magna, bajoncillo, clarín, timbales, trompa real, etc., con sus caños de metal. Folch aceptó el encargo con las condiciones especificadas, presentando como fianza 9.000 reales que le adeudaban del que había fabricado para la parroquial.

La sesión para ultimar los detalles económicos, que debía haber tenido lugar el 11 de mayo, se pospuso una semana, celebrándose finalmente el 17 de ese mes, decidiéndose en ella la utilización del dinero donado por el rey sin pedir autorización previa, ya que su fin era el mantenimiento del culto, y la fabricación de un órgano «no puede dudarse ser parte perteneciente a este fin tan antiguo que consta de las Divinas Letras», por lo que «esta villa acuerda y resuelve continuar en la Administracion y aplicación de estos caudales en el modo y forma que asta aquí lo a ejecutado reservando el valerse de la regia autoridad para los casos y cosas que sea necesario, en cuya virtud de proceda a la construccion del organo».

El ayuntamiento cumplió con su parte, haciéndose efectivo el primer plazo en la fecha señalada, por lo que hemos de suponer que la fabricación comenzó de inmediato. Sin embargo, debieron de producirse ciertos retrasos ya que no se entregó en el plazo convenido. El 19 de julio de 1778 se firmó el contrato para la construcción de la caja de madera con el carpintero Juan José Sánchez Tarragaza, vecino de la Puebla de don Fadrique, y el albañil caravaqueño Ángel Moreno, quedando los adornos de talla a cargo del retablista manchego Miguel Calzado, que fue también el autor del diseño. Calzado se encontraba en esa época en Caravaca realizando el retablo mayor de la iglesia del convento carmelita de San José. El importe fijado fue de 2.000 reales y el plazo de entrega de 2 meses.

Después de muchos retrasos el órgano quedó finalizado a mediados de febrero de 1781, trasladándose el constructor a Caravaca con todo el material para proceder a su instalación y montaje. El 21 de febrero de ese año se contrató con José López Pérez la pintura y «el que se dore la Caja aquellas piezas de mordura, y lo demas de China», lo que se fijó en 1.350 reales. El dorador falleció en Mula poco después de concluir su trabajo, por lo que su viuda reclamó el pago de 250 reales más por las mejoras que hizo su difunto marido «como lo son unos Ramilletes en los costados de China y otros adminiculos a la maior perfeccion», el ayuntamiento le pagó esta cantidad mas otros 50 reales como gratificación.

Finalizada su instalación, se hizo la entrega oficial en un acto celebrado en «la Yglesia y Capilla de dicha Ssma. Reliquia, que se halla dentro de la Real fortaleza» el 20 de mayo de 1981, tres años más tarde del primer plazo señalado, levantándose la correspondiente acta que firmaron don Joaquín de Almazán y Rota, alcalde mayor de Caravaca y regidor perpetuo de la ciudad de Teruel, don Pedro Becerra y Moscoso, vicario y juez eclesiástico de Caravaca, don Diego Melgares de Aguilar, comisario fabriquero del Templo de la Stma. y Vera Cruz, don José Tornel y Torres y don Vicente Requena, maestro de capilla y organista de la parroquial respectivamente, además del constructor don José Folch. Para comprobar que todo estaba conforme, el organista de la parroquial «procedio a tocar dicho organo Registro por Registro, de manera que clara y distintamente se vio haber cumplido enteramente con lo estipulado, asi en el tono afinado a el de Capilla de Castilla, como en todos los Caños de su composicion, tanto en metales como en maderas», advirtiéndose que el maestro organero había realizado algunas mejoras en las condiciones concertadas en el contrato inicial, consistentes en «un Registro de Violines dentro de su arca para formar ecos y contra ecos; asi mismo ha fabricado un segundo secreto de contras con ocho caños para maior lucimiento de dicho organo con otras muchas menudencias». Por estas mejoras Folch pidió otros 300 reales, a lo que el ayuntamiento accedió, por lo que el importe total ascendió a 8.500 reales, que sumados a los 2.000 de la caja y a los 1.650 de pintura, hicieron un total de 12.150 reales. Sin embargo en un documento fechado en 1785 se indica que se invirtieron en él 18.000 reales: «se allan gastados en un organo que se a egecutado en este tiempo que llegara con la caxa cañoneria dorado della a diez y ocho mil reales», desconociendo a que corresponden los 7.850 reales restantes.

El órgano se conservó hasta el cierre de la iglesia tras el robo de la reliquia, dejándose abandonado hasta su total destrucción. En 1960 se renovó eliminándose el sistema original que se reemplazó por otro moderno y mas recientemente, en 2003, se sustituyó por otro construido por el maestro organero belga Patrick Collon siguiendo las condiciones establecidas en el contrato de 1766, quedando del original tan solo la caja de madera.