Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Desde 1390 la reliquia de la Vera Cruz de Caravaca se guardaba en la caja en forma de arqueta que para ello regaló el Maestre de la Orden de Santiago Lorenzo Suárez de Figueroa. Sin embargo con el paso del tiempo está protección resultó insuficiente debido a la frecuencia con que extraía para la realización de ceremonias y sobre todo para su adoración por los fieles, por lo que progresivamente fueron manifestándose ciertos deterioros en la madera, hasta casi romperse, según se informa en 1526: “esta en partes quebrada de la antigüedad e atada con vnas cuerdas de seda”. Intentando solucionar este problema y para seguir manipulándola con seguridad, el Concejo de Caravaca, como patrono de la reliquia, decidió la fabricación de una cubierta para protegerla que aparece por primera vez descrita en 1536: “eabrio con vna llave que se hallo en poder del vicario, que presente estava, vn sagrario que esta puesto en la mitad del dicho rretablo con sus puertas y llave, e saco del vn cofre de marfil bien obrado que tenia su çerra (sic) e llave, e dentro del estavavnacaxa de plata dorada y esmaltada, con otra llave, la qual se abre como tablas de rretablo, con sus puertezillas, e dentro, en la dicha caxa, se hallola Santa Vera Cruz, la qual esta engastada en oro, que la cubre toda por las espaldas e descubre por la faz de fuera el palo de la Vera Cruz”. Además de la protección material, también se comenzará a regularizar su exhibición pública, restringiéndola solamente a quienes obtuvieran la autorización del Concejo, culminando este proceso con la ordenanza confirmada por el rey Felipe II en 1578.

Francisco Fernández García
Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Desde 1390 la reliquia de la Vera Cruz de Caravaca se guardaba en la caja en forma de arqueta que para ello regaló el Maestre de la Orden de Santiago Lorenzo Suárez de Figueroa. Sin embargo con el paso del tiempo está protección resultó insuficiente debido a la frecuencia con que extraía para la realización de ceremonias y sobre todo para su adoración por los fieles, por lo que progresivamente fueron manifestándose ciertos deterioros en la madera, hasta casi romperse, según se informa en 1526: “esta en partes quebrada de la antigüedad e atada con vnas cuerdas de seda”. Intentando solucionar este problema y para seguir manipulándola con seguridad, el Concejo de Caravaca, como patrono de la reliquia, decidió la fabricación de una cubierta para protegerla que aparece por primera vez descrita en 1536: “eabrio con vna llave que se hallo en poder del vicario, que presente estava, vn sagrario que esta puesto en la mitad del dicho rretablo con sus puertas y llave, e saco del vn cofre de marfil bien obrado que tenia su çerra (sic) e llave, e dentro del estavavnacaxa de plata dorada y esmaltada, con otra llave, la qual se abre como tablas de rretablo, con sus puertezillas, e dentro, en la dicha caxa, se hallola Santa Vera Cruz, la qual esta engastada en oro, que la cubre toda por las espaldas e descubre por la faz de fuera el palo de la Vera Cruz”. Además de la protección material, también se comenzará a regularizar su exhibición pública, restringiéndola solamente a quienes obtuvieran la autorización del Concejo, culminando este proceso con la ordenanza confirmada por el rey Felipe II en 1578.
Sin embargo, ninguno de estos remedios resultó eficaz, por lo que continuó el deterioro. La situación llegó a tal extremo que el 14 de marzo de 1611 las autoridades municipales decidieron intervenir en el asunto al entender que “enel mostrar dela santisima cruz ay grande desorden de manera que no ay persona de cualquier condicion que sea que no sele muestre y es de manera que los mas delos dias se saca y enseña tres, quatrobezes y mas” y que “podria ser causa la dicha desorden de suceder algun gran daño”. Las medidas que adoptaron en ese momento fueron la colocación de una llave más al lugar donde se guardaba la reliquia, nombrando como depositario de la misma a un regidor que sería elegido anualmente, y también cubrir la superficie de uno de los frontales de la Cruz, aquel que dejaba al descubierto la madera, con piezas de vidrio, que quedarían fijadas a la funda de oro que le servía de protección desde el siglo anterior mediante la colocación de un marco, “que las bedrieras que sean de echar sea sin el quitar la guarnición de oro que ahora tiene y con vnzerco de su tamaño dela santa reliquia”.
A pesar los decretos el problema continuó, de modo que poco tiempo después se encontraban rotos “los biriles de cristal que sean puesto y la guarnición de oro que tenia”, por lo que en julio de 1612 el Concejo tuvo que volver a ocuparse del asunto, culpabilizando a los capellanes del deterioro por el reiterado incumplimiento de las ordenanzas y el poco cuidado que tenían. Además, consideró que la frecuencia con que se mostraba hacía disminuir el numero de visitantes de la capilla, especialmente durante las fiestas, ya que era una de las escasas ocasiones en que se mostraba: “sacarla tan continuamente para todas las tempestades de cuya ocasión y de aber tanta frecuencia en mostrarla de que se biene a perder la deboçión que enlosdias de sus festibidades no acude de tanto concurso de gente como binieray la madera dela dicha santa cruz se a maltratado de tocar tan continuamente en ella las cruzes y demas cosas que se tocan”. Para su remedio ordenaron la fabricación de una réplica de la Cruz, en madera y del mismo tamaño y forma para que, previamente retocada a la original y bendecida en misa solemne, se utilizaría en las ceremonias de los conjuros; disponiendo igualmente su custodia en el tabernáculo existente en el chapitel, actual capilla del Conjuratorio, donde se guardaba el resto de objetos utilizados en esta ceremonia, incluida la propia Cruz durante determinadas épocas del año: “a parecido que seria cosa conveniente y necesaria en los dichos inconvenientes con que para las tempestades y otros casos fortuitos que enesta villa pueden suzeder se haga una cruz de madera del mismo tamaño y forma dela santa cruz la qual se toque a ella con mucha deboçión”
Con la intención de controlar totalmente la exhibición de la Vera Cruz, el Concejo ordenó asimismo la colocación de una nueva cerradura, en la arqueta de plata donde se guardaba, poniéndola a buen recaudo en el archivo del ayuntamiento, permitiendo que la Cruz solamente se sacara “con aquerdodeel dicho ayuntamiento para los dias de su festividad y para los casos contenidos en las ordenanzas confirmadas por su majestad”.
Este caso nos ofrece la única información conocida sobre uno de los varios relicarios en los que se ha reservado el lignum crucis caravaqueño. Una curiosa pieza cuyo diseño parece ser fruto de la necesidad, pues se origina al añadir a la parte desguarnecida de la reliquia varias piezas de vidrio para protegerla sin obstaculizar su visión, manteniendo en el resto la funda de oro descrita en 1536. Eso al menos parece deducirse del texto de 1612 donde se describe el proceso: “ansimismo a guarnecido la madera dela santa cruz por dos bezes la una con una rexa de oro y la otra con unos biriles de cristal”. No obstante, la descripción realizada por Robles Corbalán en 1615 distingue dos protecciones diferenciándolas entre si: “està guarnecida de oro esmaltado por las esquinas. Y para quando la sacan a las procesiones tiene su relicario de oro con sus viriles de cristal”. El término viril, deriva etimológicamente de vidrio, y alude a las piezas de cristal transparente utilizadas en los relicarios para aislar el objeto de culto del contacto directo de los fieles permitiendo al tiempo su visión. Este modelo de relicario tendrá una significativa influencia en los posteriores, ya que todos parten del patrón establecido por este, desarrollándolo e introduciendo en cada caso las correspondientes novedades. La evidente improvisación con se realizó determinó sus sustitución menos de dos décadas después por el fabricado por Luís de Córdoba, según refiere el Padre Cuenca en su célebre libro de 1722 “Historia de la Santísima Cruz de Caravaca”.